domingo, 22 de julio de 2012

HISTORIA DE CUARIRGUA


Colección Historia de los de Abajo















CURARIGUA CUENTA SU HISTORIA






















 
 
1ª Edición, Colección Historia de los de Abajo




Curarigua Cuenta su Historia
Levantamiento de Texto: Centro de Copiado “Korura”
Diseño: Bernardo Yépez
Ilustración de portada: Mañana lluviosa en Curarigua, pintura de Rafael Torres, colección privada de José Francisco Gil Fernández.
Diagramación: José Santana
Corrección de Textos: Bernardo Yépez, Luis Cortés Riera y Jesús Dudamel.
© De esta edición
Bernardo Yépez
Hecho el Depósito de Ley
Depósito Legal  __________
ISBN _________________

Impresión
Tipografía y Litografía Horizonte C.A.
Calle 41 Nº 26-72 entre Av. Venezuela y carrera 27
Barquisimeto – Lara – Venezuela
Telefax: 0251-4462324 – 4462317




Impreso en la República Bolivariana de Venezuela


 
Reservado todos los derechos
PRESENTACIÓN



Curarigua Cuenta su Historia es un proyecto destinado a llenar un vacío en cuanto al conocimiento de nuestra historia. Es una línea de trabajo de la Oficina del Cronista de la Parroquia Antonio Díaz del Municipio G/D Pedro León Torres del Estado Lara.

Forma parte de un proyecto más amplio con la finalidad de dar a conocer y reafirmar la historia de la geografía parroquial de Antonio Díaz y la relación del hombre con su lugar de origen.

Abarca un período que va desde el siglo XVIII hasta el presente “la gente encopetada ha dejado muchos testimonios de su existencia, no así la gente humilde y la vida cotidiana”. De esta reflexión surge el nombre con que hemos identificado esta colección: “Historia de los de Abajo”.

Esta obra (segundo volumen) es una compilación que recoge varias décadas de trabajo investigativo, de mi autoría y de otros autores que originalmente han sido publicados en forma de fascículos por la Oficina del Cronista Parroquial, ordenados para ofrecerlos a los lectores, especialmente a los diversos Consejos Comunales que conforman la geografía parroquial, a los estudiantes, a las Misiones educativas y a los docentes en general.

Confiamos en lo mucho que esta iniciativa le pueda significar como un aporte a la cultura y el conocimiento de nuestra historia, sobre todo el interés en fortalecer nuestro sentido de pertenencia y afianzamiento de nuestra identidad como venezolanos.


Prof. Bernardo Yépez
Cronista Parroquial

Curarigua, Lara, Septiembre 2007





 
 
            Curarigua de Leal, es la actual capital de la parroquia Antonio Díaz, Municipio Torres del Estado Lara.

            Está ubicada en un hermoso y pintoresco valle, al pie de las últimas estribaciones de la Cordillera Andina, con una latitud norte de 9º 58´34”  y una longitud oeste de 69º 56´23”: su altura sobre el nivel del mar es de 645 metros, tomada al pie del busto del Libertador en la Plaza Bolívar de Curarigua, con una temperatura media de 25 grados centígrados y precipitaciones de 830 mm al año. Su clima es cálido pero la fertilidad de sus tierras tiene la particularidad, como dice Silva Uzcátegui, de “producir frutos extraordinariamente dulces”.

            La parroquia Antonio Díaz está formada por una parte plana y otra de serranías pertenecientes al Sistema de los Andes.

“Estos cerros provienen de un ramal que en Hato Arriba, cerca del pueblo de Barbacoas, del Distrito Morán, se divide en dos ramificaciones: una que va hacia Carora y otra en dirección de Arenales.

En medio de estas dos estribaciones está la parte plana, que fue calificada por Agustín Codazzi de lindo y fértil valle de Curarigua de Leal”.[1]


FUNDACIÓN DE CURARIGUA


En 1985, la doctora Ermila Troconis de Veracoechea fue designada por la Academia Nacional de la Historia para emitir un juicio sobre la fundación de Curarigua.

En efecto la citada historiadora consultó lo que sobre el tema escribieron: José de Oviedo y Baños, el Br. R.D. Silva Uzcátegui; quien escribió en su Enciclopedia Larense un informe del padre Toribio A.V. Dudamel, Telasco Mac Pherson, el Obispo Mariano Martí en su informe sobre la visita pastoral que hizo a los pueblos de Venezuela y el Dr. Ambrosio Perera.
Una vez analizado todos los elementos, la doctora Ermila de Veracoechea expuso su criterio y las conclusiones fueron las siguientes: 1.- "Mientras no aparezca un documento probatorio hay que dar por sentado que el pueblo de Curarigua de Leal no fue fundado expresamente, sino que fue el resultado de una evolución”. 2.- En todas las fuentes consultadas así como en la bibliografía, aparece casi siempre la denominación "Valle de Curarigua del río del mismo nombre" donde, por su inmensa fertilidad proliferan las haciendas y trapiches. Por tal motivo en las informaciones jamás se habla de Curarigua como pueblo, no de indios ni de españoles. La población blanca, india y negra estaba dispersa en las diversas haciendas y quizás solo se reunían el día domingo para oír la misa en la capilla que los mismos hacendados erigieron para cumplir con sus obligaciones espirituales…".


Otro historiador que defiende la tesis de la conformación evolutiva de Curarigua es el Dr. Francisco Cañizales Verde, Director del Cen­tro de Historia Larense, quien publicó un artículo en el diario El Impulso de Barquisimeto, el 24 de agosto de 1990 en el cual dice que- "la presencia de este pintoresco pueblo- se refiere a Curarigua no es el resultado de una expresa fundación como lo data de sus anales, sino que es el producto de una evolución continua, que se ha venido gestando desde la misma fecha de la fundación de Carora…”


Otros que respaldan esta tesis hechura evolutiva de Curarigua son los respetables Cronistas Ramón Querales del Municipio Iribarren, Taylor Rodríguez García del Muni­cipio Palavecino y el Dr. Reinaldo Rojas del Municipio Crespo.


Se podrá concluir, por lo tanto que el nacimiento oficial de Curarigua como Parroquia Eclesiástica y por ende como pue­blo es el Decreto con el cual se creó la parroquia por parte del Mons. Mariano Martí con fecha 2 de mayo de 1781. Y ésta hay que considerarla como fecha de Nacimiento de Curarigua de Leal, capital de la actual Parroquia Antonio Díaz.

TENENCIA DE LA TIERRA DESDE EL SIGLO XVIII HASTA EL PRESENTE[2]

Las tierras que para 1778 constituían la Posesión Capilla están situadas en la margen derecha del río Curarigua, entre su orilla oriental y el pie de la serranía Curarigüita como linderos este y oeste respectivamente y las colinas que la separan de la Posesión Tanque (Buenavista) y la Madre Vieja de la quebrada La Garita con los linderos Norte y Sur respectiva­mente. La antigua posesión La Capilla fue desmembrada con linderos bien definidos que constituyó la Posesión La Candelaria según se desprende del documento de la citada posesión que he podido leer y la otra porción donde fue desarrollándose el pueblo de Curarigua está definida hacia el Oriente por el lindero de la Po­sesión Curarigüita que es el pie de la Serranía del mismo nombre, por el Oeste el río de Curarigua, por el Norte una línea que va desde "la punta del cerro" que llaman la vuelta del camino que viene de la ciudad de El Tocuyo hasta el río, y por el sur otra punta del cerro que baja al río; con respecto a ésta última según criterio del médico Francisco Suárez Torres se trata del cerro que en un tiempo fue llamado “cerrito de los muertos”, por ser la única punta de cerro que por este lado baja hasta el río, y con respecto al primero es de la opinión que se trata del saliente rocoso que hace el cerro casi frente a la casa que fue de Uvaldo Suárez (hoy Plaza de Don Pío Alvarado) donde hay un conjunto de rocas muy característico y singular y de ahí una línea que iría aproximadamente siguiendo el Zanjón o quebradita denominada La Glorieta y siguiendo este hasta el río.

Para 1791, la antigua Posesión Capilla se había desmembrado en dos porciones, una que vendió Pedro Rodríguez Barroso a Domingo Fuentes que pasó a ser después la Posesión La Candelaria y la otra que había sido donada por Vicente Yépez Dávila a Nuestra Señora de Altagracia para la fundación del pueblo de Curarigua.

ACTIVIDAD ECONÓMICA

La actividad económica de Curarigua de Leal ha estado ligada siempre a la actividad agrícola y secundariamente pecuaria; cualquier otra actividad estuvo siempre ligada a esos factores, como lo fue, por ejemplo, la fabricación de jamugas para las arrias, arados de madera con punta de hierro, yugos para bueyes, entre otros.

No ha sido Curarigua un pueblo de tradición artesanal, al menos hasta finales del siglo XX. Hubo algunos artesanos que como individualidades sobresalieron. Del primer artesano de significación que tenemos noticias es "del Maestro Andrés Antonio Alvarez, que también fue docente y político, que adquirió extendida fama especialmente como artífice de la fragua en la fabricación de frenos y bocados para bestias, que alcanzaron tal renombre que hubo casas comerciales de Puerto Cabello y algunas firmas extranjeras como la de L. Seidel & Co. y las de Hagan Baselin[3] que adquirieron modelos para hacerlos copiar en el extranjero. Andrés Antonio Alvarez vivió hacia las últimas seis décadas del siglo XIX, para 1848 regentaba una Escuela de Primeras Letras en Curarigua.

Otro destacado herrero y que no sabemos si fue aprendiz de Andrés Antonio Alvarez fue el Maestro Domingo Gutiérrez, quien vivió hacia finales del siglo XIX y principios del XX, de él dice- R.D. Silva Uzcátegui en su Enciclopedia Larense: “Tenía la habilidad de los antiguos herreros toledanos, para forjar el acero. Hizo famosas en muchas leguas a la redonda, las puntas de acero y los frenos de Curarigua, por lo que nadie, ni en Barquisimeto, los hacía como él y todavía muchos años después de muerto, no se le ha superado. Ocurriósele hacer frenos para bestias con un juego de diferentes bocados que podían ser cambiados, según se necesitara, más suaves o más fuertes, para dominar el animal. Fundía campanas y le quedaban excelentes, aunque para esta recia labor, todo tenía que improvisarlo, desde el crisol hasta el combustible, pues corno no había carbón mineral sustituía éste con leña de vera.

En la iglesia de Curarigua y en la de otros pueblos, las campanas hechas por él, recuerdan con su teñido el genio de su artífice[4]. Ya en el siglo XX Isolino Mujica, aprendiz que fue de Domingo Gutiérrez, continuó sus trabajos de fundición de fondos y campanas y con él llegó esta actividad a su fin en Curarigua.

Presente Ramos fue un artesano del procesamiento de la se­milla del tártago, fruto seco capsu1ar que produce una planta del mismo nombre, de la cual extraía aceite con la virtud de purgante y de excelentes características lubricantes que exportaban para Alemania a través de la Casa Blohm de Barquisimeto. El continuador de este proceso fue su hijo Ramón Ramos y de él pasó a Ramón Segundo Ramos (Tanundo) quien todavía realiza este proceso. A Presente Ramos se le conoce también como uno de los primeros mecánicos que tuvo Curarigua por el año 1936, como continuador de este oficio lo fueron sus hijos Pío, Juan y Ramón Ramos. De Curarigua se fueron para Barquisimeto y montaron su taller en la carrera 14 entre 45 y 46, durante mucho tiempo fue famoso y todavía lo es el taller de Los Ramos. Hoy es atendido por Domingo Ramos y su sobrino Cristóbal.

Otras actividades u oficios en relación con las necesidades de la población estaban presentes, así en 1869 tenemos la actividad documental de la existencia de un talabartero llamado Francisco Antonio Torrealba y de un sastre de nombre José María Ramos[5]. Para 1888 existía un zapatero llamado An­tonio Falcón. En 1924 Francisco de P. Dorantes aparece participando con un muestrario de calzado en la Exposición Regional decretada por el Concejo Municipal del Distrito Torres, en el Centenario de la muerte del Gral. de Div. Pedro León Torres en 1922 y según Antonio García Ponce en su libro Crisis, Oligarquía y Latifundio. Carora (1929-1935) “pueden competir con los similares que se fabricaban en el exterior y en Caracas”.
Un ebanista de gran renombre fue el Maestro Cándido Pérez quien vivió hasta las primeras décadas del siglo XX y es autor de algunos retablos y tronos existentes en el Templo Parroquial Santo Domingo de Guzmán; su obra la continuó su hijo Joaquín Pérez autor también de algunas obras en la Iglesia. Joaquín Pérez fue además, un eximio guitarrista y su nombre honra la Biblioteca de Curarigua. Otro artífice de la madera que vivió en las postrimerías del siglo XIX y principios del XX fue Rafael Domingo Camacaro, de cuya obra que tengamos noticias, queda como expresión de su talento la talla de la imagen de San Antonio que está en el altar mayor de la Capilla de San Antonio y al parecer el retablo del mismo altar también es obra suya o compartida con el Maestro Cándido Pérez.

Ramón Maldonado fue un platero (artífice que labraba la plata), vivió también hasta los primeros años del siglo XX, su trabajo lo continuó su hijo Rafael Maldonado conocido popularmente como Mifel en pleno siglo XX. De éste fue excelente continuador Pablo Escalona y hasta él llegó esta artística artesanía en Curarigua.

Curtiembre.- En algunos sitios aledaños a Curarigua po­demos observar vestigios de la existencia de tanques construidos de calicanto donde se realizaba el proceso de curtiembre de pieles de animales que una vez curtidos eran colocados en e1 comercio caroreño para su exportación.

Otros oficios como la fabricación de capelladas, alpar­gatas, zapatos, escobas, la preparación de chimó y Pan de Tunja, entre otros, fueron actividades restringidas al consumo del ámbito local.

ARTESANOS

Artesanos del Barro

No todo el que trabaja en construcción está en capacidad de restaurar casas. Los depositarios de esta sabiduría centenaria son cada día más escasos. Entre los artesanos o maestros de obra que trabajan ca­sas de bahareque y adobe en Curarigua podemos citar a Eleuterio Meléndez Dorantes, nacido en Curarigua en 1934.

Eleuterio o Tello como se le conoce popularmente ha dedicado 50 de sus 72 años de vida a este oficio de la paciencia. Aprendió a construir casas de adobe con los maestros Félix Álvarez, Aurelio Maldonado y Jorge Angulo, ya fallecidos. La casa del primo Julio Torres la construyó Félix Álvarez y allí se inició como ayudante, donde aprendió a fabricar adobes.

En la hacienda La Candelaria fue maestro de obra, fabricaba adobes para reparar la parrilla de las pailas del trapiche, donde también se usaban adoboncitos refractarios. Eleuterio mejoró la técnica del pegado de adobes. Ahora las paredes las hace en obra limpia, frisado con esponja, rayado a escuadra y friso liso. Esta   técnica   la  podemos  observar muy bien en la casa ubicada frente a la Plaza Bolívar.

Entre las casas construidas y/o reparadas por Eleuterio Meléndez Dorantes se cuenta: la de Carmen Medina en El Tempero, La Pechona (hoy propiedad de sucesores de Gaitán Pereira), la del Prof. Omar López (muy cerca de su casa), reparación general de la casa de la Cultura y casa del Sr. Wuilliam Rodríguez y construcción de los galpones de los trapiches de La  Rinconada.

Este oficio es muy duro para la juventud de hoy, no les gusta trabajar con barro, sin embargo, con Eleuterio aprendieron su hijo Cruz Mario, su sobrino Yoel Meléndez, Pastor Álvarez y Rafael Escalona entre otros. Eleuterio conoce el secreto del barro como el de la mezcla de arena y cemento, también la arena con cal que se pone a madurar por cuatro días, antes de ser utilizado. No obstante a su edad, recientemente recibió su titulo de Bachiller Integral en la Misión Ribas (2006), a cuyo acto tuve el honor de asistir. Este ejemplo muy bien lo pueden seguir nuestros jóvenes que todavía permanecen excluidos del sistema educativo.

CORRALES DE ORDEÑO EN LA CURARIGUA DE AYER

En tiempos pasados, numerosos pequeños criadores de ganado bovino abastecieron por mucho tiempo de leche a la población de la Curari­gua de ayer. En las primeras horas de la mañana, antes de despuntar los primeros rayos solares, los marchantes desfilaban para su corral preferido, sitio cerrado y descubierto en las casas que servía para  apartar los becerros de las vacas de ordeño. Todavía tengo grabado en mi memoria la imagen de Adelmo Santana ordeñando las vacas del corral de Ernesto Medina, cuando iba en busca de la leche para uso diario que requería la señora María Rivero de Alvarez, esposa de Césario Alvarez, hogar donde me dieron cobijo mientras estudiaba la primaria en la Escuela Luis Herize Ponte (1957-1960).

Esta tradición fue muriendo lentamente, a medida que el pueblo fue transformándose en zona urbana o los costos del producto fueron aumentando. Y tan sólo el señor Rafael Pernalete realiza esta actividad en la Curarigua de hoy y por lo general se abastecen con leche pasteurizada.

Estos honestos trabajadores han rendido tributo a la madre tierra y para rendirle homenaje los voy a nombrar:

§  José Altagracio Crespo, tuvo su corral de ordeño en el solar de su casa de familia ubicada en la Calle Monagas.
§  Tomás Suárez, ubicado en el sitio conocido por la tradición como La Botica, hoy Posada de Argenis Alfredo Alkanhavant.
§  Demetrio González tuvo su corral de ordeño en Las Playas y a través de un vendedor distribuía la leche.
§  Pompilio Mora, ubicado en el solar de su casa, Calle Bolívar al lado de la casa de Hugo Torres.
§  Eulalio Rodríguez, su corral estaba ubicado en el solar de su casa, calle del río frente a la casa de Tomás Silva.
§  Juan Majano, ubicado en la Calle Bolívar al lado de la vivienda de los sucesores de Elpidio Oropeza.
§  Pancho Dorantes, ubicado en la calle del Cerro, frente a la casa de los sucesores de María Andara.
§  José (Poche) Silva Alvarez, ubicado en la Calle Bolívar frente a la Medicatura.
§  Ernesto Torres, ubicado en la calle Sucre frente a la hoy ferretería de Juan López.
§  Alcides Alvarez, quien traía la leche de la hacienda Cam­po Alegre en una mula con dos cántaros y la distribuía en su casa, ubicada en la Calle del Cerro. Una vez residenciado en Carora la distribuía la señora Lucinda Meléndez. Esta tradición duró hasta que la hacienda fue vendida en 1976.
§  Hugo Oropeza, traía la leche de su finca La Candelaria, y en Curarigua la distribuía su esposa Aldemara Santana.
§  Ernesto Medina, ubicado en un corral frente a la hoy vivienda de Gerardo Suárez, vía hacia la finca El Tempero, fallecido éste, Carmen Medina, su hija enviaba la leche para ser distri­buida por la señora Lirio Santana.

Algunos dueños de corrales tenían personas que distribuían la leche a domicilio. La tradición recuerda las travesuras que hacían para rendir la leche.

PRESENCIA ABORIGEN

Antes de la llegada del conquistador europeo a estas zonas, éstas estaban habitadas y descubier­tas. La presencia del hombre en el actual estado Lara se remonta a una antigüedad que oscila entre los 6 mil y los 14 mil años[6]. Desde entonces y hasta el siglo XVI de nuestra era, se produce la ocupación por parte de los grupos prehispánicos de los valles, depresiones y serranías de la región. Luego, durante la conquista española y el proceso de fundación de centros poblados, hay una preferencia por las regiones con mayores recursos de agua, concentrados en su mayoría hacia el sur del estado.

Este patrón de ocupación del espacio se mantiene hasta nues­tros días. Necesitamos visitar algunos museos regionales en especial el Arqueológico de Quíbor, para conocer mejor la vida de nuestros antepasados. En el caso que nos ocupa, hemos podido saber de ellos, gracias a restos, piedras, huesos, tiestos, conchas y otros materiales que hallamos en el suelo como por ejemplo en las Haciendas Altagracia, San José y en muchos solares del pueblo de Curarigua, donde se han encontrado tiestos (patas) de  lo  que fueron  vasijas  (trípodes),  que  el  común  de  la gente le llama “palomitas” por tener un parecido  a  esa  ave  de  la fauna del lugar, posiblemente de la etnia gayón por su cercanía con El Tocuyo. Rafael Domingo Sosa conserva una colección de vasijas de barro que son testimonio de la presencia aborigen en Curarigua, encontradas aledañas a su vivienda.

PRIMEROS OCUPANTES BLANCOS
Por el Dr. Francisco Suárez Torres

Hasta finales del siglo XVIII el Valle de Curarigua era simplemente el asiento de posesiones de peninsulares, canarios o blancos criollos cuya residencia era Carora o El Tocuyo y se identificaban con estas ciudades. En la segunda mitad del siglo XVIII había ya una importante población dispersa y con toda seguridad había descendientes de blancos, así como mestizos y mulatos, que habiendo nacido y crecido en Curarigua se identificaban más con la tierra donde nacieron, pero faltaba el núcleo religioso y civil que sirviera de crisol de un sentimiento de unificación o identificación con el lar nativo.

Los primeros ocupantes blancos del valle, de los cuales se tiene noticia documental fueron los Leal de Armella venidos de Carora pero al parecer no se asentaron definitivamente en el valle de Curarigua ni dejaron allí descendencia. Hacia finales del siglo XVII aparece don Luis de Escalona Córdoba y Piña quien si dejó establecido el apellido Escalona en tierras de Curarigua, no solamente a través de descendencia legítima o ilegítima sino también por el numeroso grupo de esclavos que al parecer poseía, que tomaron este apellido.

En el padrón que en 1746 hace el Pbro. Br. don Juan Luis de Escalona aparecen 31 núcleos familiares con 210 personas y de los apellidos allí anotados, observamos que algunos de ellos no vuelven a aparecer en ninguna otra información sobre Curarigua, tal sucedió con los apellidos Asuaje, De la Mesa e Hinojosa. En 1781, en ocasión de la erección de la parroquia se hace una lista para los efectos del prorrateo de la congrua apareciendo 81 jefes de familia apreciándose que algunos apellidos desaparecieron, como los mencionados arriba, persisten los apellidos Villasinda, Albujar, Rodríguez, los Escalona aparecen multiplicados y surgen otros apellidos como López, Aponte, Brito, Sigala, Yépez, Vega, Hernández, Cáceres, Herrera, Falcón, Piña, Urrieta, Díaz, Lucena Pernalete, Pérez, Torres, Álvarez, González, Maldonado, Olivera (u Oliveros) y aparecen otros Rodríguez.
Durante el siglo XVIII y las tres o cuatro primeras décadas del XIX, prácticamente todas las posesiones estaban en poder de personas que tenían su residencia en Carora o El Tocuyo y que si bien eran anotados en los padrones o listas que se efectuaron en las fechas arriba mencionadas era porque tenían en Curarigua su propiedad pero no allí su residencia fija. La erección de la parroquia en 1781 marca un hito pues comienza a formarse un pueblo que fue el núcleo aglutinante de la población desparramada por todo el Valle de Curarigua de Leal; el crecimiento del pueblo en los primeros años ha debido ser muy lento, si tomamos en cuenta los dos factores que hicieron retroceder el crecimiento económico como fueron la epidemia de fiebres que hubo durante los últimos años del 1700 y los primeros diez o doce años del siglo XIX, más la guerra de la Independencia que indudablemente fue un factor importante en el retroceso económico que sufrió el valle de Curarigua durante estos años.

A partir de 1820 las posesiones comienzan a tener nuevos dueños, algunas de ellas por particiones hereditarias y posterior venta de porciones o derechos a diferentes personas, otras por entrega que de ellas hacen los señoríos de las Capellanías a las cuales estaban afectas. La aparición de la propiedad comunera hace que durante las seis o siete últimas décadas del siglo XIX se produzca el fenómeno de una mayor distribución de la propiedad agraria, si bien se observa, como en algunos casos, se aprecia hacia finales del siglo XIX había un número mucho mayor de propietarios que los que había hacia finales del siglo XVIII.

Estos nuevos propietarios eran algunos venidos de comarcas cercanas como Diego Torres, Gabriel Oropeza que eran oriundos de El Tocuyo, Concepción Rodríguez era de Quibor, Bernardo García venía de Río Tocuyo, Rafael Meléndez de Baragua, Bernardo González y Francisco Gil venían de Barbacoas. Alejos Álvarez era de Arenales o Carora, al igual que los Gutiérrez; pero hubo otros que habían nacido o al menos criados en Curarigua, como Concepción Escalona, Cruz Escalona, Pedro Vicente Urrieta, Fernando Castañeda, Ceferino y Víctor Maldonado, Aurelio Giménez, Pedro Antonio Giménez y otros.

Hacia mediados del siglo XIX aparecen en escena otros personajes que si bien no eran algunos nativos de Curarigua, fijaron allí su residencia. Unos como propietarios de algunas posesiones y otros ejerciendo algunas otras funciones, tal es el caso por ejemplo de Justo Márquez, Gudelio y Juan Bautista Álvarez, José Maria Uscátegui, Manuel de Jesús Torrealba, Juan de la Cruz Colmenárez, Juan de Jesús Cordero, Gabriel Urriola, Nicolás Campos, Eduardo Páez, entre otros.

Más tarde encontramos a Demetrio y Alberto Yépez, Trinidad Crespo, Jonás Álvarez, Flavio Herrera Riera, Francisco Gutiérrez, como propietarios de posesiones; Juan Agustín Silva, Manuel Torrealba Ramos, José Esteban Fernández, Juez el primero y maestros los dos últimos.
Todas estas personas que a manera de ejemplo hemos nombrado, vinieron a Curarigua bien de El Tocuyo, bien de Carora o zonas circunvecinas, algunas se quedaron y establecieron familia en Curarigua, otros simplemente tuvieron allí sus propiedades pero ejercieron alguna influencia en la evolución económica, social y cultural del pueblo.
Sumado a este grupo de personas que hemos nombrado, existía todo un conjunto poblacional que había nacido en Curarigua y tenía allí sus raíces familiares como los diferentes Rodríguez, los Sigala, los Maldonado, los Torres, los Rojas, Pernalete, Urrieta, Jiménez, López, Falcón, Vega, Álvarez, Escalona, Gatica, Dorante, Lucena, Ávila, Suárez, Alvarado, entre otros, que gradualmente todos se fueron identificando con la tierra y se sintieron no tocuyanos ni caroreños sino curarigüeños. Este proceso de identificación del curarigüeño con su tierra indiscutiblemente tiene que haber sido lento y gradual en la medida que hubo generaciones nacidas criados en Curarigua y que todo su sentir se identifica con el lar nativo.
                                                                   
Esta identificación del curarigüeño con su tierra pensamos debe haberse intensificado con la creación de la parroquia y se debe haber fortalecido con la construcción del templo parroquial en la tercera década del siglo XIX. La presencia de autoridades civiles, como Alcaldes pedaneos (lo fueron Diego y Ramón Rodríguez), de jueces que ya existían desde finales del siglo XVIII (para 1801 lo era Juan José del Paris, para 1810 lo era Tomás Rodríguez, para 1831 lo era Marcos Escalona) y sobretodo por la presencia de espíritu comunitario local cuya mejor expresión fue la construcción, con recursos casi totalmente locales, del templo parroquial de Santo Domingo en la segunda mitad del siglo XIX.

El desarrollo del pueblo de Curarigua, fomentado por el asentamiento de los propietarios de la mayoría de las posesiones en el mismo pueblo y no en Carora o El Tocuyo, el desarrollo de la actividad comercial, el establecimiento de centros de enseñanza ya hacia 1834 y en general el incremento de las actividades sociales y económicas, siendo que éstas últimas hicieron del valle de Curarigua autosuficiente al menos en materia de alimentos y vivienda, fueron quizás factores que de una u otra forma fueron determinando esta identidad del nativo de Curarigua con su tierra. No tenemos datos documentales pero por referencias de personas que vivieron la época, y de lo cual todavía hay muchas reminiscencias en mucha gente, para los últimos decenios del siglo XIX el nativo de Curarigua se sentía “Curarigüeño” muy celoso de sus tradiciones; no se sentía caroreño pues lo que podría ser la cultura popular tradiciones y costumbres eran en algo diferentes a las de las demás comarcas del entonces Distrito Torres, las expresiones folklóricas fundamentales de Curarigua como el "baile de negros" o tamunangue, el baile de la zaragoza, el golpe como expresión musical más cercano en su estructura melódica al golpe tocuyano, eran muy propios de las zonas de Curarigua y no existentes para entonces en el resto de la geografía que conformaba el Distrito Torres; hasta en detalles, aparentemente insignificantes como el tamaño y grosor de las arepas, era diferente.


Si bien las tradiciones y costumbres eran más similares a las de los habitantes de la zona tocuyana, con una economía muy similar basada fundamentalmente en la caña de azúcar, tampoco el curarigüeño se sentía tocuyano. Las similitudes del folklore curarigüeño y tocuyano son evidentes: el tamunangue, la bamba, el golpe (a la manera característica como se le toca en estas zonas), pero aún así el nativo de Curarigua ha sentido estas manifestaciones culturales como compartidas, pero de ninguna manera se identificó como tocuyano.

Este sentimiento de identidad del hombre con la tierra y sus expresiones culturales, ha permanecido vivo y tiene unas raíces muy profundas en el alma del pueblo. En general se puede decir que el valle de Curarigua fue poblado por caroreños y tocuyanos y los descendientes de algunos de ellos se fueron quedando en Curarigua, y habiendo sido gentes que nacieron, crecieron y vivieron en aquella tierra, tuvieron en ella sus vivencias y esperanzas, sentimientos que a través de algunas generaciones se fue estabilizando hasta llegar al curarigüeño de finales del siglo XIX, que en buena parte aún persiste, de sentirse orgulloso de ser curarigüeño. Es nuestra impresión que este sentimiento debe haberse comenzado a generar en los pequeños propietarios y en todo el grupo de mestizos que durante toda su vida no tuvieron otro horizonte mas que las tierras que los circundan con la erección de la parroquia esto debe haberse fortalecido y ya a mediados del siglo XIX se fortaleció aún más con el asentamiento en el pueblo de los dueños de las posesiones, integrándose a un conglomerado del cual ya se sentían parte. Este sentir de plena identificación del curarigüeño con su valle, su río, sus costumbres y tradiciones fue caldo de cultivo para tendencias segregacionistas con respecto a la jurisdicción de Carora que aparecieron en algunas oportunidades. No sabemos qué causa determinó la separación de la parroquia de Curarigua de el Cantón de El Tocuyo. Analizando la situación, observamos cómo al ser poblada tanto por tocuyanos como por caroreños, la zona estuvo, por así decirlo, entre dos aguas, las distancias a una u otra ciudad eran aproximadamente las mismas por la vía de los caminos reales que databan de la Colonia, a El Tocuyo la unía más la tradición, a Carora la unía más las relaciones comerciales. Es muy posible que el factor político haya sido determinante situándonos en el escenario de la historia regional en 1856, cuando personajes oriundos de Carora como los Riera Aguinagalde por ejemplo, tenía un peso determinante en las decisiones oficiales.

Sin embargo, resulta curioso que una persona nacida en Carora, pero criada en Curarigua a la cual se integró plenamente, como lo fue Andrés Antonio Álvarez, propusiera ideas de separación en efecto, como apunta Querales[7], al revisar datos del Archivo Zubillaga: “Andrés A. Álvarez, de filiación política liberal y persona muy sujeta a la influencia de los Aguinagalde, en 1870 era Diputado a la Asamblea Legislativa del Estado Lara. Con tal carácter planteó en ella que Curarigua se declarara Departamento independiente de Carora, con el nombre de LEALTAD (Lealtad al General Antonio Guzmán Blanco) y que de él formaran parte los pueblos de Tierra Fría: Barbacoas, Atarigua y por supuesto, Curarigua que sería la capital. Para dar a conocer las razones de su fusión escicionista, Álvarez publicó una hoja suelta con fecha 27 de septiembre de 1870 la cual circuló profusamente aunque la propuesta, finalmente no prosperó".

En 1910 la idea separatista, que en realidad no se había extinguido fue retomada por don Cruz María Sigala, esta vez la intención era de anexar nuevamente a Curarigua a El Tocuyo. No prosperó el intento. En opinión de Cecilio Zubillaga como lo anota Querales, la intención de Sigala era por motivos de tipo personal, en opinión de algunos curarigüeños que vivían para 1910 y con quienes tuvimos oportunidad de conversar, los motivos no eran esos.

Como quiera que haya sido, lo cierto es que por lo menos hasta la década de 1930-1940, Curarigua estuvo como pendulando entre dos influencias, la de El Tocuyo y la de Carora. Cuando en 1924 Tomás Suárez encabezó y culminó la idea de construcción de la primera carretera, tuvo que vencer la resistencia de muchos que preferían la construcción de una carretera hacia El Tocuyo en vez de hacia Carora, siendo la dificultad del terreno, en el caso de la primera, lo que finalmente favoreció la segunda, amén de otros factores como lo fueron las relaciones comerciales ya bien establecidas con Carora y el hecho de que el trazo que finalmente se adoptó unía a Curarigua con la carretera trasandina que para entonces era la vía por excelencia de comunicación en el occidente del país.









________________________
Nota del compilador: Hoy vemos con beneplácito la iniciación de la construcción de la carretera que unirá a Curarigua con El Tocuyo.

POBLACIÓN

La parroquia Antonio Díaz ha evolucionado poblacionalmente siempre de modo descendente o en su defecto se ha mantenido estático, a costa del éxodo humano que se produce en busca de mejores fuentes de vida. Las cifras contabilizadas desde 1845 hasta el censo del 2001, así lo demuestran. Curarigua según el XIII Censo General de Población y Vivienda del 2001 aparece con 2.032 habitantes, de los cuales 1.058 son hombres y 974 mujeres.


EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE LA PARROQUIA ANTONIO DÍAZ
(ANTES CURARIGUA) AÑOS: 1845-2001


AÑOS
No. de Habitantes
1845
1884
1873
3275
1881
3858
1890
4628
1920
5011
1926
5064
1936
5052
1941
5178
1950
4730
1961
3836
1971
4022
1981
4250
1990
4240
2001
4540


Fuentes: Censo de la Provincia de Barquisimeto y de la República de Venezuela.
Compiladores: Prof. Esp. Taylor Rodríguez Gar­cía y Prof. Bernardo Yépez.

 
           


XIII CENSO GENERAL DE POBLACIÓN Y VIVIENDA

NOMENCLADOR DE CENTROS POBLADOS
PARROQUIA ANTONIO DÍAZ
(2001)



POBLACIÓN

CENTRO POBLADO
Total
Hombres
Mujeres
Total viviendas
Curarigua (F) (Capital)
2032
1058
974
672
Rinconada, La
597
317
280
168
Aguadita, La
27
16
11
9
Ciarralito
25
13
12
8
Brasilar
99
52
47
34
Buena Vista
86
51
35
36
Campo Alegre
173
97
76
79
Potreritos
109
61
48
22
Dorado, El
63
30
33
18
Ira
367
185
182
107
Joroba., Las
66
39
27
19
Uvedal, El
81
45
36
28
San Antonio (El Cerro)
39
21
18
11
Martinitas, Las
28
19
9
11
San Isidro
50
31
19
21
Paso de San Antonio, El
68
29
39
25
Peñas Negras
41
23
18
16
Santa Rosa
78
44
34
19
Santo Domingo
80
51
29
34
Tunalito
176
108
68
64
Raga
34
16
18
7
Represa, La
55
30
25
5
Algodonal
22
12
10
4
Cabrerales, Los
15
12
3
16
Curazaito
10
6
4
3
Garita, La
0
0
0
3
Paso al Dorado
6
4
2
4
Playa Abajo
12
5
7
3
Playa Abajo I
6
3
3
3
Playas I, Las
11
6
5
6
Raga I
13
7
6
4
Santa Cruz
5
2
3
3
Tiber, El
11
8
3
7
Vuelta al Cerro, La
31
15
16
10
Población diseminada
24
--
--
21
TOTALES
4540
2416
2100
1500
   _____
   Transcripción Prof. Luis Mora Santana


CAMINOS REALES O CAMINOS VECINALES

Hasta 1924, cuando se inauguró la primera carretera, la única comunicación que tuvo Curarigua fue la de los viejos cami­nos reales; de éstos el más importante era el que yendo de El Tocuyo a Carora pasaba muy cerca de Curarigua, teniendo ramales hacia el valle de este nombre.

Este camino real de Carora a El Tocuyo existía aún para la década de 1940 y en la actualidad hay partes de él. Salía de Ca­rora y pasando por el sitio llamado El Brazil seguía hacia el sur hasta el sitio de Dos Caminos, en donde se le ajuntaba un camino que, pasando por el actual Arenales, seguía hacia Atarigua, con ramales a Río Tocuyo, iba a Quíbor y El Tocuyo. De Dos Caminos, el camino que hemos venido mencionando continuaba rumbo al sur, pasando por el sitio de Los Guayamures, la Cues­ta de Parchito, la Cuesta de los Balsamitos y bajaba al río en el sitio de El Paso de San Antonio, continuaba luego aguas arriba por la quebrada de Santa Cruz hasta llegar al sitio de Bachaquero, tomando la cuesta del mismo nombre, y girando al este por la cuesta de Sabanas Altas, atravesando parte de la posesión Espinal, hasta llegar a la quebrada de Raga la cual atravesaba, seguía por la cuesta del mismo nombre, pasando por Ira, Maraca, Mamonal, Boro y llegar a El Tocuyo. En la cuesta de Bachaquero se bifurcaba el camino; saliendo un ramal que atravesando de norte a sur la posesión El Espinal, bajaba por la cuesta que lla­maban Joroba (más tarde cuestecita de Carora) hasta llegar a la posesión Capilla o Playas y de ahí seguir casi recto hacia el sur hasta el sitio donde actualmente está el pueblo de Curarigua. Igualmente a partir de la cuesta de Raga hasta una derivación que siguiendo a pie de la serranía de Curarigüita, pasando cerca de un sitio llamado Monte Obscuro, bajando por la llamada cuesteci­ta de El Tocuyo hasta la posesión capilla la cual atravesaba y siguiendo, cerca del pie de la serranía adyacente hasta encon­trarse con el otro camino que describimos anteriormente y en un punto cercano a donde estuvo la primera capilla del valle de Curarigua; este último camino debe haber seguido un trayecto similar a lo que mas tarde se llamó calle del cerro, y el otro debe haber seguido mas o menos el trayecto de lo que mas tarde se llamó Calle Real o Calle Principal; al primero se le llama­ba camino de El Tocuyo y al segundo camino de Carora. Del punto en el cual se unían los dos caminos, salía uno que continuaba en dirección sur hasta un punto cercano al llamado Cerrito de los Muertos, de allí tomaba por el cauce mismo del río y las vegas situadas en la ribera oeste para continuar por lo que fue el ca­llejón de la hacienda Campo Alegre y siguiendo el mismo iba bus­cando la falda del cerro, pasando por el caserío Campo Alegre, El Rincón y continuaba a falda de cerro  (serranía de Los Altos) pasando por Joroba, Cacheo hasta llegar nuevamente al río, el cual atravesaba y continuar por la cuesta de Las Culebrillas hasta llegar a Barbacoas. A partir de Campo Alegre, el camino tenía variantes que pasando por callejones de haciendas, iban por San Vicente (La Pastora), El Papayal, Ojo de agua y el Tíber y luego llegar a la cuesta de Las Culebrillas.

Hubo también un camino de Carora a Barbacoas que atravesaba la posesión Los Altos y venía a entroncar con el camino descri­to anteriormente en un sitio cercano a El Rincón, siendo linde­ro de la mencionada posesión Los Altos. Igualmente hubo varios caminos que iban a las diferentes posesiones; el camino de El Dorado, por ejemplo, encontraba con el camino de Carora en un punto cercano a la cuestecita de Carora, seguía a través de la posesión Jorobita, bajando al río y después de atravesarlo se­guía por la parte plana de la posesión El Cepito hasta llegar cerca de la quebrada de El Jovito y de ahí, subiendo rumbo oes­te hasta llegar al fundo La Represa y continuar con diferentes ramificaciones hasta diversos fundos de la posesión El Dorado, habiendo ramales que, entroncando con el camino de Carora a Barbacoas, llegaban hasta Los Arangues. A partir de Campo Alegre había otro camino que subiendo la serranía llegaba has­ta el sitio de La Aguadita. Igualmente hubo otros muchos ca­minos que entroncaban con callejones de haciendas que unían los sitios de El Uvedal, San Isidro, entre otros.

Estos caminos existen en buena parte todavía, en algunos casos como simples  trochas, y en otros como carreteras que los han suplantado. La actual carretera que une a Curari­gua con la Autopista Centroccidental sigue prácticamente el mismo trayecto que seguía el viejo camino real, salvo la parte que está al sur de El Paso donde la actual carretera sigue una cuesta bordeando la quebrada de Santa Cruz y el viejo camino seguía el cruce mismo de la quebrada.

La existencia de estos caminos es perfectamente verificable pues toda persona que haya vivido en Curarigua hacia la década 1940-1950 tuvo oportunidad de conocerlos, y como ya se ha dicho, algunos todavía existen.

También hay base documental de su antigüedad, por lo menos el de Carora a El Tocuyo y sus ramales a Curarigua; así, en efecto en documento de 1784 en relación a la posesión El Dorado, se refiere este camino como parte de sus linderos; igualmente en el documento de venta de la posesión Espinal en 1778, también el camino de Carora a El Tocuyo se fija como lindero. Por la relación que hace el Obispo Martí en su célebre visita pastoral en 1776, nos podemos dar cuenta de que utili­zó el camino que pasando por El Paso iba de Carora a Curarigua, y yendo de ésta a Barbacoas ha debido ir atravesando callejones de haciendas pues en su relato nos habla de más de diez y seis pasos de río; en el viaje de regreso de Barbacoas, el Obispo Martí vino por el mismo camino y al llegar al sitio donde esta­ba la primitiva capilla tomó el camino de El Tocuyo; de esta relación extraímos el dato de que los dos caminos se reunían en un sitio cercano a la capilla existente.
Este camino de Carora a El Tocuyo es probable que date de los primeros años de la Colonia; siendo, tal vez, la vía más corta de comunicación entre las dos ciudades es lógico pensar que fue construido hacia los años de la fundación de Carora, en la segunda mitad del siglo XVI.

Aparejado a estos caminos reales, aparece un personaje muy importante que fue factor decisivo en el desarrollo de Curarigua (al igual que en otros pueblos y ciudades del país), nos estamos refiriendo al arriero. El arriero no solamente era la persona que conducía el arreo de mulas o burros, transportan­do cargas de un sitio a otro, sino que también servía de trans­portador de dinero y correspondencia, por lo cual el arriero era siempre escogido entre personas de muy alta honradez y confian­za y de hecho no era un trabajador más, sino que tenía conside­raciones especiales. En un principio, al menos en Curarigua, los arrieros eran exclusivos de las haciendas, si bien hubo a­rrieros que tenían sus propias arrias, pero más tarde, hacia la segunda mitad del siglo XIX cuando se instalaron en Curarigua algunas casas comerciales importantes, cada una de éstas tenía también su arriero, tales establecimientos comerciales fueron los de Hnos. Silva Riera, Hnos. Oropeza, Alberto Yépez, Rafael Giménez y Rafael Torres.

PRIMERA CARRETERA (CARRETERA VIEJA CURARIGUA-ARENALES)

Con este título he reseñado el presente trabajo que contiene una serie de documentos de mucho interés para nuestra comunidad: el primero describe un Resuelto del Ejecutivo del Estado Lara de la última década del siglo XIX, cuando el sector oficial inicia tímidamente una política de construcciones de vías de comunicación.

En segundo lugar ofrecemos testimonios de la iniciativa privada de los laboriosos hijos de Curarigua liderizados por el Sr. Tomás Suárez, quien fue Jefe Civil de Curarigua durante 15 años, cuando marca la pauta al iniciar y culminar la construcción de la primera carretera a base de pico y pala que nos uniría con la carretera Occidental o mejor conocida como Trasandina, vía de comunicación que nos prestó servicio hasta el último año de la década de los cincuenta. Estas crónicas fueron escritas y enviadas al Diario de Carora por el señor Tomás Suárez y la hemos tomado textualmente para este trabajo, conservando su ortografía original.

Luego, al comienzo del período democrático (1958) se construyó la actual carretera que nos une con la Panamericana, hoy designada como Autopista Centro Occidental.  En tercer lugar, hemos insertado en este trabajo una crónica acerca del primer automóvil que circuló en Curarigua y finalmente, he incluido dos fotografías,  una que nos muestra el momento de inaugurarse la vía y la otra corresponde a Vicente Cirimelli.

I
Camino Curarigua - Carora - Tocuyo - Quíbor
E.E.U.U. de Venezuela
Ejecutivo del Estado Lara

Barquisimeto, 23 de oct de 1884 21 i 26°

RESUELTO:

Considerando que las vías de comunicación son de apremiante necesidad para el progreso de los pueblos, por cuanto que no solo facilitan el cruzamiento de los productos sino que estrechan más las relaciones, contribuyendo así a la armonía i engrandecimiento de la asociación, considerando también que para acometer empresas de este orden que se extiendan a varias demarcaciones territoriales, debe procurársele uniformidad de los resultados por medio de la unidad del pensamiento que las ponga en ejercicio i propenda al general bien éxito de la obra; i atendiendo además a que el Ejecutivo del Estado tiene concedida por la Legislación la facultad de distribuir la renta destinada al Fomento de los Distritos, así como la de en vigilar en la eficacia de su inversión; por todo lo expuesto, con el voto afirmativo del Consejo de Administración, se resuelve:

1º. Que se proceda a conformarse el servicio público de carretera, los caminos que de Curarigua parten tanto para Carora como para Tocuyo i Quíbor.

2º. La dirección, administración e inspección inmediata de los trabajos correrá a cargo de Juntas de Fomento, sin perjuicio de la cooperación que los Concejos Municipales i Juntas Comunales respectivas deben prestarle a las obras dichas.

3º. Para componer la Junta de Fomento del trayecto de Curarigua a Carora se nombra los ciudadanos Andrés Tiberio Alvarez (fundador del Colegio La Esperanza, Carora 1890), Flavio Herrera, Dr. Andrés Riera Silva, Juan José Álvarez, Pablo González, Arístides Silva e Ygnacio Oropeza.

4°. Para conformar la Junta de Fomento para el trayecto de Curarigua al Tocuyo Quíbor se nombra a los Ciudadanos Generales Toribio Silva, Andrés A. Álvarez, Dr. José Montesinos, Agustín Silva, José Anto. Riveros i Manuel Felipe Cordero.

5º. Las expresadas Juntas procederán a instalarse inmediatamente, designando sus funciones i la participación así, ante este Despacho a fin de que el Tesorero que nombren pueda recibir las cantidades que se destinen a cada obra.

6º. Para cada una de las dos obras dichas se destinará por cada vez la suma de dos mil bolívares sin perjuicio de las demás sumas que se necesiten para el progreso i terminación de los trabajos.

7º. De la cuenta que se lleve se hará previa presentación de ella a los Concejos Municipales respectivos, quienes la remitirán con su informe a este Despacho para demás fines legales.

Comuníquese y publíquese
Juan Tomás Pérez
El Sec. Felipe falcón
Ygnacio Oropeza Tesorero de la Junta

11-12-1884

Se creó una Junta Auxiliar para la carretera: Luis Felipe Gil, Pastor Oropeza, Demetrio Yépez, Trinidad Crespo, Antonio Maldonado, Flavio Herrera Oropeza y Juan Bautista Álvarez. El tramo carretera estaba comprendido entre Curarigua y el sitio llamado "Parchito".

II
COMUNICACIONES ESCRITAS DEL SR. TOMÁS SUÁREZ CON EL DIARIO DE CARORA

Jueves 4 de Marzo de 1926

Carretera de Curarigua

Con gusto damos publicación en la primera página de la edición de hoy a la carta que nos dirige el apreciable el señor Tomás Suárez, Jefe Civil del municipio Curarigua concerniente al adelanto de los trabajos de la carretera que los laboriosos hijos de ese pueblo construyen a esfuerzos propios para unirse con esta ciudad y Barquisimeto, y de la cual se beneficiarán también los habitantes de Atarigua, como lo verá el público por la carta mencionada.

Con beneplácito nos hacemos eco una vez mas de la obra de los curarigüeños, y tenemos un feliz augurio porque no está lejos el día de ver coronado su propósito.
CARTA ABIERTA

Curarigua, febrero 22 de 1926

Señor don José Herrera Oropeza, Carora.
Apreciado José:
Cordialmente lo saludo y le deseo prosperidad y dicha.

            Con marcada complacencia le participo que con una cuadrilla de 25 peones, un caporal entendido y bajo mi inmediata inspección se continuaron hoy los trabajos de nuestra carretera y abrigo la esperanza de que no se suspenderán hasta dejar terminada la obra.

Nuestros vecinos de Atarigua poseídos de mayor entusiasmo empezarán en breve un ramal que los unirá a nuestra vía en el sitio denominado "Los Tanques" con lo cual se comunicará Atarigua directamente con esa ciudad y nosotros directamente con Barquisimeto, utilizando el ramal que de Atarigua va a unirse en "Los Llavos" a la Gran Carretera Occidental.

Al general Lizárraga, culto y progresista Presidente del Estado, le escribo y le digo, que para el próximo 19 de abril me prometo salir de aquí en auto para ir a saludarlo a Barquisimeto y poseído de mi gran optimismo creo cumplir mi promesa.

Por creerlo de fácil realización le recomiendo un proyecto de carretera que prohija un grupo de Tocuyanos, la que empezando en "Los dos Caminos", seis kilómetros más acá de El Tocuyo, pasará por "La Calera", "La Cimarrona", "El Playón", "El Pasito", "Maraca", "El Cardón" para, en Atarigua, unirse al ramal ya dicho, y así, con un gasto relativamente poco, se unirán más directamente Carora y El Tocuyo, teniendo en perspectiva ésta última ciudad un porvenir brillante para cuando se termine la carretera del Zulia.

De nuestra carretera le envío tres vistas: La marcada 1, corresponde a la recta en la planicie de "El Espinal"; la 2 una curva en la cuesta de "Los Quemados", y la 3 sitio donde van los trabajos a la margen izquierda de la quebrada "La Mimiñauga"

Lo Abrazo su amigo
Tomás Suárez



Martes 20 de Abril de 1926

La Carretera de Curarigua

Injusticia será negar el esfuerzo perseverante y sin desmayos que ha dedicado el señor Tomás Suárez, y con él el señor Albelardo Gil, su inmediato colaborador, en la obra de la carretera de Curarigua hasta empalmar con la trasandina, e injusticia no tributarles un aplauso muy sincero.

Léase la carta que sigue al pie

"Los Tanques, abril 16 de 1926
Señor don José Herrera Oropeza.
Carora
Apreciado don José.

A este sitio, conforme mi ofrecimiento en correspondencia anterior, llegarán mañana los trabajos de la carretera y si no vamos a Barquisimeto el próximo 19, es porque los atarigüeños no podrán terminar el ramal para la fecha indicada. Pienso ir pronto al vecino pueblo mencionado, y si logro reanimar su entusiasmo, lo que no dudo, puedo asegurarle que no terminará este mes sin que hagamos el primer viaje en auto a la ciudad ya dicha.

Tan luego, salve el inconveniente que por el momento se ha presentado, continuaré de este punto hacia Arenales, hasta establecer la comunicación por esa culta ciudad del Morere. El inconveniente, dada la situación actual es de alguna magnitud, pero no dudo que se vencerá".

Lo Abrazo su amigo
Tomás Suárez

Viernes 23 de Abril de 1926

Curarigua y Barquisimeto

Desde mañana 24 quedará definitivamente terminada la carretera que unirá a Curarigua con Barquisimeto por Atarigua.

De manera que Carora misma aunque por una vía distinta, quedará unida a ambos Municipios.

Ojalá que no se pase mucho tiempo sin que podamos anunciar la terminación de la carretera directa de Curarigua a Puente Torres.

Bien por el esfuerzo perseverante de Tomás Suárez y de los habitantes de Curarigua y Atarigua.

Que siga el progreso extendiéndose por todas partes y uniendo los pueblos distanciados por larga distancia, empinadas cuestas y abruptas montañas.

29 de Julio de 1926

La Brecha está Abierta

Ayer nos llamó por teléfono desde "Bocare" el señor Cnel. Tomás Suárez, cumplido Jefe Civil del Municipio Curarigua, quien vino hasta dicha hacienda en automóvil, en compañía de los señores Rafael Colmenárez Borge, Abel Gil y Maximiano Sosa, por ramal carretero que bajo su inmediata dirección y a esfuerzos propios han construido los curarigüeños con el justo anhelo de agregarse a la gran carretera Trasandina.

El señor Suárez nos dio los siguientes informes: "El viaje de Curarigua a Carora se hace perfectamente bien en menos de dos horas, la brecha está abierta con suficiente amplitud pero carece todavía de desagües y pontones, pero tanto el benemérito Gral. Gómez como el Gral. Lizárraga han prometido una ayuda para la definitiva terminación del ramal, y ellos, los curarigüeños, descansan en la confianza del cumplimiento de las promesas de los dignos magistrados". Nos manifestó también Suárez que al no procederse en breve a la construcción de desagües y banqueos, la obra se verá expuesta a perderse.

El próximo sábado vendrá el referido amigo y otros señores hasta esta ciudad a fin de inaugurar la vía definitivamente.

Aplaudimos una vez más el esfuerzo de los honrados habitantes de Curarigua que merece tomarse en cuenta para estímulo del progreso; y nos congratulamos en primer término con el Cnel. Tomás Suárez y el señor Abelardo, quienes han luchado con perseverante empeño hasta ver realizado el plausible pensamiento de venir de Curarigua a Carora en automóvil y en breve espacio de tiempo, en cambio de 5 horas de incómodo y pesado viaje a caballo.

Lunes 9 de Agosto de 1926

Ayer se verificó la jira inaugural del ramal carretero de Curarigua, que une a dicha importante población con Carora y por consiguiente con la gran carretera Trasandina.

Las personas que fueron de Barquisimeto y la de esta ciudad, se unieron en la hacienda "Bocare" del señor Ramón Herrera y desde allí siguieron todos en medio del mayor alborozo y en paseo triunfal de verdadero progreso, hacia la capital del Municipio, rico en cañamelar, situado en poético valle de perenne verdura.


Los concurrentes de Barquisimeto fueron: El Gral. Pedro Lizárraga, muy digno presidente del Estado y sus cultos secretarios de gobierno y particular doctores Juan Antonio Azuaje y Guillermo Tell Peña; R. Samuel Medina, Director del "Heraldo"; Gral. Tomás Párraga, doctor Julio Irigoyen, J.M. Inzausti, Gral. Manuel Ma. Petit, Cnel. Simón Sánchez, Carlos Guillén, Cruz Mario Sigala, Pausides Sigala, Francisco Álvarez, Ignacio Oropeza, Carlos Álvarez, José E. Álvarez y Luis F. Perera; y de esta ciudad: Gral. Roberto Riera, Jefe Civil del Distrito, Doctor José Luis Andrade, Presidente del Concejo Municipal; Gonzalo González, Representante de "El Diario"; Rafael Herrera Oropeza, Cnel. Manuel Izarra, Augusto Álvarez, Br. Ramón José Álvarez, Coronel Aníbal Liscano, Ramón Herrera, Pablo Riera, Octaviano Herrera, Gilberto Torres, Epímaco González, Juan Evangelista Álvarez, Ignacio Rosas, José Eliseo Perera, Rafael Antonio Chávez, Ernesto J. Álvarez, Hermógenes Chávez, Efraín Franco, Juan José Álvarez, Pedro Adrián Zubillaga y Juan José Herrera.

Un grupo de curarigüeños vino a encontrar a los asistentes a la Fiesta y a la llegada a la población, el respetable señor Don Manuel Torrealba Ramos, dio la bienvenida al Gral. Presidente del Estado y demás acompañantes con elocuente discurso, que mereció calurosos aplausos.

Luego, la concurrencia, previa invitación del venerable e inteligente Párroco Pbro. Juan José Jiménez, fue obsequiada en su casa con una copa de champaña brindada por el benemérito jefe del país, Gral. Juan V. Gómez y por el pueblo que desde ese día se agregaba a la gran red del progreso nacional: La Carretera Trasandina, cuya obra ha sido llevada a efecto, gracias al esfuerzo propio de sus habitantes y cuyo perfeccionamiento corresponderá -de eso estamos seguros- al gobierno serio que presidía con acierto el Gral. Lizárraga.

La sociedad curarigüeña obsequió con un regio almuerzo a sus distinguidos huéspedes en el hogar de la señora Doña Eulogia de Torres, en cuyo acto hicieron uso de la palabra el Pbro. Jiménez y el Dr. Tell Peña. Una novilla a la llanera fue ofrecida al pueblo, reinando en todo momento la mayor cordialidad, cultura y armonía.
A las 4 de la tarde regresaron los componentes de la jira, plenamente satisfechos de las atenciones de que fueron objeto por parte de los curarigüeños y especialmente del cumplido Jefe Civil del Municipio, Cnel. Tomás Suárez, propulsor principal de la Junta que han llevado a efecto. El Diario se complace en hacerse eco de esta nota de progreso del Distrito Torres y del Estado.













Recta de Buena Vista (1926)
Fotografía: Archivo del cronista Parroquial
 




EL GENERAL GÓMEZ A LOS CURARIGÜEÑOS

Telégrafos Federales. De Miraflores a Carora, el 10 de agosto de 1926

Señores Tomás Suárez, Abelardo Gil Gil, Octaviano Herrera, Pbro. J.J. Jiménez Hidalgo, etc., etc.

Curarigua

Recibido. Con efusión patriótica felicito en ustedes a todos los hijos de Curarigua, por la importante carretera que acaban de inaugurar. Este esfuerzo tiene para mí una trascendencia por demás halagadora; la cooperación de los hombres de trabajo y ajenos a la política es la realización de mis más altos ideales, el engrandecimiento y el progreso de la Patria.

Celebro que el General Pedro Lizárraga acompañado de su secretario y de varios amigos de Barquisimeto y Carora, compartiera con Uds. los regocijos de aquellos momentos.

Agradezco los recuerdos que tuvieron para mí.

Amigo
J.V. Gómez
III

EL PRIMER AUTOMÓVIL QUE LLEGA A CURARIGUA, 1920
             
Cuadro de texto: Vicente Cirimelli  En mi compromiso y deseo de escribir y compilar la historia local, me encontré con una muy interesante suministrada por nuestro amigo y colaborador Marco Aurelio Rojas (Piyuye). Se trata del primer automóvil que llegó a Curarigua. Desde la ciudad de Carora el Italiano Vicente Cirimelli por los años 1920 ó 1921, trajo el primer automóvil a Curarigua un Ford modelo tablita. Fue transportado en bestias alquiladas a Don Rafael Herrera, armado en la Plaza San Isidro, lo utilizó como taxi para pasear a la gente cobrando la módica suma de una locha a los niños, medio a las mujeres y un real a los hombres. Vicente Cirimelli tuvo también el privilegio de llevar el primer carro a las poblaciones de Altagracia y Chejendé (Trujillo). Además fue uno de los primeros en ofrecer en Carora el servicio de carros en alquiler, hoy carros libres. Fue también uno de los primeros mecánicos en Carora. Fue aficionado al Cinematógrafo y siempre llevaba uno consigo. Es posible que él haya exhibido la primera película silente en Curarigua. Vicente Cirimelli muere en Carora, víctima de una dolencia y es llevado a su última morada por numerosos amigos, el día 28 de Octubre de 1939.

PRIMEROS CARROS DE PASAJEROS Y DE CARGA EN CURARIGUA
Por Eleuterio Meléndez Dorantes

Entre los primeros carros de pasajeros y de carga en Curarigua que yo conocí, recuerdo el de Jesús Arriechi, cargaba pasajeros y carga para Carora. Su carro era de los llamados autobuses de casilla, utilizaba un banco (una tabla atravesada) para sentarse y servía también para dividir la carga. Eso fue más o menos por la década de los 40 y 50. Jesús Arriechi era nativo del caserío Curazaíto, aledaño al vecindario de Tunalito (Parroquia Antonio Díaz).

Carlos Campos, hijo de Antonio Arriechi, también tuvo una camioneta con el mismo fin: sacaba pasajeros para Carora.

Ramón Ramos, viajaba para Barquisimeto. Tenía un autobús de casilla  con el nombre de El Mocho Hernández (caudillo militar y político venezolano de finales del siglo XIX y principios del XX). En una ocasión, estaba yo muchacho, jugábamos a Judas en una Semana Santa y agarré un zapato encendido, lo tiré y le cayó dentro del autobús y Ramón Ramos se puso muy bravo y tuve que echar a correr.

Pablo Torres (hermano de vale Julio Torres) tuvo un autobús de casilla llamado El San Antonio que viajaba para Carora y El Empedrado. Pablo tenía una pulpería en la casa conocida como Rancho Grande, situada frente al actual negocio de Miguel Torrealba, calle Bolívar.

Juan Ramos, hermano de Ramón Ramos ya citado, tenía una camioneta con la cual sacaba fletes y pasajeros para Barquisimeto, a su carro le tenía como nombre La Barca de Oro, inspirado seguramente en una canción y película de Don Pedro Infante, el famoso cantante mexicano fallecido en 1957.

Alfonso Ramos tuvo un carro que viajaba para Carora llevando bultos de papelón que adquiría en la hacienda La Candelaria, su carro tenía el nombre de El Cono, seguramente para honrar la forma del cono maravilloso de los papelones curarigüeños.

Joseíto Navas tenía un carro para sacar fletes y pasajeros para Carora y le tenía como nombre El Don Ambrosio. A Joseíto Navas nativo de Curazaíto se le recuerda como un hombre culto, recetaba remedios caseros, era el médico de Curazaíto. Jóvito Navas fue su chofer.

José Oropeza Vizcaya.- tuvo un autobús de casilla, viajaba para Barquisimeto, tenía el nombre de El Pampa Mía (en reconocimiento a un tango de Gardel). Yo trabajé con él como ayudante del colector que era Guillermo Oropeza, yo tenía 17 años, eso fue por el año 1951. José Oropeza salía todos los lunes a las 5 y media de la madrugada, nos parábamos en Curazaíto para adquirir queso de cabra de buena calidad que producían los moradores del citado caserío.

Seguidamente pernoctábamos en el sitio llamado La Mosca a eso de las 11 de la mañana. Allí desayunábamos criollamente con caraotas fritas, suero y ñema. A eso de las 12 del mediodía estábamos pasando por Las Veritas, doblábamos a la izquierda y enseguida estábamos en Arenales, capital de la Parroquia Espinoza de los Monteros. Debo recordar que la vía era por la carretera vieja y obligatoriamente teníamos que pasar por la tenebrosa quebrada La Castaña. Teníamos que cargar dos palas y dos picos con el fin de quitar los escombros que se producían como consecuencia de la crecida de la citada quebrada. Y si el río Curarigua (en El Paso de Arenales) estaba crecido, nos bajábamos para revisar y quitar las pie­dras atravesadas y observar si se podía pasar. En muchas oca­siones tuvimos que esperar por mucho tiempo hasta que el río bajara de caudal. De Arenales a Barquisimeto se hacía muy largo el trayecto por cuanto la carretera era de tierra, tenía muchas sartanejas y cuando iba una gandola delante, se produ­cían unas colas interminables, sobre todo, en las llamadas curvas de San Pablo (Parroquia Castañeda). Quienes no desayunaban en La Mosca, lo hacían en el restaurant de la Bomba de San Pablo, donde se apro­visionaba el carro con gasolina. De regreso pernoctábamos nuevamente en la citada Bomba. A eso de las 3 y media de la tarde llegábamos a Barquisimeto y seguidamente el acostumbrado recorrido para llevar los pasajeros a sus respectivas viviendas y también la entrega de las encomiendas, recorrido que duraba hasta más o menos las 6 de la tarde.

El regreso.- Los miércoles regresábamos a Curarigua, por cuanto el día martes lo dedicábamos a la compra de los encargos que hacían los dueños de pulperías de Curarigua y recogíamos las encomiendas que los curarigüeños enviaban a sus familiares. Por lo general traíamos: maíz pilado, nepe, alpargatas, cigarrillos, sal (que buscábamos en el Terminal del Ferrocarril, que estaba ubicado por La Estación, en la actual avenida Venezuela) y refrescos, entre muchos otros productos.

La afluencia de pasajeros era muy poca. Recuerdo que los que viajaban con mayor frecuencia eran Isaías Escalona que llevaba huevos o mejor dicho ñemas (así se le llamaba) y gallinas. Miguel Torrealba llevaba salones de chivo. Pedro Torres huevos de gallina. Pedrito Campos lle­vaba burros, marranos y gallinas y Eusebio Vegas que lleva­ba queso y salones de Chivo. Todos estos productos eran colocados en el antiguo mercado El Manteco, de grata recordación.

El Terminal de pasajeros de la Avenida Rómulo Gallegos que conocemos hoy, no existía. Nosotros estacionábamos el carro al lado del edificio Estudebeker, en una casita de tamo (hojas secas de caña de azúcar) que tenía un señor que arreglaba cauchos, en la Avenida 20 con calle 42. La mayoría de pasajeros esperaban el carro en el Taller de Los Ramos (Juan, Pío y Domingo Ramos), situado en la carrera 14 entre calles 45 y 46. Además de esperar el carro en ese sitio, muchos curarigüeños se quedaban allí y al frente del citado taller vivía y todavía viven la familia Gil donde daban cobijo a gente de los caseríos de Curarigua, especialmente de San Isi­dro, Uvedal, Campo Alegre y otros. Sirva este testimonio para rendir justiciero homenaje a estas honorables familias oriundas de la Parroquia Antonio Díaz que cumplieron una extraordinaria labor de solidaridad en su tiempo.

Zenón Alvarado.- tenía una camioneta panel acondicionada para el transporte de pasajeros. Luego cambió de oficio y se hizo distribuidor de cerveza Zulia.
Después de Zenón Alvarado viene José Oropeza Maldonado conocido popularmente como Che Oropeza, quien inició sus actividades en una camioneta panel hasta más o menos el año 1962. Luego adquirió un autobús de unos 25 puestos y más tarde adquirió otro de los llamados chingos de unos 58 pasajeros. Che le vendió la camioneta panel a su hermano Pilio, quien se ocupó de transportar pasajeros para Carora, y el autobús que viajaba para Barquisimeto se lo vendió a Ricardo González de la Línea Curarigua.

                        Cesario Alvarez.- también tuvo un vehículo Willys que transportaba pasajeros y encomiendas de Curarigua a Carora y viceversa. Luego adquirió un autobús de 25 puestos y duró en estas funciones hasta 1976.

                        A propósito de la quebrada La Castaña debo decir que en tiempos de invierno era sumamente peligrosa y recuerdo que las furias de sus aguas ahogaron algunos carros entre los cuales puedo citar un carro que conducía Alberto Padilla (un maracucho) que vivía con la señora Braulia Ávila y el otro carro que recuerdo fue una camioneta de Julio Torres que venía con una carga de maíz de El Empedrado, capital actual de la Parroquia Manuel Morillo.

                        Línea Amarilla.- El carrusel de los curarigüeños durante mucho tiempo fue la Línea Amarilla que venía desde Barquisimeto en tiempos de fiestas patronales, se estacionaba frente a la Plazoleta del templo Parroquial Santo Domingo de Guzmán. Allí hacia cola la gente para saber lo que era un carro.  Pagábamos medio (moneda de 0,25 céntimos, ya desaparecida) y el recorrido era el siguiente:

            Salía de la Plazoleta del Templo Parroquial, daba la vuelta en El Rinconcito. Regresaba hasta la Plaza San Antonio y luego retornaba hasta la Plazoleta de donde había partido. Y se volvía a llenar de gente y así sucesivamente. Yo era un muchacho. En una oportunidad iba con mis hermanas y un pretendiente de una de ellas (Alberto Mujica) nos acompañaba en el paseo y por no estar acostumbrado eché la piedra (vomité) y mis hermanas muy apenadas tuvieron que limpiar la camisa de su pretendiente. Acompañaban a mis hermanas María Margarita Dorante, Carmen Torcates y Clara Luisa Santana.

TRANSPORTE CURARIGUA "50 ANIVERSARIO"
(1953-2003)
Discurso pronunciado por el Ing. Frank González con motivo de la celebración del 50 Aniversario de la Línea Curarigua.

Han transcurrido 50 años desde aquel octubre de 1953 cuan­do un curarigüeño, Ricardo González apostó al oficio de transporte de personas desde Curarigua hasta Barquisimeto usando un camión marca Fargo con capacidad de dos puestos acondicionados con tablas en su parte posterior. El vehículo fue comprado al señor José Oropeza Vizcaya realizando su primer viaje hacia Aregue el día 6 de octubre de 1953, siendo conducido en ese entonces por el señor Enrique Pereira. Como dato curioso, el camión tenía en su interior, una pequeña caja de madera, contentiva de una imagen litográfica de la Virgen de la Chiquinquirá, la cual permanece todavía en poder de los actuales dueños del Transporte Curarigua.

Es fácil imaginar lo duro de este comienzo, pero también la riqueza de anécdotas y vivencias de un viaje que duraba aproximadamente 7 horas. Para esa fecha, el usuario debía anotarse con anterioridad para que lo pasaran recogiendo al día siguiente. La jornada comenzaba muy temprano buscando los pasajeros de los caseríos, siendo frecuente ver el transporte en Campo Alegre. A las 4 de la madrugada partía el camión rumbo a Barquisimeto por una carretera de tierra (carretera vieja), llena de obstáculos que iban desde lo polvoriento de la vía hasta el tener que atravesar quebradas y el río Curarigua. No había puente alguno y cuando el río aumentaba su caudal, el transporte permanecía largas horas y hasta días “atajado", debiendo hacer verdaderas peripecias para pasar y llegar a su destino.

La primera parada en esa larga ruta, era para desayunar en una casa denominada La Mosca, ubicada en Las Veritas, jurisdicción de la Parroquia Espinoza de los Mon­teros, muy cerca de la Población de Arenales. El viaje continuaba por las famosas curvas de San Pablo para finalmente arribar, en horas del mediodía a Barquisimeto, donde cada pasajero era llevado hasta su domicilio en las diferentes barriadas de la ciudad. Esta costumbre termina con la crea­ción del Terminal de pasajeros de la Avenida Rómulo Gallegos de Barquisimeto en el año 1963.

Viene a la memoria el peculiar equipaje que transportaba este camión. Allí podían verse gallinas, marranos, chivos, loros y mercancía, como sacos de "nepe", cemento, cabilla, queso de cabra y todo aquello que se necesitaba transportar. Este colorido viaje lo realizaba el transporte de manera inter­diaria, estipulándose el valor del pasaje en 5 reales, es de­cir, dos bolívares con 50 céntimos.

En el año 1956, el camión de "tablitas" fue cambiado por una camioneta tipo panel, marca Ford. En el año 1958, se ad­quiere el primer autobús, siendo este un GMC, con capacidad para 25 pasajeros. En este mismo año se incorpora como transportista el señor Francisco José Oropeza, conocido por todos como "Ché Oropeza", alternándose en la prestación del servicio, siendo socio del transporte durante 32 años, compartiendo lo difícil pero reconfortante actividad de prestar un servi­cio de transporte a los poblados de Curarigua y los diversos caseríos.

Con el transcurrir del tiempo se fueron adquiriendo otros buses y se mejoró la prestación del servicio, ininterrumpido durante los 365 días del año.
En diciembre del año 2000, fallece Ricardo González, fundador de Transporte Curarigua pasando a ser administrado por sus descendientes Frank González y Sagrario González.

Durante sus 50 años de vida, Transporte Curarigua ha sido un medio de comunicación confiable y seguro, permitiendo a los pobladores de la zona el acceso a la capital del Estado Lara y otras comunidades como Arenales, Atarigua, Tintorero, entre otras.

Transporte Curarigua en sus 50 años de existencia ha incorporado trabajadores idóneos para la delicada labor de transportar personas. Un grupo de personas integrado por choferes, co­lectores, mecánicos, electricistas y despachadores, conforman el recurso humano que con su actividad diaria hacen posible el cumplimiento de la misión encomendada: " la prestación de un buen servicio”.

En esta ocasión especial, Transporte Curarigua, da gracias a Dios y expresa su más sincero agradecimiento a todos sus trabajadores y proveedores, pero el mayor de todos los agradecimientos es hacia nuestros usuarios.

Curarigua, octubre de 2003

En Curarigua se han fundado diversas asociaciones civiles con o sin personería jurídica propia, orientadas siempre en la búsqueda del progreso para el terrón nativo, entre las cuales podemos citar las siguientes:

Sociedad Amigos de Curarigua

El 6 de julio de 1974 un grupo de curarigüeños y amigos de nuestro pueblo residenciados en Barquisimeto tuvieron la feliz idea de constituir una asociación civil sin fines de lucro con sede en la ciudad de Barquisimeto, cuyo objetivo fundamental fue el de lograr el de­sarrollo integral de la Parroquia Antonio Díaz, iniciativa li­derada por el Profesor José de Jesús Majano; lo acompañaron en esta dignificante idea doña Josefina de Guillén (), José Rafael Villegas (), Víctor Julio Gutiérrez (), Nelly Silva de Ba­rreto, Glady Silva de Falcón, Domingo Silva Majano () y Francisco Oropeza. Posteriormente fueron incorporándose otros miembros entre los cuales me cuento y tuve la oportunidad de presidirla en dos ocasiones. A los 33 años de su fundación y según mi criterio la Sociedad Amigos de Curarigua ya ha cumplido con creces sus objetivos, razón por la cual su existencia debe ser objeto de una revisión para dar término a sus funciones.
______________________
* Fuente: Libros de Actas de la Sociedad Amigos de Curarigua correspondientes a los años 1977 a 1996.
                                                            BIBLIOTECA(S)

            Como pueblo culto, siempre ha existido en Curarigua de Leal preocupación por la existencia de estos centros de cultura. En los años de la década de los cuarenta funcionaron en Curarigua dos bibliotecas o salas de lectura; una privada que funcionaba en el Club Fraternidad donada por el Ejecutivo Regional en 1940, en el cual el acceso era restringido, y otra pública que tenía su sede en la casa de Abelardo Gil (calle Bolívar) frente a la casa de la señora Carmen Medina, la "Efraín Franco Urrieta" fundada por los caroreños Ramón Gudiño, Félix Torres y Carlo Ferrer, todos ellos con tendencia izquierdista. En la citada Biblioteca hacía las veces de bi­bliotecario el Sr. Dionicio González, la duración fue muy corta por falta de lectores y problemas políticos de la época: el golpe contra el presidente Gallegos en 1945.

Biblioteca Manuel Torrealba Ramos

En los años de la década de los sesenta, la recordada y culta directora del Grupo Escolar Luis Herize Ponte, doña Josefina de Alvarez, conjuntamen­te con los alumnos y docentes fundó para esa institución la Biblioteca Escolar "Manuel Torrealba Ramos", creemos que debe estar funcionando.

Biblioteca Joaquín Pérez

El 21 de mayo de 1977 un grupo de damas y caballeros que conformaban la Junta Directiva de la Sociedad Amigos de Curarigua, cuya presidencia la ejercía el Profesor Jasé de Jesús Majano fundaron la Biblioteca Joaquín Pérez que en sus inicios empezó a funcionar en el Salón Parroquial, donde permaneció en calidad de inquilina hasta 1979. El 3 de mayo de 1979 fue considerada en agenda de reunión de Junta Directiva de la Sociedad Amigos de Curarigua el problema de la sede de la Casa de la Cultura y Biblioteca Joaquín Pérez por cuanto se había recibido comunicación de los sucesores Ramos Pernalete propietarios del inmueble donde funcionaban ambas instituciones y en la cual se nos emplazaba a la adquisición o al desalojo del inmueble, al efecto la señora Dominga de Silva (ya fallecida) propuso en la reunión el aporte económico en calidad de préstamo de los miembros de la Junta Directiva a la Sociedad Amigos de Curarigua, se autorizó al señor Catalino Alvarez para “recoger las aportaciones respectivas” y junto al Profesor José de Jesús Majano quedaron autorizados para la negociación con los sucesores Ramos Pernalete. En reunión de Junta Directiva de fecha 4 de julio de 1979 el Sr. Catalino Alvarez informó acerca de los resultados de su misión que se le había encomendado y estos fueron los resultados: “José de Jesús Majano, Manuel Torrealba Silva, Elsa Rodríguez, Dominga de Silva, Leongina de Montezuma, Catalino Alvarez, Francisco Oropeza y Bernardo Yépez aportaron 2.000 bolívares cada uno. Víctor Julio Gutiérrez, Mercedes de Gutiérrez, hermanos Majano Singer aportaron 1.000 bolívares cada uno y 3.000 bolívares que había en reserva, lo que dio un total de 22.000 bolívares”. Posteriormente la Junta Directiva de la Sociedad Amigos de Curarigua promovió diversas actividades para recabar fondos y poco a poco fue cancelándose el préstamo a sus miembros, me correspondió en mi condición de presidente de la Sociedad Amigos de Curarigua en esa época, llevar a cabo este proceso. La adquisición del inmueble se concretó a través de un documento notariado en Barquisimeto por la suma de 22 mil bolívares y al efecto a nombre de la Sociedad Amigos de Curarigua firmó el Profesor José de Jesús Majano au­torizado por la Junta directiva. Es preocupante que todavía el documento notariado no ha sido registrado por problemas existentes en la revisión de la tradición de compradores.

Otra etapa de la Biblioteca Joaquín Pérez.- en el primer año de la década de los 80, la Junta Directiva de la Sociedad Amigos de Curarigua presidida por el señor Valentín Fonseca a quien tuve la honra de acompañar, nos propusimos como objeti­vo, luego de una evaluación, el relanzamiento de la Bibliote­ca Joaquín Pérez, primeramente iniciamos una campaña de recolección de libros, donde nos propusimos como meta unos 500 ejemplares y superamos las expectativas al recolectar unos 3.000. El 19 de diciembre de 1981 con la presencia de la Lic. Virginia Betancourt directora de la Biblioteca Nacio­nal reinauguramos con una programación especial, lo que ahora si era una BIBLIOTECA. En ese mismo acto la sociedad Amigos de Curarigua suscribió un convenio con la Red de Bibliotecas Públicas del Estado Lara, donde se destacaba la sede, por cuanto ya se había adquirido el inmueble con ese fin. A partir de octubre de 1982, siendo presidente de la Sociedad Amigos de Curarigua me correspondió lograr la incorporación de la auxiliar de Biblioteca, Srta. Miguelina Torcate a la nómina de la Gobernación del Estado Lara, por cuanto hasta esa fecha los miembros de la Junta Directiva colaborábamos con una modesta suma como aporte para que atendiera la misma.


Casa Cultura de Curarigua
Dibujo de Pablo Páez (1997)
 
CASA DE LA CULTURA.- Otra de las iniciativas que se originaron a través de la Sociedad Amigos de Curarigua fue la Casa de la Cultura de Curarigua que originalmente funcionó como organismo auxiliar de la misma. Por presiones aldeanas que no viene al caso comentar fue necesario darle su personería jurídica propia en el año 1997. Tuve la ocasión de dirigirla por varios años, hoy la preside la señora Otilde Torres y esperamos de ella realice una buena actividad.


HIDROGRAFÍA

Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) 2001, hidrografía es el conjunto de aguas de un país o región. En el caso particular que nos ocupa, nos referimos a las aguas que surten al pueblo de Curarigua como lo es el río Curari­gua o Curarigüita como también se le conoce en algunos documentos.

Para 1572, ya el río Curarigua era conocido por nuestros colonizadores, según se desprende de la Historia de la Organización de Pueblos Antiguos de Venezuela de Ambrosio Perera publicado por la Imprenta Juan Bravo en 1964, Tomo III, pág. 131.

Río Curarigua o Curarigüita. Nace en el páramo Los Nepes a 3.130 metros (Hato Arriba) en la Sierra de Barbacoas jurisdicción de la vecina Parroquia Morán del Municipio Morán. En el trayecto desde su nacimiento hasta el caserío Potreritos, el río cursa en una garganta de cerros con una pendiente muy pronunciada como de unos 30º, toma el rumbo norte. Donde el río entra a la Parroquia Antonio Díaz en la hacienda La Corteza (antes El Tíber) empieza a formarse el valle de Curarigua descrito por el geógrafo, explorador y militar italiano Agustín Codazzi como “Lindo Valle de Curarigua del Leal”, visto desde las alturas del imponente Pionío, cerro donde se divisa Curarigua y la ciudad de El Tocuyo. En su recorrido de unos 67 kilómetros hasta su desembocadura en el río Tocuyo, recibe como afluentes numerosas quebradas, arroyos y manantiales entre los cuales podemos citar: quebrada Honda, El Vino, Mamonal, San Pedro, Las Guacharacas y La Gruta (en algunos documentos aparece Bruta).

También recibe como afluente el manantial Ojo de Agua que nace a la derecha del río, frente al caserío La Joroba. Un poco más abajo drena la quebrada La Muñosa. Y a su paso por Curarigua le drena la quebrada la Glorieta que sirve de divisoria natural entre Curarigua y el barrio Santa María, después drena la quebrada El Consuelo.

La presencia de agua en el río y nacimientos en sus riberas o zonas muy cercanas a ella ha permitido que se de­sarrolle una agricultura de riego de aproximadamente 600 hectáreas, que hace que el panorama luzca con mas verdor y es muy probable que antes de la conquista haya existido en estas tierras un bosque tupido de árboles de gran magnitud.

El uso de las aguas del río Curarigua ha sido objeto de disputas por sus usuarios, al efecto en 1869, los interesados hicieron solicitud al Concejo Municipal del Distrito Torres a fin de reglamentar el uso de sus aguas. Actualmente hacemos grandes esfuerzos para adecuarlas a la realidad actual.
Todos estos drenajes forman parte de la Subcuenca del río Curarigua, cuya área de ubicación se localiza entre las coordenadas UTM: 1075500 m y 1.125.000 m Norte y 381.500 m y 403.700 m Este.

Políticamente esta subcuenca está  ubicada en la Parro­quia Morán del Municipio Morán y las Parroquias Antonio Díaz y Espinoza de los Monteros del Municipio Torres del Estado Lara, en la población de Arenales, sitio El "Chino”, donde finalmente drenan sus aguas en el río Tocuyo. La Subcuenca del río Curarigua abarca un área de 60.813 Has.

DISTRIBUCION DE LAS AGUAS DEL RIO CURARIGUA O CURARIGÜITA CON FINES AGRICOLAS, 1924[8]
             
Las aguas del río Curarigua o Curarigüita han sido obje­to de disputas a través del tiempo. Los propietarios de las haciendas o fincas de cañamelar del entonces Municipio Curarigua solicitaron la convalidación de las normas del uso de sus aguas existentes desde 1869 que desde tiempo inmemoriales            venían usufructuando y a solicitud de los propietarios de las citadas fincas o haciendas, el Juez del Distrito Torres Ernesto Alvarez les otorgó un Titulo Supletorio en el año 1924.

Estos mismos criterios aun siguen vigentes y por ellas se siguen rigiendo los actuales propietarios. Al efecto la función de Juez de Agua la ejerce el vecino Edgar Ramos desig­nado el 11 de marzo de 2007 en Asamblea de Ciudadanos. A continuación las normas citada:

Hacienda El Tíber, propiedad del señor Octavio Herrera, goza de tres bucos; uno de tercera y dos de segunda y es comunero con la hacienda La Providencia en un buco de los de segunda llamado Cacheo porque se compone de varias porciones de terreno refundidos en una sola.
Hacienda La Providencia, propiedad del Br. Alberto José Yépez, se riega por un buco exclusivo de segunda y otro también de segunda, comunero por partes iguales con la hacienda El Tíber.

Fundo Joroba, propiedad del señor José Alvarez Oropeza, se riega con un buco de tercera.

Hacienda El Cerro, propiedad de la señora Josefa María Yépez de Jiménez e hijos, se riega por un buco de tercera.

Hacienda La Montaña, propiedad del señor 0ctavio Herrera, se riega por un buco de segunda.

Hacienda El Rincón, propiedad de la señora Josefa Ma­ría Yépez de Jiménez e hijos, se riega por un buco de tercera.

Hacienda Campo Alegre, que se divide en dos haciendas, una del señor Manuel Alvarez y otra del señor Antonio Álvarez, gozan de un buco de primera que toman las dos haciendas dichas por partes iguales.

Hacienda Altagracia, propiedad del señor Pedro Manuel Oviedo, otra finca, San Francisco, de la sucesión de Miguel Gil y Santa Rosa propiedad de la sucesión de Luis Felipe Gil, gozan en comuni­dad de un buco de primera.

El buco de San Rafael de primera, riega dos haciendas, a sa­ber El Tempero y San Rafael, propiedad del señor Tomás Suárez, Carolina de Gil y Eulogia de Torres y una parte de Sabanita propiedad del señor Rafael Herrera y de sus hermanos Elvira Herrera de Zubillaga, Diego, José Dolores, Beatriz y Blanca Herrera.

Hacienda La Rinconada, que la constituyen las antiguas ha­ciendas Rinconada y Sabanita y que forma hoy una sola hacienda propiedad del mismo señor Rafael Herrera Oropeza y de sus hermanos arriba indicados, se riega con un buco de tercera.

Hacienda La Candelaria, propiedad del señor Pedro Manuel Oviedo, se riega con un buco de segunda que atraviesa el pueblo de Curarigua.

Hacienda San José, propiedad del señor Tomás Suárez, se riega con un buco de tercera.

Importante destacar que la repartición de las aguas se hace equitativamente y aproximadamente según la extensión de los fundos, poniendo mayor cantidad en los bucos de pri­mera, menos en los de segunda y todavía menos en los de tercera.


TESTIMONIOS
A propósito del Juez de Agua (1977-1979)

            Gonzalo Rivero, conocido popularmente como Chalo, entre los años 1977 y 1979 ejerció la delicada función de juez de agua en el río Curarigua y al efecto nos comenta lo siguiente: “Sustituí en esta función al señor Adelmo Santana, por encontrase mal de salud. La tarifa que pagaban los dueños de las haciendas y que yo mismo les cobraba mensualmente era la siguiente:

            Hacienda El Tíber……………………………………………………………….…      Bs.       73,50
            Haciendas de Tamayo (El Papayal y El Socorro)……………..          Bs.    258,00
            Hacienda Altagracia……………………………………………………………..          Bs.       73,50
            Hacienda San Rafael y San Francisco de los Giles………… Bs.       31,00
            Hacienda El Tempero…………………………………………………………….        Bs.       19,50
            Hacienda San Rafael de los Majanos…………………………………            Bs.         7,00
            Hacienda San Rafael de los Torres………………………………….. Bs.       19,50
            Hacienda La Candelaria………………………………………………………..           Bs.       45,00
            Hacienda La Rinconada…………………………………………………………         Bs.       73,00
                                                                       TOTAL…………………….    Bs.     600,00  

A partir de 1977, la hacienda El Tíber fue eliminada del pago al juez de agua, “alegando ser un asentamiento del gobierno”, por lo cual quede percibiendo la módica suma de Bs. 526,50 mensual. Me retiré de la función de juez de agua el 31 de septiembre de 1979 y le entregué el cargo a Juan Ignacio Silva”.

Juan Ignacio Silva, Juez de Agua (1979)
Entrevistado por Bernardo Yépez, Julio 2005

            “Le trabajé al río como juez interino, por Antonio María Alvarez, que era el juez titular. Duré tres años la primera vez y la segunda vez duré 10 años. Total trabajé trece años”.
            “Adelmo Santana duró 36 años de juez de agua. Yo aprendí a repartir las aguas del río; aprendí con Adelmo Santana”.
            Ganaba 4.200 bolívares que pagaban los dueños de hacienda repartidos entre todos. Juan Cordero ganaba 170 mil bolívares mensual.
            “El juez de agua tiene que funcionar todos los días, son doce tomas que tiene que revisar”.
            “Yo sé lo que se le puede poner a un buco de primera, de segunda y de tercera”.
            Un juez de agua que no revise las tomas, no es juez de agua, hasta los sábados tiene que trabajar. Juez de agua que no revise los boquerones no es juez de agua”.
NOSTALGIAS
Canto y poesía al río Curarigüita
Jesús Meléndez Dorantes



A la orilla de tu cauce
bajo la fresca sombra
del cotoperiz de La Garita
al pie de la vieja cruz de Palmenia
un mediodía silencioso
los grillos no cantan
los pájaros no vuelan
y los asnos duermen.

No hay movimientos
sólo se oye el trajín de las hormigas
llevando su alimento a la madriguera.

Nada perturba la tranquilidad
de tus riberas
no hay viento que mueva una hoja
no canta el cristofué
no hay pájaros que vuelen
sobre tus pedregales
las iguanas duermen su siesta
y yo, igual que las iguanas
también duermo.

La sombra de las nubes y el arroyo cristalino
que se mueve silencioso
como una mapanare
yo duermo pero sueño
sueño que soy el andarín
que navego
sueño que son cuarenta años menos
que soy como los peces
que nadan
y saltan sobre el agua
y que mirándose uno a uno
frente a frente
bajo las aguas cristalinas
como el vidrio
me salpican las gotas en la cara

Después sigo soñando
que soy un pescador novato
que pronto llegaré a ser
pescador de aguas marinas
pero que hoy practico
en estas aguas.
¡Oh río Curarigüita!
Una tala, una sombra, un movimiento
me despierto
sentado en tu ribera me levanto
camino cabizbajo
como si fuera
un duende caminando en el desierto.

Levanto mi rostro
hacia el espacio
abro mis brazos
como buscando una esperanza incierta
presiento que al morir
muy pronto
jamás te volveré a contemplar
añoro el tiempo transcurrido
los sueños que me hiciste esconder
las vanas ilusiones
de la infancia
las mil veces que estuve
y me bañé en tus aguas.

¡Cuantos sueños y cuantas ilusiones!
podrá el corazón acumular
entonces me pregunto
qué hacemos con los sueños
y tantas ilusiones.

Doy pasos adelante
queriendo ver la realidad
miro el presente
y el río responde a mi pregunta.

Tú me puedes querer y amar
como el río que soy y padre
de este pueblo
pero defiéndeme
de mis enemigos que me humillan
aunque presiento
que muerto estoy…

Carora, Marzo del 2001


Servicios Públicos

Acueducto de Curarigua

El acueducto de Curarigua fue inaugurado el 28 de marzo de  1950, bajo la administración del Dr. Carlos Felice Cardot. En efecto la caja de agua fue construida en el sitio llamado El Rinconcito, con capacidad para 120 mil litros, siendo uno de los maestros de obra Nicolás Barrera. Su primer operador fue Ricardo González, posteriormente Jonás Rivero que devengaba un sueldo mensual de treinta (30) bolívares y luego Aurelio Maldonado.

La caja de agua tenía dos filtros de arena que servían de planta de tratamiento y religiosamente, cada dos meses realizaban el mantenimiento respectivo. Posteriormente los citados filtros fueron eliminados para ampliar su capacidad. Ahora tomamos el agua cruda sin ningún tratamiento bajo la mirada cómplice de HIDROLARA y autoridades locales.   

La única fuente de abastecimiento de agua para el acueducto de Curarigua, en ese entonces  era la quebrada de Santo Domingo, cuyo operador tenía que visitar obligatoriamente la toma, por lo menos una vez a la semana, para verificar su estado.

        Originalmente, muy pocas casas tenían la acometida por lo costoso del servicio (4 bolívares mensuales), sin embargo   habían    colocadas unas cuantas pilas públicas en sitios estratégicos del pueblo. Antes del acueducto, la gente se surtía del preciado líquido del Buco de La Candelaria que atraviesa el pueblo por la parte norte y de Oeste a Este. En ese entonces, el Buco era celosamente cuidado por los propios vecinos para que sus aguas se mantuvieran limpias y su cauce aseado, reportando a las autoridades cualquier irregularidad, por lo que más de uno fue a parar a los calabozos de la policía por infringir las normas establecidas.

        La tubería original de hierro colado fue sustituida a mediados de la década de los sesenta, por tubos de hierro galvanizado, de mayor diámetro (4 pulgadas) y de mejor calidad.

El 24 de junio día de San Juan, todos los cargadores de agua con  burros tenían la tradición de salir a correr por la calle del “medio”, donde eran colocadas piñatas y colgaduras con alpargatas y cintas. Y en efecto uno de los que se destacó fue el “Negro  Alberto”  con el Burro Gacho. Cuando el río crecía y se llevaba la toma, los buscadores de agua que se les llamaba agüeros, tenían que buscar el preciado líquido en el río, hacían jagüeyes para poder obtener agua limpia.

Por la década de los ochenta se construyó una nueva caja de agua en el sitio Los Olivos para una capacidad de 200.000 litros.

PUESTO DE SOCORRO

El primer médico que estuvo residenciado y ejerciendo la profesión en Curarigua fue el Dr. José Luis Andrade, nativo de Pamplona (Colombia). El Dr. Andrade estuvo radicado en Curarigua entre finales del siglo XIX y principios del XX, sostenido por un sueldo mensual de 20 pesos, pagados por un grupo de Curarigüeños como Don Rafael Torres, Don Cruz María Sigala, Don Gudelio Álvarez, Don Miguel Gil entre otros. A la partida del Dr. Andrade quedó en el pueblo un hombre que no era médico. Había practicado en El Tocuyo con médicos titulares, ese hombre era Don Rafael Colmenárez Borge, de grata memoria, hombre de buen corazón cuyos procedimientos y   medicina  que  indicaba  eran  los mismos que indicaban los médicos titulares de la época.

Hacia los últimos años de la década de los treinta fue creada la Medicatura Rural que con el nombre de Puesto de Socorro estuvo atendida inicialmente por el Dr. Mario de la Torre. El Dr. De la Torre practicó en Curarigua cirugía abdominal y ginecológica, apendicetomías e histerectomías ayudadas por las señoritas Antonia Crespo y Lucina Noguera.

El puesto de Socorro fue creado por el entonces titular de la cartera de Sanidad, el Dr. Honorio Sigala nativo de Curarigua. Inicialmente empezó a funcionar  en la casa de la señora Delia Ramos frente a la Plazoleta San Isidro. Luego fue pasado a la casa que había sido de Filadelfo Oropeza, frente al templo parroquial Santo Domingo de Guzmán adquirida  a sus herederos por la Junta Comunal para dicho fin, en 1939. Y en efecto este inmueble que era una hermosa casa colonial de las mejores del pueblo, fue demolida por el año 1958 para dar paso al edificio del grupo escolar Luis Herize Ponte.

No podemos olvidar a quienes durante muchos años ayudaron a los médicos en el Puesto de Socorro y luego en la Medicatura a manera de asistentes o comadronas: Antonia Crespo, Lucina Noguera, el Sr. Esteban Quevedo, Ruperto Ramos, Ramón Santana, Providencia Álvarez, Dominga Oropeza y Atala Carucí, entre otros.

La edificación de la Medicatura rural, hoy Ambulatorio Tipo II, fue construida por el año 1957. En consecuencia en este año 2007 está cumpliendo 50 años, ocasión propicia para que el nombre de algún médico Curarigüeño honre esta institución dispensadora de salud. Al efecto sugiero el nombre del meritorio médico curarigüeño Dr. Francisco Suárez Torres.

Don Habel Gil, dentista permisado por el Ministerio de Sanidad, atendía pacientes odontológicos, tanto en Curarigua, Barbacoas, Arenales y Atarigua. En efecto la tradición recuerda a Don Habel Gil montado en su mula por los caminos de la región en su misión de salud. 

A finales de la década de los cincuenta llegó a Curarigua el merideño Orlando Mora quien era dentista práctico. En Curarigua casó con María Abigail Santana y procrearon una numerosa familia, luego se radicó en Carora.

LOS PIONEROS DE LA LUZ


            Originalmente en ciertas casas de Curarigua funcionaban faro­les que eran encendidos en horas de la noche y como combustible se usaba aceite de tártago producido en el mismo Curarigua. El servicio de alumbrado eléctrico se estableció a partir del  año de 1941 y duraba hasta las 8 de la noche. En efecto, fue el Dr. Honorio Sigala, siendo presidente del Estado quien nos proporcionó la primera planta eléctrica. Su primer operador fue el Sr. Pablo Escalona, ya fallecido.

            Esta primera planta duró en funcionamiento como dos o tres años. Los postes eran de madera y el servicio llegaba hasta el Puente del Rinconcito y en la parte de abajo hasta que Candelario Silva. El servicio era administrado por la Junta Comunal y la tarifa era de dos bolívares mensuales. Por el año 1946, el Dr. Eligio Anzola Anzola  Presidente del Estado dotó a Curarigua de una nueva planta marca Internacional y con una mayor potencia que la anterior. Por ese tiempo se sustituyó la empostadura de madera por postes de hierro.

            El operador de la citada planta fue por muchos años el señor Agustín Aldazoro fallecido recientemente. El suministro de electricidad era hasta las 10 de la noche, cuyo anuncio se hacía a través de un apagón y luego ¡Patica pa´que te tengo!

            En 1959, reiniciándose la democracia, Curarigua fue dotada de dos plantas eléctricas; una para suministrar servicio de seis de la mañana hasta la seis de la tarde y la otra de seis de la  tarde hasta las  seis de la mañana. Sus operadores para entonces fueron Domingo Pérez ya fallecido y como último plantero los vecinos recuerdan a Ignacio Aldazoro

            Por esa época fue colocada una nueva empostadura y su prolongación más allá del Puente del Rinconcito y más allá de que Candelario Silva. La tarifa para esa época era de cuatro bolívares mensuales. Por el año 1972 ó 1973, se hizo la conexión desde Carora, tal como la disfrutamos hoy. Estos equipos fueron retirados para prestar servicio en otros sitios, Ira y Tunalito respectivamente. La luz eléctrica eliminó los "fantasmas " que salían en las oscuras noches del Curarigua de ayer.

LOS CINES DEL PUEBLO

En las postrimerías de 1946 fue cuando los curarigüeños tuvieron la oportunidad de disfrutar del maravilloso invento de los hermanos Lumiere.

Fueron los Laboratorios farmacéuticos de CAFENOL y de la Asociación Venezolana de Productores de Cemento, que a través de Unidades Móviles proyectaban películas y documentales en formato de 16 mm. Cualquier pared de cualquier vivienda servía de pantalla y especialmente la pared del entonces Puesto de Socorro.

Los documentales de la Asociación Venezolana de Productores de Cemento tenían como personaje central a “Juan Cuchara” y su objetivo era eminentemente educativo. Entre los títulos proyectados se recuerda: ¿Cómo fabricar bloques de concreto?, ¿Cómo fabricar galpones? Y un largo etcétera. Fueron muchos los vecinos que aprendieron albañilería a través de estos documentales, entre los cuales podemos citar a Eleuterio Meléndez Dorantes, quien nos proporcionó estas crónicas. Desde entonces se incorporó la cultura del uso del cemento en la construcción: la sustitución del adobe por el bloque y el piso de tierra o ladrillo en las viviendas por el piso de cemento.

En los últimos años de la década de los cuarenta se inicia la etapa del cine comercial en Curarigua y le correspondió el honor al educador Diego Torres nativo del pueblo de San Pedro. Proyectó su primera película en la casa del señor José Lucena, hoy propiedad de Carolina Cordero. Los niños pagaban un real y los adultos  un bolívar. Posteriormente se mudó para la casa que los vecinos llamaban La Pechona, frente a la Plaza Bolívar, al lado de la Casa de la Cultura. En ocasiones, algunas personas “compraban la puerta” para congraciarse con la gente del pueblo, esto significaba puerta libre para todos, entre los cuales se recuerda a Isolina Mujica, Antonio Pérez y Pedro Alvarado. Luego de Diego Torres, quien era maestro de segundo grado, vino la etapa de Antonio Pérez, nativo de Curarigua, quien además ejercía las funciones de Jefe Civil. Pasó su primera película el 3 de septiembre de 1948 en la hoy, casa de los cursillos. Luego se mudó para la casa conocida como Rancho Grande y en su inauguración brindó una ternera a la llanera, el 17 de octubre de 1948, en el sitio conocido como Los Mamones de Panchita, por los lados de la cauchera.

Luego de un tiempo de inactividad, el Sr. Pablo Escalona inicia una nueva etapa el 17 de septiembre de 1950 y dura hasta el 14 de junio de 1952.

En 1958, abre las puertas el Cine de César Piña, permaneció muy poco en estos menesteres, vaya Ud. a saber por qué.

En 1959 pone el Cine el merideño Sr. Orlando Mora, quien ejercía labores de Técnico Dental en Curarigua.

Luego le correspondió a los hermanos Felipe Dorantes y Eleuterio (Tello) Meléndez Dorantes. El 4 de mayo de 1962 proyectó su primera película mexicana titulada "Allá en el Rancho Grande”, en el local que hoy ocupa la Botica de Ovidio Manzano. Por cierto  - nos comenta Tello - que ese mismo día la guerri­lla tomó a Curarigua en la oscuridad de la noche y a él lo ponen preso por sospechoso y duró 15 días en Barquisimeto. Después mudó el Cine para la casa del Sr. Carlos Meléndez, cer­ca de la Plaza San Antonio y de allí pasó a la casa de Antonio Medina. Luego pasó las películas en su propia casa y un 22 de febrero de 1982 se despide definitivamente con la película “Limonero con Garrote" con los mexicanos Viruta y Capulina.

         En la Casa de la Cultura de Curarigua también se proyectaron entre 1980 y 1990 películas educativas, apoyados por Fundacultura, bajo la coordinación de Jesús Majano y luego de Bernardo Yépez y Gaitán Pereira.

       Muchos fanáticos del séptimo arte se quedaban afuera del ci­ne, bien porque llegaban tarde, después que el tocadiscos a través de sus cornetas dejara oír la canción que precedía el comienzo de la función, o por falta de dinero.

El Cine promovió muchas competencias de Charros y todavía deambulan curarigüeños que llevan ese apodo, entre los cuales podemos citar los siguientes: El Charro de Curarigua (Humberto Aldazoro) conocido popularmente como “el sapito”, El Charro de la Rinconada (José de los Santos Pacheco), El Charro de Campo Alegre (Tomás Dorantes), El Charro de las Playas (Rogelio Alvarado) y El Charro de El Uvedal (Rafael Silva) entre muchos otros.

No podemos dejar de mencionar a quienes durante mucho tiempo se encargaban de trasladar las películas desde Barquisimeto; unas veces José (ché) Oropeza y otras ve­ces Ricardo González.

Este invento de los hermanos Lumiere nos hacía la vida menos monótona, pero lamentablemente la televisión le cantó el réquiem a lo que nos servía de encuentro y recreación.

PERSONAJES POPULARES

Es común en todos los pueblos encontrarse personajes populares notorios y estrafalarios, por su manera de vestir y de vivir.  Curarigua ha tenido el privilegio de haberlos tenido, incluso, han sido más populares que los de ahora. A manera de reconocimiento, para este trabajo hemos seleccionado los siguientes personajes populares de Curarigua de ayer.

El Zamuro.- Su nombre completo: Leoncio Rafael Colmenárez,  había nacido en el caserío San José de Hato Viejo jurisdicción de la vecina Parroquia Morán. Desde muy joven se vino a Curarigua.  Por sus características y por su singular estilo de caminar lo apodaban El Zamuro. Deambulaba diariamente por las soleadas y polvorientas calles de la Curarigua de ayer. No molestaba a nadie, pero si alguien por casualidad lo llamaba por su apodo seguida de la expresión: gus – gus, sonido que emite esta ave carroñera, ¡ahí era que venía lo bueno!, porque Leoncio se llenaba de rabia de tal manera que empezaba a lanzar piedras, acompañadas de insultos al mismo tiempo.

En una oportunidad nos comenta nuestro amigo Jesús Meléndez -Leoncio iba para mí casa y al pasar al lado de la vivienda de la señora Asunción Brito, alguien de esa casa se le ocurrió  llamarlo por el apodo.  El zamuro se devolvió y a fuerza de piedra y piedra la familia citada  tuvo que pedir auxilio para que Leoncio las dejara en paz. Y cuando muchacho, fueron muchas las carreras que echamos para evitar ser alcanzados por las piedras, por habernos metido con el popular Zamuro. Tenía por costumbre hacer mandados a familias y con eso se ganaba la vida. Leoncio murió en Curarigua el 12 de diciembre de 1976.

José Elías Oropeza.- Conocido popularmente como Cheíto, era natural del caserío Campo Alegre.  De baja estatura, de color moreno, se le recuerda con un sombrero ala corta con un cintillo negro. Su oficio era el de cargar agua para casas de familia y por lo cual cobraba una locha (doce céntimos y medio) por cada lata kerosenera. A cheíto le gustaba poetizar y su poesía predilecta era “El Pueblo de Tapatapa” de su propia inspiración”. Se le recuerda parado en cualquier esquina y en cualquier día con un santo en un nicho y lleno de instinto religioso rezaba en alta voz largas letanías. Le daba por recoger dinero para oficiar las “misas que él mismo hacía en el sitio El Cerrito de los Muertos”, al lado de la  Caja de Agua. Allí tenía su vivienda que a su vez le servía de “Capilla”, donde tenía colgada unas escardillas viejas que les servían de campanas, donde hacía los toques para celebrar la “misa”.  Cheíto murió el 15 de septiembre de 1971.

Miguel Silva.- Fue un pordiosero muy conocido en Curarigua en las primeras cinco décadas del siglo XX. Era cojo de una pierna por lo que usaba un bastón para ca­minar. Siempre andaba con un morral a cuestas y su vestimenta era limpia. Cuando alguien le llamaba por su nombre,  respondía "Silva pero no canta". Pedía limosna de casa en casa con un ritual que conmovía: ¡una limosnita por el favor de Dios...! Al recibir la limosna que podía ser comida, un pedazo de papelón, una arepa y rara vez le daban dinero. Contestaba: "Dios se lo pague" y quien daba la limosna respondía: "Dios le reciba". Estas expresiones han desaparecido del lenguaje de los pordioseros.

Hoy, hay una gran diferencia entre los pordioseros de ayer y los que quieren imitar hoy, a los de ayer. Los de ayer usaban un ceremonial conmovedor para que les dieran algo de comer y poder subsistir y vivir.


Hoy todo ha cambiado, pues son pocos los ancianos que pi­den limosna en Curarigua y en otros pueblos siempre cargan en la mano un récipe médico. Otros lo hacen para mantener vicios de aguardiente, drogas y un largo etcétera. Y lo más triste, es ver a niños pidiendo limosna en un país tan rico corno el nuestro. Estos son los niños que nues­tro Presidente Hugo Chávez Frías llama: "Los niños de la Patria."

Ramón Lameda.- Era un pordiosero que por sus defectos físicos en sus piernas y la cara, le impedían caminar normalmente. Hablaba con claridad. Por estas razones, los padres y madres de los niños aprove­chaban esta circunstancia para "amenazar" a sus hijos cuando estaban de "malcriados" y les decían -"si no haces caso, ahí viene Ramón Lameda y te va a llevar". Esta amenaza bastaba para que los niños "malcriados" se portaran bien. Murió en Curarigua el 5 de Febrero de 1955.


Ofracina.- Era una mujer muy simpática que tenía por costum­bre bañarse como Dios la trajo al mundo, en el Pozo de María Lu­cía. El Pozo de María Lucía era un sitio en el río Curarigua don­de todos disfrutábamos bañándonos y más aún, cuando Ofracina se bañaba en el citado sitio. No pedía limosna, por cuanto vivía bajo el manto protector de  Josefa Antonia Camacho.




CURARIGUA Y SUS PLAZAS

Plaza Bolívar.- La actual plaza Bolívar de Curarigua, originalmente era un rectángulo vacío en cuyo ángulo Sur-Este se inició la construcción del Templo Parroquial Santo Domingo de Guzmán entre 1865 y 1869. En efecto, el resto siguió Siendo un espacio vacío como fácilmente puede observarse en la fotografía tomada en ocasión de la bendición del templo en 1895, publicada en la Enciclopedia Larense de Silva Uzcátegui, que hemos reproducido en este trabajo.

Durante su construcción y luego de culminado, en el lenguaje común le llamaban Plaza del Templo Nuevo, según se desprende de linderos de casas adyacentes vendidas en esa época. Así permaneció durante largo tiempo, hasta las cercanías de 1940, cuando en su centro fue colocado un busto del Libertador esculpido por el artista curarigüeño Arsenio Torres.            

En 1946 la plaza fue cercada con tela metálica, sembrándose árboles a lo largo de la cerca, siendo presidente de la Junta Comunal el Sr. Crispiniano Granadillo. Hasta entonces, en estos espacios se practicó el juego de la Pelota Criolla y Bolas Criollas.

En 1952, Siendo presidente de la Junta Comunal el médico Francisco Suárez Torres y ya en funcionamiento el acueducto se sembraron nuevos árboles de caoba, apamate, araguán y acacias; todavía persiste el araguán y un árbol de mamón. Posteriormente la plaza fue mutilada con construcciones en su interior: Nueva Iglesia (1952), hoy Salón Parroquial y la Jefatura Civil (1974) considerada un adefesio por el extinto médico Carlos Gil Yépez, quedando reducido apenas un espacio para la plaza de  60 x 51 mts.

En 1974 fue remodelada colocándole unos bancos de concreto y jardineras en forma geométrica que desentonan con el espacio colonial de sus calles. En ese mismo año se erigió un nuevo busto del Libertador y al pie de su pedestal se puede leer: "Donado por el Ministerio del Interior a través de la Sociedad Amigos de Curarigua". El busto anterior fue rescatado por la Sociedad Amigos de Curarigua de la Jefatura Civil y develado en acto especial en la casa de la cultura con motivo del bicentenario del Libertador. La tradición recuerda como placeros a: Jorge Angulo, Ramón Escalona (El Chemeco), Avelino Torres y Ramón Cordero quien ejerce esa función en la actualidad.

En 1996, en la administración de Ing. Leonardo Oropeza como Alcalde del Municipio Torres fue colocada una cerca, nuevo alumbrado, y bancos de hierro tal como la podemos ver actualmente.­ Finalmente, es oportuno recordarle a nuestras autoridades una mayor atención para con nuestras plazas.

            ¡Las Plazas son la cara de los pueblos...!

Plaza San Antonio.- La Plaza San Antonio hasta finales del siglo XIX fue cono­cida como Plaza Principal. En efecto, la denominación de Plaza Principal se deriva indiscutiblemente del hecho de que allí estaba ubicada lo que era la Iglesia Parroquial. Hacia 1903 se le llamó Plaza Cipriano Castro. Esta Plaza al ser atravesada por la llamada Calle Real (actual Calle Bolívar) quedó separada en dos porciones; una hacia el Este en cuyo centro aproximadamente, para entonces estaba la Iglesia Parroquial.


La porción del terreno situada hacia el Oeste de la Calle Principal, en frente del Templo, fue siempre un espacio vacío. Hacia 1950 fue cercada con tela metálica y arborizada con pinos caribe directamente por el Dr. Francisco Suárez Torres ayudado por Vidal Campo y Jonás Rivero. Estos pinos posteriormente fueron suplantados por otros tipos de árboles y se le eliminó la fuente de agua que había sido construida en su centro modificando su estructura para darle su aspecto actual.

En 1984; en la administración del odontólogo Domingo Perera Riera como Gobernador y como Director de Política el abogado curari­güeño Edgar Alvarado, esta Plaza fue remodelada tal como la ve­mos hoy: cerca (51 X 39 mts.) y en su interior se construyó un escenario para el baile de Los Negros de San Antonio, un sistema de alumbrado nuevo y se reemplazó la tubería de aguas blanca.
Plaza Dr. Rafael Antonio Gil.- La actual Plaza que circunda la Capilla San Antonio, origi­nalmente era un espacio vacío y por el año 1962 fue cercada con tela de alfajol ocupando un espacio incluyendo la capilla de 84 X 42 mts. tal como la vemos hoy. En efecto, una vez cercada, la Junta Comunal presidida por el Sr. Eufracio Álvarez, en reunión efectuada el 6 de septiem­bre de 1962 fue designada con el nombre del médico Rafael Antonio Gil. Para dejar testimonio de tal designación fue colocada una placa que la podemos observar al costado de la capilla.

Rafael Antonio Gil González fue un médico curarigüeño muy querido en nuestro pueblo, que murió en un accidente de transito por la carretera vieja hacia Barquisimeto el día 7 de agosto de 1962. De estos testimonios documentales podemos inferir que la Plaza San Antonio es la que está frente a su capilla.

Estas Plazas son cuidadas celosamente por la vecina Dilia Medina de Graf, quien aspira que le coloquen una cerca de estilo colonial.

!No olvidemos que las Plazas son la cara de los pueblos!

Plazuela San Isidro Labrador.- Originalmente fue un espacio vacío ubicado al sur del pue­blo, donde se practicaba el varonil deporte de la Pelota Criolla, con un Patio para los adultos y otro para los muchachos. No sabemos desde cuándo se le llamó San Isidro Labrador, pero por lo menos, para 1853 recibía esa denominación.

El nombre de Plazuela San Isidro, probablemente se deba al hecho de estar ubicada frente a la casona de los Sigala, quienes tenían como patrón al santo de los agricultores, y en efecto en la puerta principal de dicha casa tenía la ima­gen de San Isidro, que por cierto fue hurtada recientemente. En el año 1962 estos espacios fueron cercados con tela de alfajol y estantillos de hierro, ocupando una extensión de 48 X 30 mts. siendo presidente de la Junta Comunal el Sr. Orlando Gil.

En 1972, Año Internacional del Niño y por iniciativa de la familia Martínez, estos espacios fueron conver­tidos en Parque Infantil, honrando la memoria de Francisco (Pancho) Martínez, como reconocimiento a quien en vida tenía víncu­los afectivos con nuestro pueblo. Desde entonces funciona tal como la vemos hoy, con nueva  cerca, electrificación, columpios, toboganes, sube y baja, pasamanos, caballitos, rueda, bancos de hierro y árboles. Este Parque Infantil es cuidado celosamente por la vecina Gisela (Chela) Angulo.
Plaza Don Pío Alvarado.- Estos espacios ubicados en el Pueblo Abajo (hoy Barrio Santa María), originalmente existió una casa de tejas muy espaciosa y con un gran corredor, propiedad de Ubaldo Suá­rez padre de Don Pío Alvarado. A esta casa se acostumbraba llevar todos los años la ima­gen de San Antonio y se bailaba con gran devoción los Negros de San Antonio, por ser Ubaldo Suárez y su familia grandes de­votos del Santo Paduano.

El inmueble fue adquirido al último propietario por el abogado Amábiles Silva Campos para la sede del Partido Copey. La acción del tiempo y las inundaciones ocurridas en Curari­gua en el año 1990, hicieron que la casa desapareciera lentamen­te. Luego de varios intentos fallidos de invasión del citado terre­no, finalmente fue cedido por su dueño para que se honrara la memoria del golpero por excelencia que dio nombre y prestigio a la Venezuela cultural del siglo XX.

La Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (SACVEN), en la persona de su presidente, el coterráneo Valentín Carucí, en la celebración de su octogésimo aniversario colocó allí una placa para honrar la memoria del Viejo Roble de Curarigua. Hoy esperamos que la Alcaldía del Municipio Bolivariano G.D. Pedro León Torres representada por el Ing. Julio Chávez, nos materialice este sueño tan an­siado de los vecinos de Curarigua de Leal.


EDUCACIÓN

La Educación en Curarigua desde la Colonia hasta el siglo XIX

Para 1845, había una escuela con treinta alumnos, para cuyo preceptor se asignaba un presupuesto de 180 pesos anuales. Y en efecto en 1846 se pensaba eliminar esta escuela por cuanto no se encontraba un maestro que se encargara de ella. El Concejo Municipal de El Tocuyo, presidido por el Sr. Juan Arce participó a los interesados de Curarigua sobre esta vacante.
         
        El 29 de Abril de 1845 la Junta Comunal formada por los señores: Antonio Gatica, Manuel B. Torrealba, Concepción Rojas y Tomás Falcón, habiendo recibido la solicitud del señor Pedro Montesinos para encargarse de la escuela, lo participó al Concejo Municipal, el cual designó al señor Marcelo Morales para examinar su competencia. Y en efecto, este examen se llevó a cabo el 05 de mayo de 1846 encontrándose en el solicitante las cualidades necesarias para desempeñarse como maestro.  Así lo informó la cámara Edilicia al gobernador de la provincia, Gral. Jacinto Lara, quien aprueba la elección según Resolución del 8 de mayo de 1846, 17º y 36º. Pedro Montesinos resulta el primer maestro conocido de Curarigua, aunque su actividad magisterial en la localidad duró poco.

         Para 1849, la Junta Comunal y los señores: Tomás Rodríguez, Juez Primero de Paz; Manuel Bernardino Torrealba, Juez Segundo de Paz; Juan Bautista Silva, Síndico Parroquial; Juan Torres y Concepción Carucí, Comisarios de la Parroquia, con asistencia de varios padres de familia, se reunieron en la sala del Sr. Ceferino Maldonado, para examinar los alumnos de primeras letras que funcionaba entonces bajo la responsabilidad del Sr. Andrés Antonio Álvarez.  Concurrieron exámenes  17 alumnos.

            La escuela regentada por Andrés Antonio Álvarez debe haber comenzado desde 1848 de acuerdo al testimonio que él mismo da. Entre 1860 y 1862 ejerció el magisterio en Curarigua el Sr. Asunción López.  Después de Andrés Antonio Álvarez, hubo dos maestros en Curarigua que por sus acrisoladas virtudes y su bien ganado nombre, por su honestidad, rectitud, merecen sitial especial, ellos fueron: Don José Esteban Fernández y Don Manuel Torrealba Ramos. Ninguno era de Curarigua, pero se hicieron curarigüeños de corazón y fueron muchas las generaciones que le debieron su enseñanza.

Escuela Federal Graduada Luis Herize Ponte


La Escuela federal graduada Luis Herize Ponte inició sus primeras actividades un 16 de septiembre de 1946, en el local que hoy ocupa el Club Colonial. Nace como consecuencia de la reubicación de las escuelas de varones y de hembras dispersas en Curarigua. Su primer director fue Enrique León, quien duró en el cargo hasta el 3 de Diciembre de 1948. En ese entonces, sus maestros fueron Josefina de Álvarez, Graciela Salazar, Hugo Noriega Barrios, Petra Rafaela Pérez Herrera, Tito Vielma y Enrique León, que además de director laboraba en 4to Grado. El 30 de abril de 1959, fue inaugurada su propia sede: un moderno edificio de dos plantas y demás anexidades de una escuela moderna, en un área de extensión de 8.000 m2.

La directora en su nueva sede fue la respetable maestra Doña Josefina de Álvarez, quien ya venía de serlo en la vieja sede. Para ese entonces, tan solo había una aseadora o bedel, (Rosario Aldazoro), ya fallecida. La limpieza de la escuela era impecable. Desde sus inicios hasta (2004-2005) han egresado de sus aulas 59 promociones de sexto grado. Los Directores en calidad de titulares y encargados, desde su fundación han sido Enrique León, Josefina de Álvarez, Hernán Silva, Olga Pérez de Oropeza, Blanca Oropeza, Nieves Torres, María Hilda Suárez, Vidal Rodríguez, Edwin Rodríguez, Migdalia Torres y Beatriz Piña quien para el año escolar 2006-2007 ocupaba la dirección en calidad de encargada.

En 1974 fue creado el preescolar, con el nombre de Jardín de Infancia “Luis Herize Ponte”, siendo su primera maestra Teresa Sterling. La matrícula escolar:  2006-2007 fue de 313 alumnos: 157 varones y 156 hembras, considerada la más  alta de su historia. A partir del año escolar: 2000-2001, fue designada como Escuela Bolivariana con el consiguiente beneficio del comedor escolar para todos sus alumnos y su personal: comida balanceada, desayuno, almuerzo y merienda. Los docentes de aula en el año escolar 2006-2007 fueron Eldo Virgilio Álvarez, Mirian Castañeda, Carmen Campos, Carmen Torrealba, Rosa Carolina Rodríguez, Beatriz Piña, Maria Nelly Piña, Francis Pereira, Petra Adarfio, Eucaris Santana, Yusneri Pernalete, Julio Torres, Xiomara Escalona, Fanny Mendoza, Gregoria Campos y Katiuska López (docentes comunitarias) y los docentes de atención al Centro Bolivariano de Informática y Telemática (CBIT) Lisbeth Torres y Dimas Rodríguez.






REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
ESCUELA BOLIVARIANA “LUIS HERIZE PONTE”
AÑO ESCOLAR 2006-2007
(MATRÍCULA ESCOLAR)


Preescolar
1ro
2do
3ero
4to
5to
6to
Total
Varones
41
28
16
16
19
23
14
157
Hembras
35
16
20
22
19
17
27
156
Total
76
44
36
38
38
40
41
313
Nº Sección
03
02
01
02
02
02
02
14
Nº de Doc.
03
02
01
02
02
02
02
14
       Fuente: Hoja suelta suministrada por la Directora Beatriz Piña

01 Docente o Especialista de Educación Física
02 Docentes de Atención Comunitaria (no convencional)
01 Directora (E)
02 Docentes de atención al CBIT

Educación Secundaria

Liceo Manuel Torrealba Ramos


El Ciclo Básico Común “Manuel Torrealba Ramos” fue fundado, gracias a las gestiones de la Sociedad Amigos de Curarigua, en noviembre de 1974. Su apertura oficial ocurrió un día miércoles 22 de enero de 1975 con una matrícula de 40 alumnos. Sus primeros inicios fueron en el edificio del Grupo Escolar Luis Herize Ponte, donde duró aproximadamente 3 años.

Numerosos vecinos y amigos de Curarigua colaboraron económicamente para la adquisición del terreno “El Malecón” donde se construyó su sede propia. La recolección del dinero estuvo bajo la responsabilidad del señor Catalino Álvarez, para entonces Presidente de la Sociedad Amigos de Curarigua. Su construcción tiene techo de asbesto, material considerado potencialmente cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud, por lo que es de vital importancia la sustitución inmediata de ese techo.

Inicialmente, los alumnos tenían oportunidad de cursar estudios hasta tercer año. En el año escolar 1982-83, con el nombre de Unidad Educativa Nacional “Manuel Torrealba Ramos” fue abierto el primer año de Ciencias. La primera promoción de Bachilleres egresó el año escolar 1984-1985, constituida por 19 jóvenes curarigüeños: Nélida Aldazoro, José G. Brito, Zoraida Brito, Magali Carucí, Carmen Carucí, Alí Corbo, Rosa A. Crespo (), Olimpia Domínguez, Jesús Dudamel, Norma López, Antonio Pérez, Yenny Pernalete (), César Piña, José E. Ramos, Francisco Rodríguez, Lilia Silva, Migdalia Torres y Josefa Vizcaya. Hasta el año escolar: 2006-2007 han egresado de sus aulas 22 promociones de jóvenes, muchos de los cuales, hoy son profesionales y otros siguen excluidos del subsistema de educación superior.

El nombre de nuestro Liceo honra al insigne Maestro nativo de Carora, cuyos 30 últimos años de apostolado lo ejerció en Curarigua. Su primer director fue el Licenciado Ramón Oropeza, le siguieron Mirian Rodríguez, Manuel Napoleón Álvarez y Omar Morán Viera, quien ejerce actualmente la Dirección en calidad de encargado. En el año escolar: 2006-2007, hubo una matrícula de más de 300 alumnos distribuidos en 10 secciones: 2 de 7mo, 2 de 8vo, 2 de 9no, 2 de 4to, y 2 de 5to Año.

Con más de treinta años de haber sido fundado, nuestro Liceo requiere con URGENCIA UNA NUEVA EDIFICACIÓN DIGNA, Curarigua se lo merece. Invito a la Comunidad Educativa en general, docentes y alumnos a que luchemos por este objetivo.

Soy del criterio que esta Institución Educativa debe convertirse en un Liceo Agrícola por las características de nuestra zona.

CURARIGUA MUSICAL
Por: Domingo Silva Majano*

Cuando escribimos recordando a Curarigua parece que sentimos nostalgia por este bello pueblo que nos vio nacer, y no es para menos, porque Curarigua ha sido cuna de muy buena gente y escenario de gratos recuerdos por sus valores artísticos, por su emotividad en la cultura musical y folklórica de tiempos no muy lejanos... no es necesario ir tan lejos para hacer presente una época llena de colorido y alegría, por virtud de los hombres de genio cultural, que eran verdaderos intérpretes en el arte musical, quienes se daban por entero en la interpretación de una pieza musical con muchas variaciones como "Muchachito".

Joaquín Pérez, de grata reminiscencia, consagró su vida a la música, fue un hombre de gusto muy refinado, estudioso del pentagrama y gustaba de enseñar parte de sus conocimientos.

Joaquín Pérez, dirigía una pequeña orquesta que denominaban la "Estudiantina", integrada por un buen número de músicos de muy buena cultura en este arte. Entre los que ahora recuerdo, Abelardo González, Ignacio Oropeza, Demetrio González, León Oropeza, Germán Sosa, José R. Ramos (El patico), Jesús Pérez (Chusito), y otros que escapan a mi memoria.
Chusito, como cariñosamente le llamaban, era hijo del maestro Joaquín Pérez. Este joven, deseoso de superación, se fue a Caracas a continuar estudios de música, logrando muy buenos éxitos como integrante de la Billo's Caracas Boys. Joaquín Pérez, ya en sus últimos años, se marchó para El Tocuyo, donde fue miembro fundador de la orquesta Euterpe, como clarinetista, por el año 1935. Cultivó la buena música, disfrutó de muy buenos éxitos y finalmente fue sorprendido por la inexorable ley de la vida, dejando un buen ejemplo a las nuevas generaciones.

            Después de la ida del maestro Joaquín Pérez para El Tocuyo, quedaron el resto de los músicos nombrados encabezando la representación de la pequeña orquesta: Don Abelardo González, quien tocaba el clarinete magistralmente. Esta pequeña orquesta era la que se encargaba de amenizar todos los actos de las misas solemnes y las procesiones de las fiestas patronales, así como los bailes que solían haber. Abelardo González, también tocaba el órgano y era el corista oficial de la iglesia. A él nos agregamos otros músicos, siendo uno de ellos, Aurelio Maldonado, que tocaba el violoncello, y el que estas líneas escribe, tocaba el violín, en edad muy joven.

Otro gran músico de cometín lo fue Demetrio González, hombre alegre, entusiasta y amante de la música, pues era de los primeros que llegaba y de los últimos que se iban. Demetrio González inspirado por la inyección de nuevos valores, fundó una escuela de música gratuita, donde se estudiaba y ensayábamos diariamente con instrumentos nuevos y modernos que nos donó la Gobernación del Estado Laca, bajo la administración del general Gabaldón; mediante solicitud que hicimos personalmente un grupo de jóvenes asesorados por Demetrio González, teniendo la gran suerte de lograr un conjunto compuesto por clarinete, cornetín, bombardín, batería, violoncello y violín. Lamentablemente, algunos de nosotros tuvimos necesidad de salirnos de Curarigua, con el fin de seguir estudios de secundaria, ya que para la fecha, allí no había un Ciclo Básico para quedarse estudiando. Hoy, gracias a la acción de la Sociedad Amigos de Curarigua, nuestro pueblo tiene un Ciclo Diversificado. César Chávez Falcón venido de la vecina población de San Pedro Parroquia Lara demostró su talento musical en Curarigua desde 1941 hasta los primeros años de 1950.

Curarigua también ha sobresalido en su folklore; el Tamunangue o baile de negros, es típicamente curarigüeño. Ya, en la mayoría de los municipios del Estado Lara, se impone como primer orden, aunque no con el mismo sabor del ritmo con que lo ejecutaban los conjuntos de Curarigua de unos cuarenta años atrás: El conjunto de Campo Alegre, el conjunto de La Rinconada, el conjunto de Las Playas, y los conjuntos de Curarigua que se daban por entero alegrando hasta los pájaros del río.


El Tamunangue, en la mencionada época, significaba la mayor alegría del pueblo, especialmente en las fiestas de San Antonio, el trece de junio, y las de Santo Domingo, el cuatro de agosto; se oía el repicar de los tambores desde muy lejos. Los bailarines se preparaban para competir, pues cada uno trataba de lucir mejor con sus figuras del "poco a poco", el sueño de "ráscale los piojos" y el despertar de "córrele a la guabina mirá que se te va". Entre los bailarines que recuerdo que llamaban la atención por su lucidez y gracia con que ejecutaban las figuras puedo mencionar a Teodoro Santana, que creo, no ha salido otro que lo imite, al igual que la negra Paula.

BENDICIÓN DEL NUEVO TEMPLO SANTO DOMINGO DE GUZMÁN, 1895


El Pbro. Rafael Antonio Gutiérrez, nativo de Curarigua tuvo el honor de culminar el templo parroquial Santo Domingo de Guzmán, que se había iniciado en 1865.

Su construcción es de tres naves, separados por dos órdenes de columna, paredes de barro pisado y techo de tejas de 45x26 mts. En efecto, fue bendecido solemnemente en las fiestas patronales el 3 de agosto de 1895 y el 4 de agosto el Pbro. ya citado ofició la primera misa. Estas fiestas duraron nueve días y el cura Rafael Antonio Gutiérrez se dio el lujo de que en cada día predicase un sacerdote venido expresamente de otra población.

Para dejar testimonio escrito de tan importante acontecimiento, los curarigüeños encargaron ésta tarea al poeta quíboreño Pablo Hilario Jiménez Mendoza de grata memoria. La búsqueda del documento citado fue un esfuerzo del Cronista Parroquial Prof. Bernardo Yépez, durante 5 largos años.
Durante el terremoto de El Tocuyo, ocurrido el 4 de agosto de 1950, este templo parroquial sufrió graves daños. La dictadura de entonces intentó demolerlo para construir uno nuevo. El sentido de pertenencia de los curarigüeños no permitió que tal hecho ocurriera, por el contrario prefirieron reconstruirlo. Por esta razón es curioso observar dos templos muy juntos. Después de la bendición del templo Santo Domingo de Guzmán en 1895, el viejo templo (antigua sede parroquial) fue abandonada y para 1910 presentaba un aspecto ruinoso. Y en efecto, los vecinos de la parte de abajo del pueblo decidieron reconstruir el viejo templo parroquial para dedicarlo a la veneración de San Antonio de Padua.

La idea fue liderada por Ubaldo Suárez y José María Escalona, fervientes devotos de san Antonio. Los trabajos comenzaron en 1912 y fue bendecido solemnemente el 13 de junio de 1914.




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Inauguración del Templo Parroquial Santo Domingo de Guzmán, 1895, obsérvese las proporciones un tanto grandes del edificio
para un poblado como Curarigua, que tenía para esos años unos 2.000 habitantes.
Fotografía tomada de la Enciclopedia Larense de R.D. Silva Uzcátegui. Tomo 1, p. 190
 




La imagen de San Antonio que está en el altar mayor en esa oportunidad fue bendecida, es obra del artista curarigüeño Rafael Domingo Camacaro. Es curioso que otro artista curarigüeño Rafael Domingo Sosa, de las nuevas generaciones, con el mismo nombre que el anterior haya tallado numerosas imágenes de San Antonio. También nos llama la atención, que en Curarigua se realicen tres fiestas patronales, o mejor dicho tenemos tres patronos: La Virgen de Altagracia patrona titular, Santo Domingo que compite con la del Fraile Paduano, San Antonio.

El nuevo templo, así como el viejo templo parroquial fue obra casi exclusiva de la comunidad curarigüeña.

EL TESORO DE LA VIRGEN DE ALTAGRACIA

Los curarigüeños saben que la Virgen de Altagracia es la primera y principal patrona de nuestro pueblo. A ella fue dedicada la primera capilla en 1781.

Más tarde se agregó el culto a Santo Domingo de Guzmán como titular de la Iglesia. Todavía no se conoce la razón exacta de los orígenes de esta devoción. Tal vez haya empezado a finales del siglo XIX y a él fue dedicado el hermoso templo orgullo de los curarigüeños, pero sin dejar un sitio especial a Nuestra Señora de Altagracia en la cual está reservado uno de los tres altares de la Iglesia. Prueba de la gran devoción a Nuestra Señora de Altagracia, se evidencia en las promesas que los devotos le hacían y le hacen todavía.

La Virgen de Altagracia de Curarigua posee un pequeño tesoro precioso que está custodiado fuera del pueblo; se lee en el libro de inventarios de la Parroquia (libro 1ro folios 5 y 6) que la Virgen es de medio Cristo de yeso y lo demás de madera. El tamaño de medio Cristo mide 50 centímetros. Según testimonio fidedigno, esta imagen es antiquísima y nunca ha sido restaurada. Hay la promesa de la Alcaldía de Torres de materializar esta restauración. Su tesoro lo constituye un collar de oro con perlas destinados para adorno, una cadena de oro, una pulsera de oro, un anillo de oro, pulsera y unos zarcillos, además de tres vestidos preciosos con sus mantas. Este tesoro lo guardaron las señoritas María Consuelo Escalona y Carmen Teresa Alvarado hasta el año 1977. Cuando en 1978, el nuevo párroco Eduardo Mathieu pidió cuenta a las citadas señoritas de estas prendas anotadas en los inventarios de los años anteriores, ya no estaban en sus manos. Ellas, por el peligro de perderlas por su edad pensaron entregarlas y en efecto lo hicieron en manos más jóvenes y más seguras. El 2 de julio la entregaron en manos del curarigüeño Orlando Gil González, el cual le dejó una constancia. Hoy están custodiadas por la Diócesis de Carora.

Sería interesante saber a dónde han ido a parar otras bienes de valor de la iglesia, tales como el viejo retablo colonial del viejo altar, varios instrumentos de viento de lo que antes fue una Banda de la Iglesia, que han ido desapareciendo del salón parroquial donde estaban y hasta el niño de la Virgen de Altagracia. Por eso hace falta un control de las propiedades de la Iglesia no solo por parte del párroco sino por unos encargados parroquiales o mayordomos como los había en el pasado.

 

VISITA DEL OBISPO MARIANO MARTÍ AL VALLE DE CURARIGUA DE LEAL A SU PASO PARA BARBACOAS, 1776.


El andariego y curiosísimo Obispo Mariano Martí, como lo señalan algunas historiadores pasó por el valle de Curarigua de Leal a su paso para Barbacoas el 16 de agosto de 1776. Antes del amanecer, a las cuatro y treinta de la madrugada, la caravana salió de Carora, por el camino que iba a Curarigua. A las nueve y media estaba en el paso del río, hoy paso de San Antonio. De momento en aquel paso sestearon. A las tres y treinta de la tarde siguieron el sendero que remonta  hasta el Trapiche de la hacienda Altagracia de un vecino de El Tocuyo, donde pernoctaron por esa noche. Al día siguiente, al amanecer prosiguieron en ascenso, unas ocho leguas, hasta llegar hasta Barbacoas (hoy Hacienda El Socorro), cuyas cuatro últimas calificó Martí de muy malas. De regreso lo volvió a transitar los días 20 y 21 de agosto del mismo mes y año. La comitiva episcopal paró en la hacienda de los Oropeza (El Socorro) de un vecino de Carora, de la que vio un oratorio y estaba dedicado a San Vicente de Ferrer.

Tras dos leguas más de andadura llegaron al sitio de Altagracia, llamado así por una capilla que allí había dedicada a la Virgen de aquella advocación, era considerada como la principal. Martí no vio núcleo de población ni tampoco Iglesia propiamente. Sí vecindario formado por 569 habitantes que vivían en 62 casas dispersas por las  haciendas, amen de las “sementeras” por el valle arriba y abajo.

El obispo viandante consideró todo aquel poblamiento del valle de Curarigua como una viceparroquia, la documentación fehaciente no lo encontró para darla por probada.

La visita que hiciera Martí a la Diócesis venezolana la realizó a lomo de mula a lo largo de trece años y tres meses. Su actuación pastoral está recogida en siete volúmenes de documentos relativos a su visita a la diócesis de Caracas. En efecto, fue publicada por la Academia Nacional de la Historia en su colección Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Caracas 1988.

Sus testimonios constituyen un aporte invalorable para el estudio de nuestra geografía parroquial.

El nacimiento oficial de Curarigua como parroquia eclesiástica y por ende como pueblo es el decreto del Mons. Mariano Martí con fecha 2 de mayo de 1781 y ésta hay que considerarla como la fecha de nacimiento de Curarigua de  Leal.

EXPRESIONES CULTURALES

Música y Poesía Popular

Aparte de las manifestaciones de educación y de lo que podríamos llamar la cultura con cierto refinamiento, se fue desarrollando en la comarca curarigüeña, no sabemos desde cuando, algo de mayor trascendencia pues abarca por igual a todas las clases sociales y representa algo así como el alma del pueblo, entendiendo éste como todo el conjunto humano; nos estamos refiriendo al enorme venero musical que impregnaba a todos por igual y que a través de los docentes fue moldeando eso que podríamos definir como el sentir del curarigüeño, no otra cosa son las expresiones que brotan del baile de negros o tamunangue, los velorios, tonos, décimas y demás manifestaciones que trasmitiéndose de generación en ge­neración constituyen el patrimonio que liga y une a todo aquel que haya nacido en Curarigua.

En Curarigua hubo una cultura del trabajo creativo y produc­tivo, pues no de otra manera se explica el hecho de un pueblo con relativa poca población haya generado tanta riqueza, com­parado con otros pueblos, hacia los últimos decenios del siglo XIX. Si con anterioridad hemos mencionado a los poetas y a quienes se dedicaron al trabajo intelectual, no menos dignos de mención son todos aquellos agricultores, comerciantes, arrie­ros, gañanes, artesanos, entre otros, que por ser numerosa su lista no los nombramos en particular por temor de que alguien se nos escape, cuyo gran aporte fue su trabajo diario, el amor y la honestidad con que lo hacían. A la par de esta cultura del trabajo, existió y posiblemente venía de tiempos remotos, toda una gama de expresiones culturales que denota que era un pueblo que vivía con alegría pues en estas diferentes expresiones de la cultura popular no se aprecia la queja ni se expresan lamen­tos, sin que esto quiera decir que curarigua haya sido un pa­raíso donde no existiesen todas las miserias que hay en cualquier sociedad humana.

Pudimos observar y vivir, hacia la década de 1940, en toda su pureza lo que eran estas expresiones del sentir del pueblo; las pudimos observar antes de que, queriendo imitar la usanza veracruzana, se le pusieran pañuelos rojos al cuello y se uniformaran los protagonistas del baile de negros con trajes blancos y alpargatas negras y con determinado tipo de sombrero (el pueblo cantaba y bailaba sin ninguna indumentaria especial, el pañuelo rojo al cuello, jamás se usó en Curarigua como algo autóctono y las alpargatas eran siem­pre de fondo blanco con entretejido de diversos colores). Es­tas manifestaciones del pueblo se expresaron fundamentalmente en la música, y que si bien no es patrimo­nio exclusivo de Curarigua pues lo comparte con El Tocuyo, formó en el pueblo curarigüeño, junto con el amor al trabajo, los elementos que aglutinaron ese “sentirse curari­güeño". ¿Cómo y cuándo se originó esta música? Es muy difí­cil precisarlo, pues tiene que haber sido algo que se fue se­dimentando a través de generaciones y que se fue nutriendo de los diversos elementos del mestizaje.

Hacia los años de 1935-1950 fuimos testigos y en parte acto­res de estas diferentes expresiones culturales que permanecían intactas tal como se venían expresando al menos ya desde la se­gunda mitad del siglo XIX según referencias de personas que pa­ra los años en mención estaban vivas y que en su juventud fueron testigos de los tres o cuatro últimos decenios del siglo XIX.

Esta música que se oía hacia los años de 1940, era la misma que ya aparecía en el siglo XIX, posiblemente con algunos agre­gados pues era algo que no permanecía estático, pero en general la estructura no se modificó. Con respecto a esto vamos a repe­tir, en parte, lo que en 1954 decíamos en el trabajo "Geogra­fía Medico-sanitaria del valle del Curarigua ", que permanece inédita[9]

"Para una mejor comprensión de esta música la dividiremos en dos aspectos: la música que llamaremos “profana-reli­giosa” y la otra que denominaremos “música profana”.

Leyendas

Muchas y variadas eran las leyendas y consejas que se con­taban en Curarigua; y al oír estos relatos era un esparcimiento habitual en tempranas horas de la noche en los portones de las casas y en trapiches.

Los Encantos: la imaginación popular los sitúa en grutas o en lugares donde hay nacimientos de agua, estando su entrada custodiada por duendes o por enormes serpientes que pueden transformarse en hermosas doncellas. Quien entra a un encanto ingre­sa al reino de lo misterioso y queda “encantado” para siempre, salvo que sea hombre que lleve el nombre de Juan y haga su entrada en un jueves santo. La leyenda sitúa dentro del Encanto grandes camburales como en el Encanto de cacheo o rebaños de lapas como las que acompañan a la Niña encantada del Ojo de Agua. Un  elemento que casi siempre está presente en los Encantos es el agua pues según cuenta la conseja hay en ellos muchos manantiales y por supuesto frutas y flores de diversa naturaleza.

Los Duendes: son seres de muy pequeño tamaño portando un gi­gantesco sombrero. Les gusta habitar en sitios solitarios y en quebradas, especialmente bajo árboles frondosos, pero en oca­siones pueden acercarse a las viviendas y enamorarse de mujeres llegando hasta el rapto, no sin antes ocasionar toda clase de molestias a los moradores de la casa elegida. Los duendes, se­gún la leyenda, son dueños de las aguas, siendo que cada arro­yo o manantial tiene su duende dueño, quien se pasea por sus contornos , molestándose mucho cuando a sus orillas se lava con jabón, pudiendo secarse el manantial si esto ocurre.

Las Brujas: La existencia de la brujería y hechicería son tan antiguas como la misma humanidad; es bien conocido la significación que la brujería tuvo en Europa durante la Edad Media, y el español, con mentalidad medieval, la trajo a tierras, americanas donde, con toda seguridad, se amalgamó con mitos indígenas y africanos. Ermila Troconis de Veracoechea[10] ci­ta casos de brujas y hechiceros que existieron en El Tocuyo y ya a mediados del siglo XVII y muy difícilmente Curarigua po­día escapar de tales prácticas; sin embargo en las zonas curarigüeñas tales prácticas al parecer no tuvieron mayor trascendencia. Hacia finales .del siglo XIX, cosa que continuó en los primeros años del XX, simplemente se mencionaba la existencia de alguna que otra bruja o brujo, tomando mas bien en el sen­tido de "curandero", si bien se mencionaban otras, éstas si exclusivamente mujeres, que podían volar al tener pacto con el demonio; este último tipo de brujas para sus prácticas, según se decía, comenzaban expresando:

Sabadito alegre,
Domingo Galán
Lunes perezoso
Martes haragán
Sin Dios y sin Santa María

Y al decir esto remontaban el vuelo. Según la imaginación popular reconocer el vuelo de una bruja no era difícil pues semejaba al frote de "piezas de género”, y para descubrir­las tampoco era difícil pues bastaba, al sentir el paso de una bruja, hacer una de las dos siguientes cosas: bien lan­zar al patio las prendas interiores de un llamado Juan o bien lanzar un puñado de sal; en el primer caso la bruja caía y se le apreciaba como un animal parecido a un pavo sin plumas, de color gris obscuro y con piel muy arrugada; en el segundo caso la bruja se reconocía por ser la primera mujer que al ama­necer aparecía pidiendo sal. Los hombres no podían ser brujos de este tipo "volador", se contaba que una vez uno lo inten­tó y se transformó en burro. Muchas otras cosas se contaban en relación con las brujas, como de que se les podía obligar a caer tirando mostaza sobre el techo de la casa por la cual pasan, así como que la bruja nunca vuela haciendo cruz con los mojinetes de las viviendas.

Otras supersticiones como La Llorona, La Sayona, El Silbador, El Hachador, El Berreador, "La mula maniá o mula maneada”, La Hamaca, el Judío Errante eran frecuentes en el repertorio de los viejos contadores de cuentos.

Se distinguía La Sayona de La Llorona, La primera se presentaba en forma de una hermosa mujer a hombres que an­daban fuera de su dormitorio Si deshora de la noche (entendiéndose la media noche) pero que al ser seguida se transformaba en un ser muy alta vestido con una especie de saya negra y con enormes colmillos; alguien, contaban, una vez tuvo la osadía de tirarle un garrotazo y oyó un ruido parecido al que produce golpear un cuero y ahí perdió el co­nocimiento. La Llorona, según decían, era el alma en pe­na de una mujer que había matado a su hijo, la misma leyen­da que al parecer está muy extendida en Hispanoamérica. El Silbador (la misma leyenda llanera del Silbón, El Hachador y El Berreador) eran frecuente oírlos en los campos, muy especialmente en la serranía de Osiguao (al norte de Curarigua) que al decir de la gen­te eran cerros misteriosos por las cosas raras que por allí se veían y oían. El paso del Judío Errante se identificaba con alguna brusca y violenta ráfaga de viento. La mayoría de estos "espantos" hacían su aparición, o al menos ésta se intensificaba, durante los tiempos de la cuaresma cristiana.

Hubo sitios especiales en los cuales el andante hacía la señal de la cruz, uno de ellos era una frondosa ceiba que había en la Garita (camino hacia el caserío Santo Domingo), donde el demonio salía a vender empanadas, otro era un mamón que estaba en la cuestecita de Carora en el cual varios arrieros dizque fueron sorprendidos por el mis­mo demonio ofreciéndole hallacas, otro era un peñasco que hay en Jorobita donde se decía había un tesoro. El pozo del viejo en el Tíber era otro lugar donde hacía su aparición un "espanto”.

La creencia en el "daño” y en el “sino" o "signio" era muy común en los campos de Curarigua. El primero se refería al posible mal, habitualmente una enfermedad, que alguien podía hacer a otro a través de prácticas hechiceras, el mal de ojo "por ejemplo. El segundo se refería a una especie de resignación fatalista ante hechos como la muerte o cualesquier otra eventualidad dolorosa; cuando alguien moría a temprana edad era común oír "ese era su sino”.

 Aves nocturnas y mamíferos voladores como el murciélago, eran vistos con mucho recelo. La pavita (Hipnellus bicintus según Silva Uzcátegui) era definitivamente un ave de mal agüero, cuyo canto anunciaba la muerte de alguna persona; el canto de la lechuza significaba la presencia de alguna embarazada en las cercanías; al murciélago se le consideró siempre como un animal ligado al demonio y se le perseguía también por los hábitos hematófagos de algunas especies. Otro animal al cual se le conectaba con supersticiones era la mariposa negra grande que acostumbra posarse en el inte­rior de las habitaciones , se le llamaba “tara negra" o "ta­ra bruja", creyéndose en ocasiones que eran verdaderas bru­jas transformadas en este insecto para espiar o hacer algún daño a las personas moradoras de la vivienda en cuestión; esta creencia se acrecentaba si, por circunstancias ambien­tales, la poblaci6n de estos animales aumentaba, en efecto la presencia de "un tarero negro" era visto con preocupa­ci6n.

La leyenda de “El salvaje " era muy común especialmente en los campos cercanos a la sierra de Barbacoas y a los ce­rros de Osiguao. El oso frontino que existía en estos para­jes era considerado como si fuese un mono humanoide que era capaz de enamorarse de mujeres vírgenes y raptarlas, lamiéndole la planta de los pies para evitar que la “niña” pudiera escapar del árbol donde la tenía. Hasta llegó a contarse que existió un "Juan salvajito” producto de los amores de un salvaje con una doncella, y el cual tenía una fuerza mas allá de lo común.

Muchas otras creencias se repetían, tomándosele en oca­siones como hechos ciertos. La Llorona, por ejemplo no po­día ser alejada con oraciones pues en caso de oírlas, mas bien se acercaba ya que era un alma en pena, la manera de retirarla tenía que ser imprecándole a voz alta la mayores obscenidades, especialmente “rayándole la vieja" que en el lenguaje popular era el mayor insulto que se podía proferir. También es el "sesteo de los bueyes” (aprisco destinado como sesteadero de los animales) había cierto misterio por lo que no era prudente acercarse a ellos en las primeras horas de la tarde (2 a 5 p.m. aproximadamente) pues allí podían verse “aparatos” (voz comúnmente usada para designar cosas sobrenaturales).

Otro tipo de creencia, no ya leyenda o superstición, pero si con cierto aire de misterio, es el Rosario de Ánimas: es una práctica devocional dedicada a las “ánimas del purgato­rio” en la cual se reza la oración católica del mismo nombre pero con cierto ritual característico. El Rosario de Ánimas comienza en un sitio donde haya alguna cruz, puede ser un tem­plo, una casa o una de las tantas cruces que hay en cerros y caminos, y termina en un cementerio o donde haya alguna cruz. Lo reza un grupo de personas casi siempre hombres, delante de las cuales y a una distancia de unos 100 a 200 metros aproxi­madamente, va el "gritón" quien con un farol en la mano, grita en un tono lastimero, - “hagan bien por las ánimas del purgatorio, un padre nuestro y un avemaría  por el amor de Dios”; otras - veces dice mas bien "Cristiano que estas dormido en tu dormitorio, acuérdate que has de ser ánima del purgatorio, - un padre nuestro y un Ave María de por el amor de Dios". A la distancia antes mencionada más o menos viene un grupo de hombres (generalmente la mujeres no van) cantando un rosario que lo encabeza uno que canta solo, respondién­dole todo el grupo; la entonación que se le da a la oración es mas o menos como dividiéndola en tres partes, que a manera de tresillos se acentúa la última nota de cada uno, que siempre es mas grave que las precedentes. El “gritón”, con su farol, toca la campana (o esquillón) cada vez que se termina una casilla del rosario, prosiguiendo su camino pues debe llegar solo al cementerio o al sitio donde va a culminar el rezo. Los asis­tentes al rosario llevan velas encendidas o faroles y salen cuan­do ya se supone que todo el mundo está recogido en su dormitorio. Es la creencia que detrás del grupo que reza van las ánimas por la cual nadie debe asomarse a verlo pues se le puede acercar al­guien a darle a guardar una vela que al día siguiente se trans­formará en un "hueso de muerto". Es creencia también que al oír al "gritón" se debe rezar el padre Nuestro y el Ave María que él pide pues quien no lo hace verá interrumpido su sueño por las ánimas.

Era creencia que la noche del 24 de junio, la noche de San Juan, era muy especial y tenía algo que ver con la felicidad y futuro de la gente. Fue costumbre esa noche encender hogueras, con leña, para ser brincadas, así como colocar el contenido de un huevo crudo en un vaso de agua y dejarlo reposar toda la noche, las formaciones que la albúmina del huevo podía dibujar en el agua, predecía el futuro de la persona.

Oraciones para ahuyentar a los espíritus malignos, eran co­munes en los campos de Curarigua, hay una muy particular lla­mada de San Juan, que va del uno al trece, enumerando diversos aspectos de la Biblia hasta hacer "reventar a Lucifer", empie­za así : "La una, la Casa santa de Jerusalén; las dos, las tablas de Moisés; las tres, las tres Marías ; las cuatro, los cuatro Evangelios" y continua hasta llegar a “las once, las once mil vírgenes; doce mil rayos tiene el sol y trece mil tiene la luna, Revienta pero mil veces!... pum".

Intentar hacer un análisis antropológico de estas diferen­tes creencias y leyendas sería elucubrar sobre bases muy en­debles. Algunas de ellas como el Rosario de Ánimas y las ora­ciones contra el Maligno indiscutiblemente que son de génesis cristiana, el primero se efectúa con toda la devoci6n y el respeto con los cuales puede entonarse una oración católica y no hay nada en él que pueda ser censurado desde el punto de vista eclesiástico; en las segundas se aprecia una cierta re­miniscencia de un exorcismo, teniendo como punto crucial el alejamiento del demonio. En las leyendas del Silbador y la Sa­yona se puede apreciar una lección moralizadora como la de que aquel que transgrede las normas morales, como lo era para la sociedad pacata de entonces al deambular a medianoche en busca de aventuras amorosas, tenía el riesgo de encontrarse con el demonio, ya que tanto la Sayona como el Silbador eran espíritus malignos.

 Las leyendas de brujas y duendes son frecuentes en las creen­cias populares europeas y muy probablemente vinieron con el con­quistador español, agregándosele algunos elementos locales, em­parentados quizás con creencias indígenas o de los esclavos traí­dos de África. En las leyendas de los Encantos tal vez podría haber algún elemento mítico indígena, pero la descripción de tesoros en grutas donde la vida es muelle y la presencia de don­cellas arrobadoras, dueñas de aquellos espléndidos parajes, re­cuerda en mucho algunos de los cuentos de Sherezada y podrían, por tanto, estar emparentados con el elemento arábigo que nos trajo la cultura hispánica. De cualquier manera, lo que sí parece ajustado a la reali­dad es que en ninguna de estas leyendas se encuentran moti­vos que sugieran la transmisión de un mito o una cosmogonía indí­gena o africana. La acción evangelizadora acabó con todo lo que al respecto podría haber habido en las culturas indígenas loca­les arropó lo que los esclavos africanos pudiesen haber traí­do, quedando tal vez alguna mezcla, pero siempre manteniendo como soporte fundamental las ideas cristianas.

Llama la atención el efecto medio mágico ligado al nombre Juan. De una parte la noche de San Juan tenía un significado muy especial y esto posiblemente esté en relación con la cos­tumbre en algunas regiones de España de encender hogueras esa noche, emparentado quizás con los ritos paganos del solsticio de verano; pero por otra parte era un llamado Juan quien po­día entrar con cierta impunidad a los encantos, y también eran los interiores de un Juan lo que podía detener el vuelo de una bruja.

Aguinaldos.- No es un patrimonio exclusivo de la región, pues es bien sabido que en época de Navidad (que en Curarigua se llamaba “La Pascua") se cantan en todo el país. Diremos como han sido en Curarigua: se les acompaña con cuatro, tam­bora, maracas, furruco y pandero (parecido a la pandereta española). Hay un cierto ritual al respecto, así hay unas "cantas” para cuando se llega a la puerta de una casa, como ésta:

"Con dulce melodía
La aurora resonando
De flores ha adornado
La cuna del Mesías".

Luego, ya dentro de la casa, se cantan otras coplas, las "cantas de pascua" como estas:

"Al llegar aquí
saludo primero
por el nacimiento
Del Dios verdadero".
"cantaba la tórtola
Al pié del madero
por el nacimiento
Del Dios verdadero”

Música profano-religiosa: la llamamos así pues, desde luego, no es aceptada por la liturgia católica, pero para el pueblo que la canta y la oye es esencialmente religiosa, ya que quienes asisten a un velorio, a una salve o a un tamunangue le hacen can el mismo fervor y la misma fe con la cual asisten a un acta litúrgico oficial, sin mezclar ele­mentes de paganismo, salve el tamunangue en el cual la pre­sencia de la danza podría interpretarse como tal. Dentro de este tipo de música hay dos modalidades, teniendo cada una su ritual propio e invariable; las agrupamos en música de salve, música de velorio, música de Tamunangue y música de Aguinaldos. Toda esta música es coral con acompañamiento de instrumentos de cuerda (cuatro o cinco), agregándose el tambor en el tamunangue y el mismo tambor (tambora) y "pandero" en los aguinaldos, así como las maracas.

Los cantores se arreglan en forma de “coro." siendo que en realidad cada coro es un dueto, cantando una en tono alto y otro que le hace dúo generalmente en una octava mas baja.

Golpes: El golpe larense, distinto al joropo llanero y del golpe tuyero, tuvo en Curarigua, al igual que en El Tocuyo, un particular y característico desarrollo, y ha formado parte substancial de ese patrimonio musical del pue­blo curarigüeño, siendo junto con el tamunangue, lo mas conocido del folklore de ese pueblo. Lo cantan dos personas o dos "coros" que se hacen dúo, acompañado de cuatro y ocasionalmente de maracas. El golpe consta casi siempre de dos par­tes, una que es algo así como un estribillo que a manera de ritornello se repite en cada copla, siendo este estribillo el que le da el nombre al golpe. Muy frecuentemente el golpe lleva como tema la loa o la sátira indirecta a alguien. Uno, muy conocido, que hemos tomado de boca de cantores populares dice:

"Tu gavilán, entre tu y mi compañero
Tu gavilán, nos combatimos sabroso
Tu Gavilán, parecemos dos caimanes
salidos de un mismo pozo
vale mas que me mataras
Así con un vaso de anisaledao
Las balas de mantequilla
Los tacos de pan pelao
Gavilán, tío, le dio
Gavilán, tao le dao
Gavilán, pico amariledillo
Gavilán pico coloraledao
Como la gallina al mai
como la garza al pescao
Tu, gavilán, vengo a cantar este golpe
Tu, gavilán, que un amigo me mandó
Tu, gavilán, para cuando se me ofrezca
Tu, gavilán, hagas lo mismo que yo".

Y así continúa intercalando frases alusivas a la persona a quien se quiere saludar, loar o zaherir.

Personas ancianas que nos dieron referencias y que vivieron su juventud hacia 1870-80, entre ellos el sr. Amador Guédez, que para la década de 1940 tenía mas de 90 años, hacían alu­siones a que este y muchos otros golpes los oyeron en los ca­seríos de Curarigua cuando eran jóvenes; Amador Guédez por ejemplo, refería que él, en sus parrandas juveniles en los campos del Uvedal había oído este golpe del Gavilán. Hacemos esta anotación porque el curarigüeño golpe del Gavilán, con la misma música pero puesto con ritmo de joropo llanero, le apareció un autor colocándolo en las riberas del río Arauca, con la letra un poco modificada cuando en realidad es un gol­pe cuyo autor se pierde en el devenir de los tiempos en los campos curarigüeños, y al cual cada cantador le hace modifica­ciones rítmicas o le agrega coplas, manteniendo la misma música.

Décima a lo humano: Regularmente estas décimas no relacio­nadas con asuntos religiosos, están constituidas también por cuatro estrofas de diez versos, glosando con frecuencia una con la canta popular. El ritmo de la música es más o menos el mismo de las décimas que se cantan en los velorios, pero aquí ya no tienen ese carácter majestuoso y solemne; la letra es mas bien picaresca, a veces satírica. La cantan tam­bién "coros" en sus coplas se van hiriendo satíricamente el uno al otro. A veces estas coplas han terminado en hechos de sangre.

La Bamba: Es una danza popular con cierto aire de polka, que tiene la particularidad de que en medio del baile uno de los cantores para de cantar y dice: - "canta para la dama que le echa el galán, entonces el parejo dirige a la dama una copla amorosa, satírica o burlesca; enseguida el can­tor dice: "canta pa' el galán que le echa la dama" y ésta responde con otra copla. Muy frecuentemente la copla versa sobre asuntos de amor, ya interrogativa, ya admirativa. A veces la copla también es de "pique”, es decir hiriente o satírica, por ejemplo ésta:

"Desde que te vi venir
Tan bonita y tan peinada
Le dije a mi faldiquera
Te vas a quedar sin nada"

Contesta la dama:

"Quien te va a querer a tí
Tan sucio y tan mal peinado
calzones de cuero crudo
Botones de mai tostado"

Otras veces la copla es amorosa:

“A la bamba blanca
Limón francés
Dame un besito
si me querés"

El origen del nombre de Bamba seguramente está en el hecho de que para el Cantor diga que se cante la copla, el galán tiene que pagarle cuatro reales (colocándolos en la caja del instrumento que toca) y a la moneda de ese valor en la región se le llamó "bamba de a cinco".

La Zaragoza: Es una danza que se cantaba y bailaba sola­mente el 28 de diciembre, Día de los Inocentes. Es una tradición que no es exclusiva de Curarigua, siendo que más bien ha ido decayendo cuando aún hacia las primeras décadas del siglo XX se le mantenía viva. Existía la costumbre de dis­frazarse ese día y a los disfrazados se les llamaba “locos” y al día “día de los locos”.

La parranda de "locos" (comandada muchas veces por dos; uno disfrazado de "viejo” y otro de "vieja”) iban por calles y caminos bailando y cantando, acompañados de cuatro, maracas, furrucos, panderos y también bandolinas o violines, y de vez en cuando gritaban:
"Ay zaragoza
Quien te rompe
Quien te cose
Ay zaragoza”

Era costumbre que ese día toda persona debía llevar algún distintivo de disfraz, podía ser solamente una flor o cualquier cosa distinta de lo habitual, pues de lo contrario se exponía a que los locos le pudieran ocasionar alguna pequeña molestia de tipo jocoso como ponerle un sombrero viejo, una pluma de gallina o cosas por el estilo. Estas pequeñas molestias, si las podemos llamar así, eran impunes pues era el “día de los locos".

¿Cuándo y cómo se originaron estas diferentes expresiones musicales y de poesía popular?, resulta muy difícil precisarlo. No son exclusivas de la zona, pero sí es cierto que fue en el valle de El Tocuyo y zonas aledañas, y en el valle de de Cura­rigua, donde lograron sus mejores manifestaciones, desarrollándose y manteniéndose en unas partes mas que en otras, por ejem­plo en Curarigua el golpe floreció y se mantuvo, en cambio el baile de la zaragoza decayó y hacia la década de 1950 tenía ya muy poca expresión allí.

Salve: Se canta como promesa a un santo o la cruz; en ma­yo, por ejemplo., las salves en las cruces regadas por cami­nos y cerros son frecuentes en las noches. La música es bien acompasada, de cadencia suave, a manera de andante. La le­tra es la misma de la oración católica del mismo nombre, y la cantan uno o varios “coros", acompañada de cuatro, nun­ca de tambor ni de maracas.

Velorio: El velorio tiene un ritual propio que no se pue­de cambiar. La música del velorio es variada, incluyéndose diferentes ritmos y diferentes modalidades de tonalidad. El velorio no es una fiesta; es una ceremonia que se realiza como promesa a un santo, siempre de noche, durando hasta el amanecer. En el velorio no entra ningún elemento pagano, ya que en él jamás se baila, solamente se cantan tonos, déci­mas y salves. La música es de acordes limpios y trae a la memoria, como apunta Silva Uzcátegui, ciertos cantos litúr­gicos de la Iglesia católica. En la letra no hay nada grose­ro, ni nada que de alguna manera represente elementos de sen­sualidad, pues todo es mas bien una oraci6n de alabanza a Dios, cantadas en un lenguaje que si bien puede tener errores en la coordinaci6n del verso, es resultado de que el pueblo quiere buscar las palabras o expresiones que le parecen mas bellas, y que a veces no conoce su significado, para expresar su fe y su esperanza.

En el canto del velorio se nota como alma popular, trata de elevarse a Dios; es un canto sentido en lo mas hondo de su ser espiritual, poniendo los cantores que forman coro toda su des­treza a fin de que el canto resulte lo mas hermoso posible.

El ritual del velorio es el siguiente: primero el "pasa­calle”, especie de introducción musical; luego se canta la salve al santo al cual se le dedica el velorio y enseguida el verdadero canto constituido por “Tonos", “Décimas", “Ron­diamantes” y "Amables" (llamados también “Gigantes"); El rosario, obligatorio en todo velorio, se reza hacia la me­dianoche; a veces el rosario se canta en procesión portando faroles o velas encendidas.

Tono: Es un canto casi exclusivamente de los velorios, te­niendo un tinte místico tanto en la letra como en la música. Lo cantan “coros" que se van pasando la voz unos a otros con tal maestría que muchas veces es imposible distinguir cuando la voz pasa de uno a otro coro (pasarse la voz de esta mane­ra, el pueblo lo llama “pasarse la letra").

La música del Tono es lenta, un andante, rica en melodías y acordes, mas que triste es majestuosa. La letra del canto se compone de tres o cuatro estrofas, no pudiendo tener ni me­nos de tres ni más de cuatro estrofas. Las estrofas están constituidas cada una por ocho versos que pue­den tener diversas rimas, a veces asonante, a veces conso­nante; muy frecuentemente los versos van pareados. Algunas estrofas de uno de estos tonos que hemos oído y tomado de bo­ca de los cantores populares dicen:
"Ya nació el pontífice
señor en Belén
Para nuestro bien
sus leyes predice
como Rey pontífice
Autor de esta nave
por eso las aves
Su nombre bendicen"

Otra:
"Nació en un pesebre
En humilde palma
por eso las almas
Buscándolo van
Eres celestial
Mansísima fuente
Naciste de un vientre
Distinto al mortal”.

Algunas veces el Tono va glosando frases de oraciones católi­cas; hay uno muy hermoso en el cual se va glosando en el úl­timo verso las frases del Ave María. En otras ocasiones el Tono se canta precediendo a los A­guinaldos, frente a un pesebre. De cualquier forma que sea, el Tono siempre se canta frente a un altar donde haya la imagen de un santo, nunca en la calle, caminos o en fiestas de índole mundana.

Décima: Las décimas vienen después del Tono; las que se cantan en el velorio versan sobre asuntos religiosos (ya que hay otra clase de décimas sobre motivos mundanos). La Dé­cima consta de cuatro estrofas de diez versos cada una (en realidad cada estrofa es una verdadera décima, tomando esta palabra en el sentido de la perceptiva literaria), rimando los versos primero, cuarto y quinto; segundo con el terce­ro, sexto con séptimo, y octavo con noveno. También se can­ta la décima acompañada únicamente con instrumentos de cuerda (el cuatro. Algunos cantores, los buenos que los llaman “de mucha letra”, usaban a veces la guitarra de cinco cuerdas o sea el “cinco"). La cantan los mismos coros que inter­vienen en el Tono, "pasándose la letra” unos a otros. El nú­mero de "coros”  no es definido, pueden ser pocos o muchos. En algunos velorios en El Uvedal y unos que eran famosos en San Vicente (La pastora) intervenían hasta 32 coros según re­ferencias que obtuvimos de don Pedro Jesús Giménez.

La música de la décima es de un ritmo un poco más ligero que la del Tono, algo así como un andante allegro. La letra va más o menos de acuerdo con la letra del Tono que se ha can­tado, los cantores dicen: "después del tono viene la décima compañera". Corrientemente la décima va glosando en el último verso de cada estrofa, otra estrofa de cuatro versos que los cantores llaman “la cuarteta” de la décima. Estrofas de algunas de estas décimas que anotamos de cantores del pueblo dicen:


"Ten piedad del pecador
Eres virgo veneranda
Eres virgo predicando
Eres madre sin temor
Torre de divina flor
Rosa del trono especial
Silla de Dios celestial
Tuvo la gracia triunfante
Desde su primer instante
Sin pecado original".

Otra, de otra décima:

“Allí empezaba María
A renovar su dolor
contempla bien pecador
como esta madre estaría
para dónde vas hijo ? decía
Que yo te quiero seguir
Vengo a traer y redimir
Este ganado cautivo
porque este ha sido el motivo
De venirme a despedir".

En esta última décima,"la cuarteta" es:

“Dadme los brazos, adiós
Que me vengo a despedir
Así no llores mi muerte
Que nací para morir"

La estrofa que se expuso anteriormente es la segunda de es­ta décima y termina con el segundo verso de la "cuarteta”, la primera estrofa termina con el primer verso de la misma y así sucesivamente.

Rondiamante: Los cantan los buenos cantores que pueden alcanzar Tonos agudos. Es una música hermosa y majestuosa. En el “Amable", el ritmo es un poco más rápido, podría asimilarse a algo así como un allegro majestuoso. Una es­trofa de "Rondiamante " es como sigue:

"La llaman rondiamante
De la Divina Pastora
porque eres la protectora
En este triste destierro
yo te pido como siervo
Me lleváis a tu rebaño
para yo no tener daño
Del enemigo feroz"
"Con decoro
Yo te adoro
y así imploro
A tu tesoro”.

Con frecuencia también se oyen en los velorios lo que el pueblo llama "loas"; son especies de discursos sobre motivos religiosos (las hay otras sobre motivos profanos). En mu­chas ocasiones estos discursos resultan un poco incomprensi­bles, pues el orador quiere emplear las palabras "mas finas" que muchas veces no sabe coordinar, pero de cualquier modo la intención es la de alabar a Dios y sus santos.

Música profana: Es una música alegre, casi siempre también coral, pero escasa de sensualidad. Se le acompaña con ins­trumentos de cuerda: el cuatro (a veces el cinco), bandolín y a veces violín. Las expresiones más características son el golpe y las décimas que son comunes en toda la región larense. Ya hacia finales del siglo XIX se tocaba también el vals que indudablemente llegó por influencias que venían de Barquisi­meto, donde el vals tuvo un inmenso desarrollo como es bien conocido; la letra de “Ecos del alma", un conocido vals larense, es obra del poeta curarigüeño Antonino Crespo Gutiérrez, como ya se ha anotado anteriormente.

DEPORTES

La Pelota Criolla
I
La Pelota Criolla forma parte del patrimonio cultural local, lo que la UNESCO-Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura ha denominado Patrimonio Intangible o Patrimonio vivo, al que consideramos que es un componente importante de la herencia cultural de Curarigua.

La UNESCO ha sugerido a los estados miembros de la organización, introducir en los estudios formales la enseñanza de los elementos que conforman el patrimonio vivo de cada país y de sus expresiones regionales y locales.

Cuadro de texto: Gonzalo Rivero, considerado uno de los mejores jugadores de pelota criolla del siglo XXDe esta manera se induce en la población su conocimiento y respeto, así como el estímulo para la realización de un estudio en profundidad.



II

Dos actividades se practicaron en Curarigua, al menos desde el siglo XIX: el bolo y la pelota que se practicaban más como esparcimiento que como entrenamiento físico. El juego de pelota, llamado en los últimos años "pelota criolla" para diferenciarlo de otros juegos exóticos de pelota, es un deporte extremadamente interesante, característico de algunas zonas del Estado Lara, entre ellas Curarigua; se le juega con una pelota más o menos del tamaño de las usadas para el base-ball, hecha con un hilo de algodón ovillado alrededor de un centro de pequeño plomo y cubierta con cuero curtido preferiblemente de venado, a manera de los gajos de una naranja cuidadosamente cosidos sobre el ovillo para darle la forma esférica.

No vamos a describir un juego de pelota pues no es el objetivo de este trabajo, pero sí hay algunos puntos que hay que resaltar pues son importantes a la hora de analizar el enigmático origen de este interesante deporte.
La pelota se juega en un terreno limpio y con la suficiente firmeza que permita el rebote. El campo de juego o patio de pelota (según lo vimos en Curarigua hacia la década de 1940) es un rectángulo muy alargado cuyos lados se marcan con trazos de cal simplemente marcados en el terreno con una estaca; en ancho es de aproximadamente tres metros y el largo, desde la línea de "saque a la línea de pase" de unos 24 a 34 metros (habitualmente se marcaban estas distancias con zancadas). Las reglas del juego eran trasmitidas en forma oral pues no estaban escritas y al no haber jueces que determinaran la validez de una determinada jugada se prestaba para discusiones y no rara vez un partido de pelota terminaba en pleito.

En el juego entran dos bandos o equipos de cinco jugadores: el partidario (quien es el jefe o capitán), el contrarresto y tres "palas". El juego comienza con el lanzamiento que desde el "saque" se hace de la pelota, después de hacerla rebotar y dándole impulso con la palma de la mano; el bando contrario devuelve la pelota, también impulsándola con la palma de la mano; dejándola rebotar o no, como mejor convenga y de acuerdo a la situación, haciéndolo de diferentes maneras: bote por debajo, botivolio, sotamano, bote por encima, bolea, etc. continúa el juego contándose los tantos en forma muy parecida al tennis: quince, treinta, cuarenta, raya o juego; tres juegos constituyen un partido y gana el bando que primero haga tres juegos consecutivos a su favor.

El origen de este juego de pelota, tan característico de Curarigua y zonas circunvecinas, si bien al parecer no exclusivo de ellas, es desconocido. Silva Uzcátegui era de opinión de que "evidentemente es de origen español, tal vez con algunas modificaciones”[11], igual impresión tenía Cecilio Zubillaga Perera: sin embargo hay opiniones de que el juego pueda tener un origen autóctono indígena al efecto Virgilio Torrealba Silva dice: "según don Lisandro Alvarado, Nicolás Federman, en 1530, lo vio jugar en las tribus de otomacos, chaguas, etc ... y, otros historiadores comprueban que en centro América: mayas, toltecas y aztecas, eran jugadores de la pelota criolla"[12]. Nuestra muy modesta impresión es que el asunto necesita serias investigaciones históricas con rigor científico. En este sentido hay algunos datos que vale la pena comentar:

1)          Las expresiones de bolea (o volea), botivoleo, contrarresto, saque, hacer pala, sotamano son nombres de jugadas o jugadores de la pelota que se juega en Navarra (España), teniendo en líneas generales la misma significación que tienen en la pelota criolla, según las definiciones que de estas voces da el Diccionario de Martín Alonso[13].
2)          Llama la atención la similitud de algunos aspectos, especialmente el conteo, entre la pelota criolla y el tennis: de este último sabemos que fue introducido como deporte al aire libre con la denominación de "Lawn Tennis", por Wingfield en Inglaterra por los años de 1874 pero que se jugaba con anterioridad en espacios cerrados bajo la forma de "court tennis" o "royal tennis", siendo que algunas autoridades encuentran este juego o sus orígenes, entre los árabes antes de Carlomagno[14].
3)          La hipótesis del origen indígena del juego de pelota criolla se basa en la referencia que hace Lisandro Alvarado de que Nicolás Federman lo vio jugar a indígenas de la región hacia 1530 y en el hecho de la existencia de un juego de pelota en las culturas centroamericanas. La descripción que Federman pudo haber hecho la desconocemos pero a la hora de darle su justo valor habría que analizarla detenidamente para determinar la posible relación entre el juego de la pelota criolla y lo que vio el citado Federman.

En cuanto al juego de pelota de las culturas centroamericanas hay algunas observaciones que vale la pena destacar:

El cronista español Herrera y Tordesillas, citado por Von Hagen[15], describe un deporte que practicaban los aztecas llamado "tlachtli", con pelotas de goma endurecida, "en el muro del costado fijaban algunas piedras como las de un molino, con un gran agujero que atravesaba la mitad" y "en toda cancha había un templo". Stephens, quien descubrió la cancha de pelota de Chichen-Itza describe que a una altura de unos 20 pies sobre el suelo, adheridos al muro, había dos enormes y macizos anillos de piedra de 4 pies, atravesados por un gran agujero y alrededor de su borde dos serpientes entrelazadas; refiere Von Hagen que cuando Stephens se dio cuenta de que los dos anillos se encontraban uno frente al otro a través de unos 120 pies de ancho del atrio recordó que en Uxmal había visto algo similar. Stephens, agrega Von Hagen, habló de cancha de “tenis” ("pues aún no se había inventado el básquetbol, al que muchos le parecía este juego indio").

En un grabado que Ceram reproduce en su obra[16] hecho por Christoph Weiditz hacia 1528-29, se muestra el juego de los aztecas y tiene una inscripción en alemán en el ángulo superior derecho que traducido al español dice: "De esta manera juegan los indios, con una pelota hinchada, a la que dan con el trasero y las manos, sin que toque el suelo. También llevan un cuero duro en el trasero para recibir el golpe de la pelota, y calzan guantes de cuero".

La descripción de la técnica del juego de pelota que se practicaba en las culturas centroamericanas, que hace Fray Bernardino de Sahagún, citado por Toscano[17], así como las escenas alusivas al mismo juego que se aprecian en los diferentes códices mayas, no tienen ninguna similitud con el juego de pelota criolla. Igual cosa puede apreciarse en las descripciones de Fray Toribio de Benavente o Motolinía[18] quien, en efecto, en el acápite 776 del capítulo 25 de sus Memoriales dice al texto: "Llamaban a uno que tenía especial arte del demonio, para que metiese la pelota por alguno de los agujeros de las piedras, y esto había de ser hiriéndola con el cuadril o media nalga, e invocando al demonio, metía de lejos la pelota por el agujero, de lo cual quedaban todo espantados, porque meter aquella pelota por tan pequeño agujero hiriéndola con el cuadril más parece maravilla que otra cosa, porque tomándola un hombre con la mano y allegándose muy cerca, no la embocará de cien veces una, ni de de doscientas. Los que se hallaban presentes, que no eran pocos, decían que aquel se embocó la pelota por el agujero había de ser ladrón o adúltero o había de morir preso". Como puede observarse esto no tiene ningún parecido, ni en la forma ni en la intencionalidad, con la pelota que se ha jugado en las zonas de Curarigua.

Ivanoff refiere[19] que el juego de pelota que se extendió por Centro América tenía una profunda significación ritual, siendo que todas las ciudades mayas tenían un terreno de juego, ámbito "de las más poderosas fuerzas mágicas". El juego, dice Ivanoff, consistía en pasar una pelota de caucho crudo por un anillo de piedra colocado verticalmente en un muro, a una altura variable, estando prohibido usar pies y manos. El juego tenía tanta significación ritual, que es nombrado en el Popol-uh (especie de Biblia maya) con una gran significación mítica, en el episodio en que los señores de Xibalba (mundo de abajo o infierno) retan a dos héroes gemelos a un partido que éstos últimos pierden y la cabeza decapitada de uno de ellos se transforma en símbolo de la fecundidad.

Indiscutiblemente que este juego de pelota de los maya-quichés, aztecas y toltecas no tiene ninguna semejanza con el juego de la pelota criolla, ni en su práctica ni en su significación, y en todo caso habría que explicar como llegó a las tierras del actual Estado Lara de Venezuela.

Felipe Salvador Gilli[20] describe entre los otomacos un juego de pelota que, en su decir, no se propagó a otras naciones orinoquenses. Era jugado con una pelota, que en realidad era "un globo de resina de caucho, bien apretado, comprimido y elástico, y de suma ligereza al botar", y de un peso de unas dos libras. En la descripción que hace Gilli dice: "Deben ser doce contrarios de otros doce, y todos sin armas. A veces son solo varones, otras, hay también mujeres, aunque desnudas, esto es, con solo el ceñidor, se les permite llevar en la mano una pala de madera de la longitud de unos tres palmos, con que rechazar el caucho".

"Dispuestos de la manera dicha los jugadores, uno de ellos, lo mismo que en nuestro del balón, tira al otro la pelota. Y he aquí lo lindo de este juego. No se vuelve a golpear la pelota con la mano, como nosotros lo hacemos, ni con ningún otro instrumento cualquiera, sino sólo con el extremo de los hombros o con la cabeza. Y ni siquiera son los dos, sino sólo el hombro derecho precisamente... ". Más adelante el mismo Gilli agrega: "Si fue inventado allí mismo el juego de los otomacos, o si llevado de otros lugares allá, no se decirlo. El P. Gumilla, que lo creyó al principio todo orinoquense, supo después, como él dice, que un juego semejante se halla en México entre los indios de los altos montes de Topia”. Gilli también anota que Oviedo en su Historia Natural de Indias, lib. VI, cap. II, refiere entre los indios de Santo Domingo un juego similar.

Si el juego de pelota criolla tuviese sus raíces en los juegos indígenas habría que admitir que éstos sufrieron una profunda transformación y que definitivamente tomó elementos hispánicos en sus jugadas y en las voces que las expresan. En una palabra, nuestra pelota sería una expresión más del mestizaje, como también lo sería en caso contrario de que sus raíces fuesen hispánicas y modificadas en tierras americanas.
















PATIO O CANCHA DE PELOTA CRIOLLA

Cuadro de texto: 3 mts 




24 a 34mts
 

                                                                                                                  






                                                                         







Equipo A

1.      Partidario
2.      Contrarresto
3.      Pala Central
4.      Pala Delantera
5.      Pala Delantera

Esparcimientos

Otros esparcimientos, generalmente reservados para personas del sexo masculino eran "el bolo" y las "peleas de gallos". Para el bolo se acondicionaba un terreno limpio y firme, de aproximadamente unos 10 ó más metros de largo al fondo del cual se colocaba un tablón o soporte de madera llamado "matacho"; se usaba una bola grande de madera (generalmente de vera) de unos 12 a 14 cms de diámetro aproximadamente, y el objetivo era derribar "las mochas" (algo parecido a unos papelones de madera); este juego se practicaba en Curarigua, con seguridad ya hacia la segunda mitad del siglo XIX, según referencias orales que obtuvimos; sus orígenes los desconocemos.
Los esparcimientos de la niñez eran simples. Los de menor edad jugaban al "escondite" o a "la cabra coja", o a los papagayos; los de más edad jugaban a la pelota. El esparcimiento familiar consistía en el juego de los naipes o juego de baraja que era la denominación común (se jugaba "la burra" y el "tute") pero fundamentalmente era la tertulia, siendo muy común la reunión tanto en los portones de las casas (alumbradas con faroles de velas o lámparas de carburo).

Como en las casas de las haciendas, para oír los cuentas o "casos" acerca de los "encantos" y demás leyendas y consejos, así como los cuentos infantiles de Blancaflor, Tío conejo y Tío Tigre, Pedro el malo y Juan el bueno.


Peleas de Gallo en Curarigua

Este entretenimiento, que tiene sus orígenes en los pueblos europeos, pasó a Hispanoamérica con la conquista y la coloni­zación. En Curarigua formaba y forma parte de la vida social, domi­nical y días festivos. Ha sido una diversión tradicionalmente masculina, aunque hemos podido observar últimamente la presencia de mujeres.

Hubo muchas galleras diseminadas a lo largo de nuestra geo­grafía parroquial. Con certeza sabemos que hacia mediados del siglo XIX hubo una, propiedad de Francisco Gutiérrez, frente a la plaza Bolívar, en una casa contigua a la casa de la cultura. No pocas reyertas como la protagonizada entre Eduardo Oropeza y el Padre Ramos hacia 1859 que ocasionó un pleito judicial, actualmente existen tres galleras, que se rotan los desafíos de gallo: la del Club Colonial, Club Santo Domingo y La Entrada.

La gallera tiene un diámetro de tres metros y su forma es si­milar a una plaza de toros.

En cuanto al cazamiento de las peleas, rigen ciertas reglas que datan desde muchísimos años. Entre las normas más conocidas se puede mencionar, la igualdad, tanto en el tamaño de las es­puelas como en lo que pesa el animal. Se permite el uso de espuelas postizas (zapatón), hechas de carey (tortuga de mar) con longitudes entre 21 y 22 milímetros para gallos y 18 milímetros para pollos, cuyo par está por el orden de los 20 mil bolívares, y entre los fabricantes se conoce a Rigoberto Corbo nativo del caserío Campo Alegre.



Originalmente las peleas tenían una duración de 40 minutos con discareo (una especie de ejercicio de los gallos). Hoy, la duración es de 30 minutos con jaula. Son a muerte. Un Juez designado al efecto es el encargado de levantar la pelea y anunciar el ganador, de conformidad a reglas que rigen al efecto. En el argot gallístico, para apostar, la denominación mone­taria es el “peso" que equivale a cuatro bolívares. La unidad de peso es la libra.

En el juego se escucha una diversidad de términos y frases muy propias de esta diversión, provenientes del encendedor griterío en las concurridas galleras de Curarigua. Para distinguir los distintos ejemplares de gallos se clasifican según el color de su plumaje en: zambos (colorados), marañones (entre rojo y cenizo), camagüeyes (amarillo claro y blanco), giro (amarillo con negro) y muchos otros. También suelen ponerle nombres simbólicos: mí papá por ejemplo tuvo un gallo muy bueno que llamaba El Torito. Como buenos criadores del Curarigua de ayer se recuerda a Gilberto Torres, Alcides Alvarez y muchos otros.

Esta diversión, son una de las principales fuentes de ingre­so en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico. En Curarigua constituye una fuente de empleo importante. En algunos países, esta diversión ha sido prohibida por nor­mas establecidas. La asistencia de menores de edad no está permitida.

A propósito de la afición de este juego, en el libro Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora (1890-1937), pág. 60 cuya autoría le pertenece al Dr. Luis Eduardo Cortés Riera, nos encontramos con la curiosa nota – “Muchos años después, en un discurso que pronunciaba el Dr. Oropeza (se refiere al Dr. Ramón Pompilio Oropeza) con motivo del XXXI aniversario del Colegio La Esperanza en 1931, se quejaba de que el día de la fundación del colegio (1º de mayo de 1890) “un número de importantes elementos” de la colectividad prefirió irse a Curarigua, localidad en donde se escenificaba un gran desafío de gallos antes que brindarle apoyo a aquella extraordinaria empresa educativa que nacía…”














Encuentro de cantores de velorio en la Casa de la Cultura de Curarigua, 1996
Fotografía: cortesía de Juan García
 
 

 


Toros Coleados en Curarigua


Los toros coleados son un espectáculo de ascendencia his­pánica. Su origen en Venezuela parece relacionarse con las faenas de vaquería de invierno y verano. Cuando el hombre se dedicaba a las labores de recolección de ganado vacuno para el conteo, la hierra, la señal y la venta del producto,  y se escapaba una res de la manada, el jinete la perseguía y si no lograba alcanzarla, procedía a tomarla por la cola y derribarla, logrando así su captura. En Curarigua y en otras partes del país se produce periódicamente, y como un complemento de las fiestas patronales o de cualquier otra jornada popular.

Inicialmente se practicaba a campo abierto. Una vez que se populariza                     se comenzaron  a  construir  las  primeras  mangas  de  co­leo.  En efecto, en el caso de




Curarigua, cerrando con maguey las boca calles de la Calle Real o Principal, para que la calle li­bre hiciera las veces de manga de coleo. Después se alternaban; una vez desde la Plaza San Antonio hasta la Plaza Bolívar y otro año desde la esquina de Talita hasta la esquina de la bailarina del tamunangue, la recordada Juana del Carmen Guédez.

La actual manga de coleo fue inaugurada en 1976 y honrada con el nombre de Fenelón Torrealba Sigala. Su construcción, en las adyacencias del Cementerio local, fue por la iniciativa de los hermanos Oropeza: Hugo y Nacho, con el apoyo de la Junta Parroquial quien donó 200 tubos de 6mts x 3 pulgadas, del Central Turbio y vecinos de Curarigua. Desde entonces se dejaron de realizar los toros coleados en la Calle Principal, donde era común observar a los espectadores guindando de las ventanas coloniales de las vivien­das, escenas que han sido plasmadas en el lienzo, por los artistas plásticos curarigüeños Arsenio Torres, Rafael To­rres y Rafael Domingo Sosa.

Entre los coleadores curarigüeños de grata recordación, de ayer y de hoy, encontramos a Fenelón Torrealba (cuyo nombre honra nuestra manga de coleo), Chicho Silva galardonado con tres premios nacionales consecutivos, Hugo Oro­peza conocido ampliamente a nivel regional, José (Poche) Silva (único que coleaba en una mula), Ambrosio Suárez, José Agustín Mora, Leoncio Mora, Enrique Álvarez, Alcides Álvarez, José Bejarano, Cruz María Siga1a, Segundo Medina, Miguel Montezuma, el Chino Efraín y muchos otros.

En el pasado no había la necesidad de alquilar toros co­mo ahora, por cuanto, los dueños de hacienda y de ganado colaboraban cada uno, con un animal. La gente recuerda un toro muy bravo de Poche Silva, que al soltarlo no quedaba nadie en la manga. En este deporte no sólo los coleadores logran prestigio, también se recuerda a los caballos, amigos fieles de estos hombres: el Trotón de Hugo Oropeza, Come Techo de Alí Cama­caro, El Perico de Cruz María Sigala y otros.

Al principio no existían reglas para la práctica de este deporte y los individuos que perseguían un toro superaban los 30 coleadores. Esto, con el tiempo, se fue reduciendo a 20, 15, 10, hasta hoy día que sólo participan 5 coleadores por turno.

La práctica de toros coleados cuenta con tres elementos fundamentales: el caballo, el coleador y el toro. Un buen caballo de coleo debe presentar, por lo menos las siguientes características: 1) que se quede quieto en la puerta del coso; 2) que siga al toro en su carrera; 3) que tenga suficiente velocidad para pasarlo y 5) que “baile” y ejecute los pasos enseñados por el jinete ante el público.


Entre los curarigüeños que se fajaron como los buenos para construir la manga de coleo podemos citar a Silfredo Jiménez, Flavio Sánchez, Pablo (Paúcho) Rodríguez y un señor apodado El Águila entre otros. En el replanteo y nivelación del terreno colaboró el topógrafo Henri Reyes.

La talanquera con la que se fabrica la “manga” o pista debe tener unos dos metros de altura, doscientos cuarenta metros de largo y 12 metros de ancho. La de Curarigua se ajusta a estas medidas oficiales,  262mts x 11mts de ancho).

PARROQUIA ANTONIO DÍAZ
CALENDARIO DE FIESTAS TRADICIONALES

FECHA
CELEBRACIÓN
LUGAR
06 de Enero
Fiesta de los Reyes Magos
Curarigua
Caserío Campo Alegre

08 de Enero
Fiesta en honor a Nuestra Señora de Altagracia

Curarigua
14 de Enero
Fiesta en honor a la Divina Pastora[21]

Buena Vista
01 de Enero al 2 de Febrero
Robo y Búsqueda del Niño
Curarigua
Santo Domingo
Campo Alegre


Fecha Movible, Febrero y Marzo
Carnaval
Curarigua
Uveral


11 de Febrero
Fiesta en honor a la Virgen de Lourdes.
Caserío Tunalito
Fecha Movible, Marzo y Abril
Semana Santa
Curarigua
La Rinconada


Domingo de Pascua o de Resurrección
Quema de Judas[22]
Curarigua
San Isidro


19 de Abril
Día de Fiesta Nacional

Celebración nacional y con carácter local.


Desde el 3 de mayo y todos los fines de semana del mismo mes.

Fiesta de la Santísima Cruz  (Velorio Cruz de Mayo)
En toda la geografía parroquial.
15 de mayo
Fiesta de San Isidro Labrador.
San Isidro
28 al 31 de mayo
Fiesta en honor a Jesús de la Buena Esperanza.
Caserío Ira


FECHA
CELEBRACIÓN
LUGAR
13 de junio
Última semana de junio

Celebración a San Antonio.
(Tamunangue o Baile de los Negros)
Curarigua
Paso de San Antonio
29 de junio
Fiesta de San Pedro Apóstol
Caserío La Rinconada

16 de julio
Fiesta en honor a la Virgen del Carmen.
Uvedal
Curazaíto

Últimos días de julio
Cabalgata, desde 1992.
Curarigua – El Tocuyo
4 de agosto
fecha movible
Fiesta en honor a Santo Domingo de Guzmán.

Curarigua
Santo Domingo
7 de octubre
Fiesta a Nuestra Señora del Rosario.

Campo Alegre
1 y 2 de noviembre
Santos y Fieles Difuntos.
Curarigua

2 al 10 de noviembre y seguidamente todos los lunes del mismo mes



Procesión de Ánimas[23]

Curarigua
Uvedal
8 de diciembre
Fiesta en honor a la Virgen María
Barrio Santa María, Curarigua.

16 al 24 de diciembre

Misas de aguinaldo
Curarigua
25 de diciembre
Navidad
En toda la parroquia

28 de diciembre
Día de los Santos Inocentes (Fiesta de los Locos)
Tunalito
Curarigua
Uvedal
Ira
San Isidro
Campo Alegre

24 de diciembre al 15 de enero
Parrandas navideñas
En toda la Parroquia Antonio Díaz

31 de diciembre
Despedida del Año Viejo y llegada del Año Nuevo.
En toda la geografía parroquial




























“El tamunangue ha debido venir a Venezuela en la época de la Colonia, probablemente cuando el gobierno de la provincia tenía su asiento en El Tocuyo, a mediados del siglo XVI, en las postrimerías de la administración Alemana. En aquellos días, /.../ se trajeron negros de Cabo Verde (África). Acaso algunos de esos negros se escalonaran en el camino que une a Curarigua con El Tocuyo, ya que en ambas poblaciones -y en los lugarejos situados en dicha vía- es donde aún se baila el verdadero tamunangue...”.

Julio Ramos, 1936
(Novela Los Conuqueros)
EL TAMUNANGUE

Francisco Suárez Torres
Médico Cirujano

En Curarigua hasta la década de los años 1940, la denominación popular era “Baile de Negros”, “Negros de san Antonio” o simplemente “Los Negros”.

Bastante se ha escrito acerca de esta expresión fol­k1órica que sin lugar a dudas tuvo su origen y desarrollo en las regiones de El Tocuyo y Curarigua, y si bien en el fondo son una misma cosa, era posible observar algunas pe­queñas diferencias entre el tamunangue de El Tocuyo y el de Curarigua , determinadas fundamentalmente por variaciones en el paso y en general en lo que podríamos decir la coreo­grafía, al menos así lo pudimos observar hacia 1945-50 comparando el baile en las regiones de Ira y Maraca (que es el mismo que se baila en El Tocuyo) con el que pudimos ver en el pueblo de Curarigua, en Campo Alegre y en El Uvedal.

El Tamunangue se mantuvo, al menos en Curarigua en su original pureza hasta mediados del siglo XX, cuando era una expresión popular muy auténtica sin los elementos extraños que tanto en la indumentaria (pañuelos rojos al cuello y alpargatas negras) como en los movimientos del baile le han sido agregados. Para estos años, según referencias de ancianos, era el mismo tamunangue que se conocía desde el siglo XIX y posiblemente el mismo que venía de años atrás, sin que podamos precisar cómo y cuándo se fue formando es­ta bella expresión musical.

El tamunangue que siempre se cantó y bailó en Curarigua fue, y sigue siendo para el pueblo, una ceremonia netamen­te devocional, efectuada delante de la imagen de san Antonio de Padua y siempre de día, jamás de noche, y en la fecha del 13 de junio, día de San Antonio, o en cualquier otro día pero siempre como promesa al santo, nunca como una fiesta mundana. En Curarigua, el tamunangue comienza y termina con una salve dedicada a San Antonio; después de la prime­ra salve se baila la “Batalla”, especie de simulacro de asalto al bastón (juego de palos) al compás de coplas alusivas que se cantan acompañadas de cuatro y tambor. Después de la “batalla” se intercalan varios “sones” hasta la salve final.  Cuando el baile va de una casa a otra sin haber terminado, se lleva en “batalla” por las calles o caminos.

Cada “son” está compuesto por seis “golpes” que se su­ceden siempre en el mismo orden: La Bella, La Juruminga, El Chichivamo, El Poco a poco, La Guabina y el Seis Corrío.

La Bella: La música es de un ritmo rápido, en realidad es un “golpe corrío”. La letra que se canta es cualquier copla de los otros golpes, solamente que entre verso y ver­so se intercala un estribillo que dice: “AY bella, bella, la bella anguá”. Un coro comienza diciendo:

“En nombre de Dios comienzo
y no quisiera acabar
AY bella, bella
La bella anguá
Ay bella bella
La bella anguá”.

El mismo coro u otro continúa con otra copla y el mismo estribillo.

El Chichivamo: En algunas descripciones del tamunangue se habla de “Yiyivamo”. En Curarigua la pronunciación de la palabra es con “ché” como lo anotamos al principio. El baile es más o menos como en la Bella, tiene también un ritmo movido con características de “golpe”. En el Chichiva­mo el canto va dedicado a los bailadores, ordenándoseles di­versas acciones; comienza con un estribillo que lo canta uno solamente:

“Ay chichivamo”

y luego sigue la copla:

“De media orilla
como la anguilla
De medio lao
como el pescao"

Repitiendo de vez en cuando el estribillo, el canto conti­núa, tomando un ritmo un poco más movido cuando se canta la copla, intercalándole algunas ordenes a los bailadores que éstos ejecutan: “traéla pa’cá”, “pasála los brazos”, entre otros.

La Juruminga: La música es distinta a la de las partes an­teriores, el ritmo se hace más lento y entrecortado, con un rasgueo característico de los cuatros. La letra consta tam­bién de un estribillo: “Juruminga numá, tumbirá” en medio del cual uno de los cantadores, el “primo”, intercala frases diversas alusivas a los músicos o a los bailadores:

“Juruminga numá
Tumbirá
Ese tamborero
Tumbirá”
etc.
           
El Poco a Poco: la música es lenta, con un ritmo entrecor­tado, siendo la parte más difícil de bailar, si se le hace con la gracia y a la vez la compostura y elegancia que todo baile de negros tiene. La letra dice:

“Baile este poco a poco

y el conjunto contesta:
“Ay tomé
Ay tó”

Y así continúa intercalando siempre el mismo estribillo de
“Ay tomé
Ay tó”.

La Guabina: La música tiene dos variantes rítmicas. En la primera es un ritmo entrecortado y lento, el “coro” di­ce: “Así” y el “primo” contesta: “A negro bueno”, repite el “coro” lo mismo y el “primo” va contestando di­versas frases, indicando a veces acciones a los bailadores, hasta llegar a la parte de los “calambres”, cuando el pa­rejo simula un ataque nervioso con convulsiones y desvaneci­miento, la pareja lo soba y lo contiene en sus brazos. De pronto la música toma un nuevo ritmo mas rápido, entonando los cantadores un estribillo picaresco, el corrido de la guabina:

“Corréle a la guabina,
mirá que se te va
se fue p’al caramero
porque en el charco no hay ná”

Luego vuelve el ritmo lento y los “calambres” y así conti­núa.

El Seis Corrío: se le llama también “seis figuriao”. Es la parte más alegre del tamunangue, la baila no ya una sola pareja sino varias simultáneamente, ya no van sueltos sino en ciertas formas entrelazados, haciendo figuras coreográficas elegantes. La música tiene un cierto aire de polka, no es un merengue (que en Curarigua es exótico) ni es tam­poco propiamente un golpe, es simplemente “seis corrío”, único en sí.
A la manera como lo entiende el pueblo, el tamunangue no es un baile por bailar; es, como se ha dicho, una cere­monia en honor del santo paduano. En este sentido es necesa­rio observar en el lugar mismo, la seriedad y circunspección que se aprecia tanto en cantadores como bailadores, la elegancia serena de las parejas, sin risas ni muestras de ninguna clase de sensualismo; de ahí la expresi6n de Lira Espejo, citado por Silva Uscátegui: “La elegancia aristocrática­, la pureza de concepción de sus movimientos”.

Hemos hecho, simplemente, una descripción muy somera del tamunangue, del cual se ha escrito ya bastante y habrá mucho que investigar acerca de sus orígenes, pues al hablar de las expresiones culturales de Curarigua no podría faltar un elemento de tan particular importancia en lo que es el acervo cultural del pueblo de Curarigua.

___________________
* Publicado originalmente por la Oficina del Cronista Parroquial, Prof. Bernardo Yépez, fascículo Nº 48


APORTE DE LOS CURARIGÜEÑOS A LA BIBLIOGRAFÍA NACIONAL
(1870-2007)

Por Bernardo Yépez

I

A raíz de la celebración de los 225 años de nacimiento de Curarigua de Leal, actividades realizadas durante el mes de mayo del 2006, me correspondió preparar una conferencia relacionada con el aporte de los curarigüeños a la bibliografía nacional. Desde hace unos cuantos años ya venía compilando el material y hasta los libros propiamente. A medida que iba acumulando la información, la sorpresa me estimulaba a continuar la tarea que me había impuesto. Llegó el momento que le dí corte para ofrecerla en conferencia a los colegas docentes y vecinos de la Escuela Bolivariana Estadal Carmen Teresa Alvarado del caserío La Rinconada de nuestra geografía parroquial, así como también a estudiantes del Liceo Bolivariano Expedito Cortés de Carora.

            En virtud del interés mostrado por los asistentes a la citada conferencia y vista de la importancia que tiene la información, el Cronista Parroquial no ha escatimado ningún esfuerzo y la ha incorporado a este trabajo para el conocimiento de los lectores de esta obra, en correspondencia con la preocupación permanente en el ejercicio de mi responsabilidad.

                
Finalmente, quiero agradecer a nuestros lectores, se sir­van proporcionarme información que nos permita enriquecer el presente trabajo para una segunda publicación.


II



ALMAO, Félix
(Curazaíto, 1945)
1.      La Voz del Campesino (Poemario). Ediciones de la Casa de la Cultura de Curarigua, 1998. Colección Brumas Nº 6. Imprenta Oficial del Estado Lara. p. 30

ALVAREZ, Gerardo y Candelario Oropeza
(Curarigua)
2.      Canturías de Curarigua.
Ensayo. Ediciones de la Casa de la Cultura de Curarigua. Imp. Diario de Tribunales, 158 p.

DUDAMEL, Domingo
(Tunalito, 29-05-1935)
3.      Reflexiones.
Poemario. Ediciones de la Casa de la Cultura de Curarigua, 1997. Colección Brumas Nº 4.

CHÁVEZ F., María Eglée
(San Pedro) Parroquia Torres
4.      Vivencias de mi Infancia.
Ediciones de la Casa de la Cultura de Curarigua, Impreso en los talleres de la Universidad Nacional Experimental Politécnica, 1992.

CRESPO, GUTIÉRREZ, Antonino.
(Curarigua, 1870- Curarigua, 1896)
5.      Brumas.
Poesía. Imp. Torres. Carora, 1895.







 
ESCALONA TORRES, Flavia
(Curarigua, 1942)
6.      ¿Como se Organiza un Club de Biología o de Ciencia?
Editado por el Departamento de Extensión del Institu­to Universi-tario Pedagógico Experimental de Barquisimeto, 1978. 31 p.

ESCALONA, Arturo
(Curarigua)
7.      Cuentos de Curarigua.
Biblioteca de Autores Larenses. Edición de Fundacultura y Fundalara.

GIL GUTIÉRREZ, Miguel
(Curarigua, 1877-Curarigua, 1929)
8.      Próceres Larenses.
Imp. Torres, Carora, 1910. 8 pág.
9.      Próceres Larenses.
2da Edic. aumentada. Tip. Arte. Carora, 1928.

GIL YÉPEZ, Carlos
(Curarigua, 1910-Caracas, 1976)
10.  Miocarditis Parásito-Carenciales.
1948. s/d.
11.  Bases y Doctrina para una Reforma de los Estudios de Medicina en Venezuela, en colaboración, 1961.
12.  Aproximación Antropológica a la Cardiología. El Médi­co el Paciente y la Muerte.
Editorial Médica Venezolana, Caracas, 1969.
13.  El Médico, el Paciente y la Muerte
(Reedición). Caracas. Monte Ávila, 1974.
14.  Introducción a la Medicina Antropológica. Cara­cas, 1974. Ediciones OBE, U.C.V., 268 p.

15.  Tres Estudios Sobre Medicina Antropológica.
Obra Pós­tuma. Edit. Médica Venezolana, 1977, 361 p.

GUTIÉRREZ, Rafael Antonio
(Curarigua, 1867-Humocaro Alto, 1911)
16.  Narraciones de Lourdes.
París, 1905.
17.  La Santa Cuaresma.
18.  La Devoción del Rosario
19.  Viaje a Roma
20.  Catecismo Josefino

MELENDEZ DORANTES, Jesús
(Curarigua, 1946)
21.  La Muerte de las Golondrinas.
Ediciones de la Casa de la Cultura de Curarigua, 1994.

OROPEZA, Ramón Antonio
22.  Árbol Genealógico de la Familia Oropeza.
Ediciones de la Casa de la Cultura de Curarigua, 44 pág.

PACHECO, José de los Santos
(Curarigua, 1942)
23.      Canturías de Curarigua II.
Ediciones de la Casa de la Cultura de Curarigua. p. 30

PEREIRA, Carmen Yolanda
(Curarigua, 1951)
24.  Una Aproximación a la Vida y Obra de Rafael Domingo Silva Uzcátegui (1887-1980). Publicación del Centro de Historia Larense. Impresión: Diario de Tribunales, 1992.
25.  RAMOS, Ennodio
(Curarigua, 1917- Porlamar, 1984)
26.  Los Pasos del Tiempo.
Poemas. Editado por la Dirección de Cultura del Estado Nueva Esparta, 1966.
27.  Canto Rebelde. Poemario
28.  Armonías.

RAMOS, Julio César
(Curarigua, 1901-Caracas, 1991)
29.  Los Conuqueros.
Novela. Tip. Americana. Caracas, 1936. 180 p. (Primera edición)
30.  Los Conuqueros.
Novela. (Segunda Edición). Editorial Carte­les, C.A. 1997. 164 p. Edición de la Alcaldía del Municipio Torres.
31.  El Presentimiento.
Novela corta, 1925.
32.  Ruleta Zodiacal.
Cuentos y Juglarios. Edit. Elite. Caracas, 1931.
33.  Falconete.
Memorias de un Periodista. Cooperativa de Artes Gráficas. Caracas, 1933. 257 p.
34.  Falconete.
2da Edición. Talleres de Artes Gráficas. Ca­racas, 1936. 257 p.
35.  Gerardo   Sol (Epopeya de un hombre nuevo).
Impresores Unidos. Caracas, 1938.
36.  Las Vidas del Gato.
Novela. Publicada con el seudónimo Cirilo Dudamel. Imp. López. Buenos Aires, Argentina 1947. 115 p.
37.  Las Vidas del Gato y los Pescadores de Charco Azul.
2da   Edición   aumentada   con   un cuento. Publicada sin seudónimo. Edit. González Porto. Imp. E. Sánchez Leal. Madrid, 1956. 134 p.
38.  Las Vidas del Gato y los Pescadores de Charco Azul. 3ra Edición. Aumentada con un cuento. Ediciones González. Caracas, 1956. 125 p.
39.   Zorrotigre, El Dictador que más trabajó para el Diablo.
Novela. Imp. Buenos Aires, Argentina 1949. 119 p.
40.  La Selva (Novela). Primera Edición. Gráficas Panamericana, México, 1949. 149 p.
41.  La Selva. (Novela). Segunda Edición. Edición del Ministerio de Educación. Biblioteca Popular Venezolana. Edit. Arte. Caracas, 1962. 147 p.
42.  El Enigma de los Platillos Voladores.
Reportaje. s/d.
43.  De la Dictadura de Zorrotigre a la Caminocracia de Car­los Andrés. Memorias. Ávila Arte. Caracas, 1981, 118 p.

SIGALA, Honorio
(Curarigua, 1893- Barquisimeto, 1976)
44.  Bosquejo de la Evolución Social en Venezuela.
Impre­so en Argentina, Buenos Aires, 1942, 23 p.

SILVA DE CARMONA, Dalgiza
(Curarigua, 1946)
45.  Versos y más Versos.
Ediciones de la Casa de la Cultura, 1997.
46. SILVA UZCÁTEGUI, Rafael Domingo
(Curarigua, 1887-Caracas, 1980)
47.  Notas de Viaje.
Diario de un Viaje a Europa, 1917. Tip. Vásquez e Hijos, Barquisimeto. 50 pág.
48.  Historia Crítica del Modernismo en la Literatura Castellana.
Imp. Viuda de Luis Tasso, Barcelona, España, 1925. 459 p.
49.  Psicopatología del Soñador.
Edit. Araluce. Barcelona, España, 1931. Imp. J. Bertrán, 231 p. 14,5 x 22,5 cm.
50.  Enciclopedia Larense.
2 Tomos. Imp. Unidos. Caracas, 1941. Tomo I: 319 p. Tomo II: 540 p.
51.  Enciclopedia Larense.
2da. Edic. aumentada y revisada. 2 Tomos. Imp. Juan Bravo. Madrid, 1969. Tomo I: 505 p. Tomo II: 622 p.
52.  Enciclopedia Larense.
3ra. Edic. 2 Tomos edición de la Presidencia de la República. Biblioteca de Autores Larenses. Imp. Servicios Gráficos Editorial Caracas, 1981. Tomo I: 505 p. Tomo II: 624 p.
53.  Historia Biológica de Bolívar. S.P.I. Buenos Aires, 1954. 231 p.
54.  Historia Biológica de Bolívar.
Imp. Talleres Gráficos Universidad de Mérida, 1984, 231 p. Reimpresión.
55.  El Estado Portuguesa.
Biblioteca de Cultura Portugueseña. Imp. Marsiega. Madrid, 1955. 268 p.
56.  Barquisimeto; historia privada, Alma y Fisonomía del Barquisimeto de Ayer.
Caracas, 1959, 303 p. láminas y planos.
57.  A la Luz del Psicoanálisis.
Imp. Juan Bravo. Madrid, 1969. 119 p.
58.  La Restauración de Monumentos Históricos en Venezuela.
Imp. Nacional. Caracas, 1969. s/d.

SUÁREZ, Francisco José
(Curarigua, 1924- Barquisimeto, 1999).
59.  Templos Parroquiales de Curarigua de Leal.
Ediciones de la Casa de la Cultura de Curarigua, 1995. Impreso en Editora Boscán C.A.
60.  Estudio Social y Económico de Curarigua de Leal desde la Colonia hasta el siglo XIX
(inédito, 900 pag.)

TORREALBA SILVA, Virgilio
(Curarigua, 1917- Caracas, 1994)
61.  La Historia como Fundamento de la Cultura.
Imprenta Oficial del Estado Lara, Barquisimeto, 1950, 19 p.
62.  La voz sencilla.
Crónicas. Edit. Ávila Garrido. Caracas, 1950, 142 p.
63.  Rojo en la Boína Azul.
Novela. Tipografía Garrido Caracas, 1962, 179 p.
64.  Universidad y Autonomía.
Ensayo, Caracas 1964.
65.  Curarigua su Historia y su Gente I.
Canto a mi Pueblo II. Ensayo y Poesía. Editado en los Talleres del Consejo de Profesores Jubilados UCV, 1986, 44 P.
66.  Entre Albas y crepúsculos.
Poemas. Editado en la Imprenta del Congreso Nacional. Caracas, 1980.
67.  El Caballero de la Libertad. Ediciones del Congreso de la República. Impreso en los Talleres Gráficos del Con­greso de la República, 1983. en el Año Bicentenario del Libertador.
68.  Derrumbe del Marxismo-Leninismo. Sus causas. Editado en los Talleres del Consejo de Profesores Jubilados UCV. Caracas, 1990.

YEPEZ, Bernardo
(Curarigua, 1945)
69.  Personajes Curarigüeños.
Ediciones de la Casa de la Cul­tura de Curarigua, 1994. Impresión: Editora Boscán C.A. Barquisimeto.
70.  Liceo Manuel Torrealba Ramos. Materiales para su Historia (1974-2001).
Imp. Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado. Dirección de Cultura, 2002.
71.  El Uvedal les Cuenta su historia. Ministerio del Ambiente, 2003. 119 pag. Ejemplar único.
72.   Cantemos con Valentín. Cancionero. Publicación del Comité Organizado 80 años de Valentín Carucí. 26 pág.
71. San Isidro le cuenta su historia. Colección: “Historia de los de Abajo”. Tipografía  y Litografía Horizonte, Barquisimeto 2007, 70 pág.


SERVICIO DE TELEFONOS *

El invento del teléfono fue patentado por Alejandro Graham Bell en los Estados Unidos en 1876. Seis años más tarde, en 1883 empezaron a extenderse los primeros hilos metálicos por sobre los aleros de los techos de tejas de las casas caraqueñas.

Por iniciativa privada de los señores Cruz Mario Sigala Alvarez y Juan José Herrera Zubillaga se constituyó en Carora a finales de 1913 una compañía con el objeto de instalar una red telefónica que comunicara a Carora con varias de las poblaciones del Distrito Torres, entre ellas Curarigua. La central telefónica en Curarigua fue administrada en sus inicios y por muchos años por Doña Lola Oropeza de Torrealba que funcionaba en la Calle Bolívar, hoy casa propiedad de los sucesores de Pompilio Mora. Los suscritores para ese entonces lo eran Alfonso Ramos, Tomás Suárez, Don Pancho Dorantes, Manuel Alvarez Oropeza, Pompilio Mora, Octavio Herrera Oropeza y José Silva Alvarez (poche) y la Jefatura Civil. Dicha red telefónica enlazaba además a Curarigua con las haciendas El Tíber (hoy La Corteza), El Papayal, La Pastora (hoy El Socorro), La Montaña, Campo Alegre, Altagracia, San Francisco y la Rinconada. La pulpería de Pompilio Mora en el caserío Joroba también disfrutaba de tan importante servicio.

Una vez que Doña Lola Oropeza de Torrealba se ausentó de Curarigua, la central telefónica fue instalada en casa del señor Maximiano Sosa quien fue además administrador de la misma, ubicada en la calle Bolívar frente al actual Club Colonial.

Este servicio telefónico a través de hilos metálicos colocados en postes de madera duró en Curarigua hasta más o menos 1963.


Por el año 1984, por iniciativa oficial siendo Gober­nador del Estado Lara el odontólogo Domingo Perera Riera, la Compañía Nacional de Teléfonos de Venezuela (CANTV) fueron instalados en Curarigua 4 teléfonos monede­ros: dos funcionaban en el área donde habían colocado la antena repetidora, y dos funcionaban frente al Ambulatorio Rural de Curarigua y uno para uso oficial de la Jefatura Civil, funcionaban a través de una antena repetidora colocada en el Cerro El Palmiche, cuyo diseño y materialización de dicho servicio estuvo a cargo del Ing. curarigüeño Gonzalo Escalona Torres, de grata recordación.

Telefonía celular.- En el segundo trimestre del presente año de 2007, Movilnet instaló una torre de 48 metros para colocar una antena direccional con tecnología de la República Popular China, de uso exclusivo para Curarigua. En los últimos días del mes de mayo, ya era posible la cobertura para los teléfonos celulares y unos días mas tarde fueron programados los teléfonos fijos inalámbricos. Este servicio llenó de alegría a toda nuestra comunidad y a caseríos aledaños a Curarigua, alegría que se expresó a través de la adquisición de casi 200 unidades de equipos inalámbricos (habla ya) por parte de los vecinos y caseríos aledaños a nuestro pueblo.

Telégrafo. La telegrafía inalámbrica o mejor dicho la radiotelegrafía fue posible en Curarigua a partir de 1965. La oficina fue ubicada en la calle Bolívar en la  casa de la Niña Enriqueta, hoy propiedad del señor William Rodríguez. Su primer operador fue el ciudadano Abrahan Encarnación Bello y el mensajero Gabriel Antonio Cuicas. Una vez removido del cargo el Sr. Bello, lo sustituyó el ciudadano Emilio Rafael Calderón y posteriormente como último operador fue el ciudadano Alberto Almeida.

Servicio de Correo.- Otro servicio básico que existió en Curarigua fue el servicio de correo. La tradición recuerda al señor Laureano Mendoza que realizaba este servicio de Carora a Curarigua usando burros como medio de transporte, una vez a la semana. Y desde la población de El Tocuyo realizaba este servicio otro señor que no recordamos su nombre, cuya ruta era El Tocuyo-Curarigua y Barbacoas. La Oficina del correo en Curarigua la administró por muchos años la ciudadana Angela Torres y estaba ubicada en su misma casa diagonal a la Capilla San Antonio. Una vez jubilada la señora Angela Torres la sustituyó Segunda Aldazoro y jubilada ésta en el año 1996, y como cosa curiosa hasta allí existió este importante servicio. Si por casualidad alguien nos escribe tenemos que buscar la correspondencia en la oficina de Correo de  Carora.



____________________
* Conversación con el vecino Vicente Escalona, 2007.

ASALTO GUERRILLERO A CURARIGUA EN 1962


En un comienzo, entre 1961 y 1962, la izquierda venezo­lana se esforzó por derrocar al gobierno a través de insurrecciones en las ciudades con el apoyo de guarniciones militares opuestas al régimen de Betancourt. Fue sólo a partir de 1962, luego de los fracasos de Carúpano (4 de mayo de 1962) y Puerto Cabello (2 de junio de 1962) que la izquierda  (PCV-MIR), optó por la guerrilla rural como forma principal de lucha.

Obedeciendo a un plan nacional el mismo día 4 de mayo de 1962, fecha en que ocurrió el carupanazo, un grupo guerrille­ro asaltó la población de Curarigua, Estado Lara. Luego de inutilizar las líneas telefónicas en varios puntos, recorrieron las oscuras y tranquilas calles del poblado con un megáfono donde arengaban consignas a nombre del ejército de Liberación Nacional y exhortaban a la población a no salir de sus viviendas porque sus vidas corrían peligro. Entre los actos realizados en esta incursión guerrillera se recuerda la voladura con niples de la puerta principal de la antigua sede de la Jefatura Civil de Curarigua y una de sus ventanas, por eso se puede observar que tanto la puerta como una de sus ventanas son de láminas de hierro, además dañaron un vehículo automotor del conocido agricultor Orlando Gil González, hicie­ron explotar niples frente a la casa de habitación del Jefe Civil Sr. José Silva Alvarez (Poche) y efectuaron numerosos disparos, cuyas perforaciones todavía se pueden apreciar en el portón y sus ventanas. La única persona que al oír los disparos realizados por el Comando Guerrillero y sin saber qué estaba pasando fue Ramón Escalona (El Chemeco) que optó por buscar su escopeta y desde su casa realizó disparos al aire.


Días después, luego de las investigaciones respectivas, se supo que los guerrilleros venidos de Carora habían dejado sus vehículos (un Mercedes Benz negro y un Wolswagen rojo) en El Paso del río de Curarigua que por estar crecido llegaron a Curarigua, a pie con sus armas al hombro. Las investigaciones poste­riores llegaron a la conclusión que se trataba de una célula guerrillera con conexión nacional conformada por Ricardo Rosas (Cae), los hermanos Padilla del Barrio Torrellas y Jesús María Oropeza, hijo del curarigüeño Maestro León Oropeza. Esta célula guerrillera tenía sus contactos en Curarigua y se cuenta que la conformaban Alberto Andara, Hernán Camacho, Isidro Sánchez, Rafael Antonio Silva (Pepén), Juan Rivero conocido popularmente como El Pompiliero por ser dependiente del negocio de Pompilio Mora y el productor agropecuario Hugo Oropeza entre otros. Como consecuencia de las investigaciones realizadas por los órganos del Estado, varias de los subversivos fueron detenidos por los organismos de seguridad, entre ellos Pablo Pérez, Juan Rivero El Pompiliero y Eleuterio Meléndez Dorantes.



GASTRONOMÍA Y ALIMENTACIÓN
Luis Eduardo Mora Santana

Sabores y Olores de Curarigua

La gastronomía es para los pueblos una tarjeta de presentación, constituye una construcción colectiva, porque vive en ella el sentir de todos cuanto han hecho aportes para su configuración y porque todo aquel que comparte ese espacio se siente heredero de lo que sus conterráneos han hecho. Así sucede con Curarigua y en todo ese valle por donde se desliza el río Curarigüita. Un pueblo colonial donde el tránsito histórico de conexión con El Tocuyo, Carora y el pie de monte andino de Barbacoas, permitió que todo el que venia trajera y el partía desde allí, llevara algo en las alforjas para mitigar el hambre en el camino. Cada cual fue poniendo un sabor y un olor a las comidas y el tiempo se encargó de amalgamarlo en una sola pieza.

Es Curarigua tierra ancestral de sembradíos de caña y no cabe duda que desde el trapiche como lo señalara Moreno Fraginals, se generó toda una "sociología del dulce", donde la melcocha, especie de pan de azúcar aderezada con especias, se convirtió en sustento de viajeros y jornaleros y en la delicia de grandes y chicos cuando aún la globalización no asomaba los vientos de la uniformidad de los caramelos envueltos en celofán. El papelón tan nuestro, ese capullo cónico, a veces rubio y otras moreno acompañó hasta hace poco las bebidas para alimentar a los curarigüeños y para otros que por herencia que quizá nos vino con la brisa andina, lo hicieron acompañar de un pedazo de queso en una mezcla antagónica de lo dulce y lo salado. Cuántas generaciones de curarigüeños han bebido guarapo, que no es otra cosa que una infusión de papelón disuelto a la que se le puede agregar leche y una pizca de café y que en casa de humildes y adinerados sirvió de sustento de los más chicos. El morral del peón de hacienda, del conuquero o del viajero pedestre o de lomo de bestia del pasado, seguro que contó con ese bastimento para garantizar el sustento.

Siendo Curarigua un pueblo de encuentro que en el pasado permitió ver el paso de viajeros, contó siempre con un lugar para mitigar el hambre. A finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, encontramos a Teolinda Torrealba, una mujer que se encargó de preparar comida a visitantes en su casa de habitación, tarea que heredó su hija María Andara, personaje que se recuerda en la actualidad como una de las embajadoras culinarias más representativas de la contemporaneidad curarigüeña reciente. Ir a Curarigua y sentarse a degustar un platillo donde María Andara era sentirse como en la propia casa. Sus manos llenas de una sazón especial para condimentar sobre todo las caraotas refritas, un plato emblema, aderezadas con manteca de marrano y otros aliños que sólo ella conocía. Los años cincuenta y sesenta curarigüeños contaron con otra extraordinaria mujer que satisfacía los gustos de los comensales que hasta su negocio acudían, me refiero a Rosario Cuicas, dependiente de una tienda de variedades y hasta de bebidas refrescantes, donde también ofrecía caldos, sancochos y mondongos entre otras exquisiteces. Era parada obligatoria de los que venían al pueblo y lugar de encuentro en tiempos de fiestas.
Sin embargo, el satisfacer paladares no sólo ha constituido en Curarigua una razón comercial, más bien se pudiera decir que la misma razón de ser un pueblo de encuentro, fue configurando la razón humana de la solidaridad con el que llega. Esa condición la poseía doña Juana del Carmen Guédez, mujer dispuesta a brindar sus mejores galas al visitante y en su propia casa ofrecer lo que sus manos elaboraban como por ejemplo las longanizas, especie de chorizos criollos de la que sólo ella tenia la receta particular, plato que ofreció a quien le visitara por la sola paga de conocer la impresión de sus comensales. Un sancocho de gallina del fogón de doña Juana era un potaje suculento, cocido al muy estilo curarigüeño, sin verduras, si acaso yuca o topocho verde, porque lo demás y a decir de la propia Juana: "le roba el sabor al caldo".

La cultura culinaria curarigüeña está ligada a la existencia del cerdo, de él su manteca para condimentar, las longanizas y chorizas y como olvidar los chicharrones de concha o carraos de los cuales Vicente Escalona recuerda los hechos por Félix Escalona en los años cuarenta, y los más recientes como los de Ramón Escalona el Chemeco, los de Miguel Torrealba y Toño Santana son aún una delicia que se comen de la bolsa al paladar como los elaborados por una franquicia comercial. En Curarigua a la morcilla se le llama choriza, y las hacen con la sangre y las vísceras del chivo y eran famosas entre otras las que elaboraba la familia de Eulogio Colmenárez. Las empanadas tienen en Carmen Crespo una representación colectiva. Crujientes y en las manos de todos en cualquier calle del pueblo.

La dinámica actual ha exigido que surjan personajes corno Atala "Talita" Carucí y Gisela González que haciendo los mejores esfuerzos cuidan de brindar a propios y extraños los platos tradicionales curarigüeños, como el mondongo de paticas de chivo o de cabeza de marrano, el mismo que libra una batalla con médicos y dietistas, pero que en el pasado, las labores más movidas que hoy se encargaban de liberar los posibles excesos.

No puedo dejar de destacar los dulces, conservas, panes, templones, quesillos cubiertos y suspiros que hacía Mónica Mejias, concertada de la casa de Doña Rosario Torres de Dorantes. En la esquina de aquella casa se reunían los pequeños a contar lochas, medios y reales para completar la paga del banquete de golosinas que allí vendían. Y cómo no recordar a la niña Celina Torres que tenía unas manos mágicas para hacer panes y amasijos de maíz y de trigo, los mismos que en temporadas salía a vender por las calles a grito de pregón Jorge Santana, sólo que en su inocencia gritaba “Vendo la cuca de la niña Celina” refiriéndose a las catalinas o paledonias y por lo cual fue reprendido severamente por la propia panadera, por la supuesta afrenta moral.

No es fácil señalarlos a todos cuantos han aportado por la contribución gastronómica de la tierra del tamunangue, pero seguro que en los que he señalado queda representada buena parte de la cultura culinaria de los curarigüeños.
VISITA DEL EJECUTIVO DEL EDO. LARA A CURARIGUA Y OTROS PUEBLOS DEL ESTADO LARA. 27 DE JUNIO DE 1887[24]

…Trabajoso es el camino que de Carora conduce a Curarigua; pero acompañado por los señores Generales Francisco N. Gimé­nez, Miguel Oropeza, Rafael Silva, Andrés A. Alvarez, F. Franco Urrieta, C.M. Sigala y otros que no recordamos, y que se dignaron seguir con nosotros hasta aquella población, que el nunca bien sentido Doctor Ildefonso Riera Aguinagalde llamó con ra­zón “La perla del Dto. Torres", la jornada aunque ruda, se nos hizo insensible, y a las 7 h. 18 m. nos desmontamos en el paso de Sn. Antonio, sitio encantador donde se nos había preparado un opíparo desayuno, pues desde la noche antes había sali­do de Carora el sr. Alberto Yépez con este objeto, y allí nos esperó, de tal manera preparado, que más que un desayuno nos guardó un almuerzo abundante y variado, que mereció toda nues­tra voluntad.

Mientras se desayunaban los que se habían quedado atrasados, varios vecinos del lugar, con guitarras y maracas pusierónse a tocar, y el señor General Juáres, que al sentir un preludio se convierte en un músico de raza, tomó una de las guitarras, y ya con ella, ya con un par de maracas, que maneja con suma habili­dad, se hizo por 20 m. miembro de la campestre orquesta.

Seguimos la marcha, y a las 9 h. 30 m. llegamos á la cima del cerro á cuyo pié se extiende el rico y pintoresco valle de curarigua, y no pudimos menos que detenernos a contemplar con admiración el espléndido panorama que se presentó ante nosotros; figúrese el lector que no conozca aquella bella Comarca, un in­menso campo de verdura, al pié de la empinada cordillera de los Andes, en cuyo multiplicados matices se ve con asombro un indescriptible lujo de naturaleza; valle anchuroso, sembrado de grandes plantaciones de caña y numerosos cafetales, y a pequeñas distancias los blancos edificios de las haciendas y acá y acullá, grandes y blanquísimos torreones despidiendo humo; y en medio de este mar de flores y verdura, el pequeño, pero lindo pueblo fundado por Berrío en 1610, y que desde el lugar en que, casi á vista de pájaro, lo contemplamos, nos pareció una bandada de blancas palomas posadas sobre un campo de gramas y flores. Aquel valle y aquel pequeño pueblo son de los más bellos que hemos visto en el Estado.

 El señor Doctor Gabriel Gil nos había ido á encontrar hasta el pié del cerro de “Bachaquero", como a 10 Kms. de Curari­gua, y ya iba en nuestra compañía cuando encontramos al Gene­ral Francisco Gutiérrez, que encargado de la Jefatura Civil del Municipio, salió al encuentro del Gobierno con un numeroso grupo de ciudadanos á caballo. Antes de entrar a la población en­contramos formadas las milicias del Municipio, como 500 hombres, con sus banderas amarillas cada cuerpo, y ella fue la primera que recibió al Gobierno con entusiastas aclamaciones y vivas al Partido Liberal, a Guzmán Blanco, a Juáres y al Gobierno del Estado. La calle principal había sido convertida en una inmensa gruta de banderas y flores, todas las ventanas cubiertas de gui­rnaldas y en ellas apiñadas damas y niños, y a cortos trechos levantábanse vistosos arcos, todos ellos coronados con el retrato del Regenerador de la patria. Junto con la milicia, que siguió a la población, con el Gobierno, marchaba la música tocando el Himno Nacional, y los cohetes y triquitraquis, usados allí con profusión, hicieron de aquella entrada una escena indescriptible.

Al llegar al primer arco, se adelantó unos pasos el Doctor Gil, y tomando la palabra, ofreció al Gobierno, en nombre de las auto­ridades y vecinos de la población, franco hospedaje y cariñosa a­cogida, su discurso sencillo y rico en pensamientos felices, ver­só sobre las glorias del Gran partido Liberal y su ilustre Jefe el General Guzmán Blanco, sobre la conveniencia de la paz y sobre la gratitud a que tiene derecho Guzmán Blanco en el corazón de los hombres honrados y laboriosos.

Seguimos adelante, y desde que penetramos en la calle una lluvia de flores empezó a caer de las ventanas sobre la comitiva, arrojadas por niños que en ellas estaban con sus cestas, y adelante marchaban los alumnos de la Escuela cubriendo el pavimento de ellas. Aquella ovación no parecía obra de una población tan pequeña sino de una ciudad en que fuera compacto el entusiasmo por una sola causa. En el tercero de los arcos había una tribuna, en la cual esperaba al Gobierno el joven Manuel Torrealba Ramos, quien en un bello y corto discurso le dio la bienvenida en nombre del pueblo; y más adelante en el 5to de los arcos, ya para llegar a la casa que se tenía preparada para hospedarnos, se levantaba otra tribuna, desde la cual habló el joven Ignacio Sigala, preceptor de una de las Escuelas Federales; y en nombre de la juventud de curarigua presentó sus plácemes a las autoridades del Estado. A estos discursos contestaron los Generales Rocha, Ríos y Juáres, y el último dio las gracias no sólo en nombre del Ilustre Americano, cuyo nombre fue repetido con amor en estos discursos, sino también á su propio nombre por los conceptos honrosos que en particular se le tribu­taban en aquel pueblo digno por su laboriosidad y reconocida honradez, de toda la estimación de los hombres de rectitud.

Nos desmontamos en la casa que se tenía preparada para hospe­darnos, allí nos acabamos de convencer de que en Curarigua se sabe ser espléndidos, el aseo de los dormitorios, la profusión de todo cuanto pudiéramos necesitar estaba al alcance de la mano; y a las 12 h. el Jefe Civil acompañado de varios ciudadanos, fue a buscar al personal del Gobierno para conducirlo al banquete con­ que fue obsequiado. Lujoso estaba el local, y desde la puerta al comedor marchaban adelante algunos niños regando flores; en uno de los extremos de él se levantaban dos pequeñas tribunas desde las cuales ofrecieron el banquete dos niños, en pocas, pero muy oportunas palabras.

Concluido el banquete, fuimos a cumplir con los deberes oficiales que el secretario General nos había encargado, de visitar las Jefaturas de Municipio para examinar los libros de Registro Civil, y habiéndolos encontrado en perfecto acuerdo con la ley, tuvimos el gusto de participarlo así á nuestro superior.
El resto del día lo pasamos departiendo con los bondadosos vecinos de aquel pueblo, feliz, por sus pingüez riquezas, por la honradez y amor al trabajo que distingue a sus moradores y de lo cual son pruebas sus costumbres, su vida tranquila y el bienestar de que disfrutan.

A las 4 h. 10 m. del 28, emprendimos marcha para la ciudad de El Tocuyo, y aunque el sr. General Crispín Yépez fue sorprendido por nuestra llegada, pues esperaba aviso de Carora, de la salida del Gobierno, y este le llegó casi al mismo tiempo, por haberse detenido el posta en el camino, tuvo tiempo de salir al encuentro de los Magistrados, como 6 Kilómetros de la ciudad, y engalanar a esta con banderas: como el General Yépez con el personal de los empleados del Distrito y algunos amigos, otros grupos de ciudadanos salieron a nuestro encuentro y llegamos a la ciudad con numeroso acompañamiento. Fuimos hospedaos en la hermosa casa de Gobierno de aquella histórica ciudad, que puede llamarse la Atenas del Estado, por el amor a las ciencias, que distingue a sus hijos. El General Yépez procuró con sus atencio­nes para con los Magistrados, y para con cada uno de nosotros hacernos agradables las horas que allí estuvimos, y no podemos ol­vidar las atenciones de que fuimos objeto por parte de los jóvenes Ricardo Gil y sus bondadosos hermanos, de los señores Clemente Echegaray, Gelacio Rivera y otros que no recordamos por el momento, pero a los cuales enviamos desde aquí nuestro recuerdo de gratitud.

El Gobierno practicó la visita oficial á las oficinas públicas y tanto las visitadas por el Jefe del Estado y el secreta­rio General, como las de Municipio, que en su nombre visitamos nosotros, no dejaron que desear.

Por las noches llegaron a El Tocuyo los señores Pablo Giménez Escalona, Elías Agüero, Juan B. Alvarado y Francisco de p. Sánchez, comisionados por Quíbor para ir al encuentro del Gobierno, y nos preparamos para seguir marcha para aquella ciudad en la madrugada del 29.


ACLARATORIA SOBRE EL NACIMIENTO DEL COMANDANTE ANTONIO DÍAZ (1787-1835)
(Epónimo de la Parroquia)

INTRODUCCIÓN

I
Como consecuencia de importantes actividades de los investigadores Ramón Querales (Cronista oficial del Municipio Iribarren) y Jesús Arispe Álvarez, fue publicado en el diario "El Impulso" de Barquisimeto del día 4 de marzo de 1991, un interesante trabajo titulado "El Primer Comandante Antonio Díaz: Otro epónimo que tampoco es larense".
La publicación en referencia está apoyada en documentos que gracias a la perseverancia de los investigadores antes citados; hoy lo hemos reeditado nuevamente para que puedan ser conocidos por el pueblo y tienen la indiscutible importancia de esclarecer una situación de carácter histórico en relación a la Parroquia Antonio Díaz.

Los documentos en que se apoya este trabajo, entre los cuales cito en primer lugar el Acta de matrimonio del Cabo Primero Antonio Díaz, (junio 1805), varios escritos existentes en el Archivo General de la Nación, "Sección Servidores de la República" y Sección "Secretaria del Interior y Justicia" y Testamento del Comandante Antonio Díaz, (1835), prueban que éste nació en la ciudad de Caracas, que en esa misma ciudad contrajo matrimonio en 1805 y que murió en Barquisimeto en diciembre de 1835.

Otro documento, según declaración testamentaria del Comandante Antonio Díaz, dice así': ".... una hacienda de caña situada en el pueblo de Curarigua de Leal, con cuatro almudes de Caña de primer corte, su trapiche nuevo, una parrilla con tres fondos, una casa de habitación pajiza cubierta de lo mismo con una grande extensión; y linda por el naciente por el Río de la misma parroquia; por el poniente con aguas abajo desde la piedra colorada; por el norte con la Hacienda de Altagracia, y por el sur con la posesión de la viuda Juliana; cercada con empalizada embutida, con su puerta de golpe al Río la cual está dividida por medio con otra puerta de golpe para entrar a la Hacienda, otra para entrar al patio de la Casa, y otra para salir para Campo Alegre".

Y para concluir su valioso trabajo, Querales y Aríspe Álvarez insertan otro documento: la Partida de Bautismo de Juan Antonio Díaz, nacido en Curarigua el once de agosto de 1787 e hijo de don José Díaz y de Isabel Escalona. De este Antonio Díaz hace referencia el historiador y compilador curarigüeño R.D. Silva Uzcátegui en su Enciclopedia Larense. Tercera Edición, pero habiendo tomado información en dos trabajos anteriores, uno de los cuales se debe al Sr. Miguel Gil Gutiérrez, quien a través de su folleto "Próceres Larenses'', publicó la partida de Bautismo del Comandante Antonio Díaz Hernández pero confundiéndolo con el curarigüeño Antonio Díaz Escalona. El otro trabajo se debe a José María Zubillaga Perera, quien igualmente confundiéndolo con el nombre de Antonio Díaz Escalona y lo incluye en su "Procerato Caroreño". Como se puede notar, es historia local, y de la muy interesante.

II

EL PRIMER COMANDANTE ANTONIO DIAZ, OTRO EPÓNIMO QUE TAMPOCO ES LARENSE

En el documento que es manifestación de la última voluntad del Comandante Antonio Díaz consta que:

"En la ciudad de Barquisimeto a los veinte y siete días del mes de Diciembre de mil ochocientos treinta y cinco ante mí José Antonio Escorcha Alcalde primero Municipal del Cantón acompañado de actuarios y de los testigos que se nominarán pasé a la cárcel pública de esta ciudad a efecto de que el señor Antonio Díaz otorgue su testamento en virtud de hallarse sentenciado a muerte por el Tribunal Inferior y aprobado por S.C. la Corte Superior…

Terminada aquí una larga y generosa vida consagrada a la lucha por la independencia venezolana, a la complicada Política de un país que sólo sabía resolver por medio de las armas sus problemas sociales y del poder, pero, además, dedicada al trabajo agrícola en zonas del actual Estado Miranda y en el­ hoy Estado Lara.

Desconocemos la mayor parte de sus actuaciones pero en los interrogatorios a que se le sometió en el juicio que le fue incoado por su participaci6n en la Revolución de las Reformas, manifestó que desde muy joven se alistó en los ejércitos republicanos a los cuales sirvió durante casi toda su vida.

Contrajo matrimonio en 1805 y esta es el acta:

"En tres días del mes de junio del año de mil ochocs habiendo procedido la exploración de voluntades e instrucn. en la Docta. Christa. tas licens. necess. Confn. y comn. y las amonests. qe. dispone el Sto. Concilio de Trento, y no resultando impedimento alguno de ellas ni de tas qe. se publicaron en las parroquias de N.S. de Candelaria, Santa Rosalía y pro el párroco Castrense como consta de las certificaciones las que quedan en el archivo de mi Cargo. Yo el infrascrito Cura Rector de esta Santa Iglesia del S.S. Pablo de la Ciudad de Caracas y el Ve. Párroco Castrense B. D. Antonio Gonzáles. Asistimos y presenciamos el Matrimonio que por palabras de presente Segn. ordn. de N.S. Y. contrajeron D. Antonio Díaz Cabo Primero del Batallón Veterano de esta Ciudad hijo legítimo de D. Pedro Paulino Díaz y de Doña María Celedonia de la Luz Hernández y Doña Maria de los Ángeles Álvarez hijo legitimo de Don Matías Álvarez y de Doña Mercedes Guzmán todos naturales y vecinos de esta Ciudad, y de esta feligresía. En el mismo les di las bendiciones nupciales según el ritual romano. Fueron testigos que se hallaron presentes el referido Matrimonio Don Pedro y Doña Ana Josefa Díaz y Don José Nicolás Álvarez, todos vecinos de esta Ciudad y para que conste lo firmo.
Br. Domingo de Herrera

Al margen dice: D. Antonio Díaz y D. María de los Ángeles C. y Vs. (libro segundo de Matrimonios de Blancos de la Iglesia de San Pablo, de Caracas, correspondiente a tos años 1782-1806. folios 185 vto. a 186).

Según esta acta de matrimonio en 1805 Antonio Díaz era Cabo primero. En un documento que existe en la Sección "Servidores de la República" del Archivo General de la Nación, dice el propio Díaz que en 1811:

"hallándome en Valencia y teniendo noticias de que el Libertador se acercaba a la provincia por el Occidente, me propuse hacer por mi parte cuanto estuviese a mi alcance para arrojar del país a los enemigos que estaban diseminados por el Llano. A este fin marché solo hasta Chaguaramas donde pude reunir doce hombres de conocido valor y patriotismo, entre ellos el ciudadano Julián Infante, Coronel ahora de los Ejércitos de la República, con los cuales intimé al Teniente de aquel pueblo que conociese, como desde luego reconoció nuestro pabellón: establecí provisionalmente autoridades republicanas y formé compañías de Infantería y Caballería, en que tomó plaza el ciudadano N. Silva (léase Laurencio Silva) que en el día es Coronel y ha sido Comandante de Dragones de Apure”.

"agrega que con la gente que había reunido pasó a Valle de la Pascua, la cual ocupó sin resistencia, lo mismo que a Tucupido, posteriormente logra someter a Boves en varios encuentros sobre Calabozo ... y desalojar a Rosete de Cantaura", de donde es nombrado después, su Comandante. Por su brillante desempeño en estas luchas el libertador lo asciende a Teniente Coronel vivo y efectivo de Caballería.

En 1814 -también según este documento - emigra a Oriente, y después de la batalla de Aragua de Barcelona, el 18 de agosto de 1814, donde es herido, pasa a las Antillas en calidad de refugiado.

Debió regresar a Venezuela con el resto de emigrados del terrible año 14 e incorporarse nuevamente a las innumerables peripecias de la lucha emancipadora. En 1826 era Sargento Mayor del Escuadrón Cívico de Caracas del cual es licenciado el 25 de abril de 1828 cuando recibió sus letras de Cuartel.
Entre 1823 Y 1825 se desempeñó, sin abandonar aún el servicio militar, como diezmero en haciendas de cacao en Tapipa, Panaquire y otras poblaciones del Estado Miranda.

El 4 de enero de 1830 solicita ser admitido nuevamente al servicio de la República y que se le coloque en uno de los cuerpos que se estaban formando y el 8 de enero se le admitió, según lo manifiesta el propio Díaz en correspondencia del 1° de noviembre de 1831.

El 7 de septiembre de 1830 dice que marchó "a San Carlos con la División y a las órdenes del jefe de Estado con destino de Mayor de la primera Columna de Caballería".

Desde Valencia fue enviado, por el presidente de la República, a organizar en El Tocuyo el Escuadrón Tiradores de Occidente. El 19 de diciembre de 1830, desde su nuevo destino, se dirige al Secretario de Hacienda para exponer que teniendo "hecha una asignación de cuarenta y cinco pesos a la señora Juana Josefa Izquiel con el objeto de mantener parte de mi familia y cinco niñitos que tengo al cuidado de dicha señora en Caracas", sin embargo de que dicha suma se le ha descontado de sus sueldos según certificación del Comisario sustituto del Cantón Tocuyo, la beneficiaria nombrada por él no la ha recibido.

"Sucede, pues - escribe -, que esta parte de mi familia y mis tiernos hijos no tienen absolutamente otra cosa de que subsistir sino es de éste pequeño socorro que le dejé al tiempo de mi marcha de Valencia para el Occidente, y probablemente si no se les da el resultado seria reducirse a la mendicidad". (Archivo General de la Nación Sección de "Servidores de la República").

Hallándose en el desempeño de aquella comandancia en El Tocuyo se le expidió nombramiento en las Administraciones de Tabaco y Hacienda Interna del Cantón Carora cuando el titular de este destino, el Sr. Juan Bautista Aguinagalde fue encausado por su participación en el levantamiento de noviembre de 1830 encabezado por el Comandante Estanislao Castañeda. (Archivo General de la Nación. Secretaria del Interior y Justicia, 1830, tomo X folios 252-253).

En relación a este nombramiento escribe Antonio Díaz el 9 de diciembre de 1830 al Comandante de los Destacamentos y de la Brigada de Occidente, sobre correspondencia que le había enviado el corregidor Interino de Carora.

"Con esta misma fecha contestó al expresado Corregidor diciéndole no poder encargarme de este destino por las siguientes razones: 1º porque habiéndome S. E. el presidente del Estado destinado a esta ciudad a organizar el cuerpo del Escuadrón Tiradores, esta remoción debió haber venido por el conducto de S.E. para poderme separar de aquí pues a la vez que el expresada cuerpo se está reuniendo por orden del mismo Gobierno Supremo quedaría en devolución si me separase; 2° Que he creído no ser yo el nombrado y si otro Antonio Díaz, porque sabiendo el gobierno que resido en este Cantón la comunicación la dirigen al de Carora; sin embargo de ésto quedo dispuesto aguardando contestación de V.S. y siempre que el Gobierno me juzgue más necesario en éste, cumplo su resolución"-.

Se le ratificó el nombramiento seguramente.

El 1º de noviembre de 1831 escribe al Presidente de la República que "Deseoso ya de descansar y contraerme al trabajo más para hacerla con absoluta libertad es indispensable obtener de nuevo mis letras de Cuartel como lo solicito ahora con el goce de la tercera parte que me corresponde según mi graduación...”

No le fueron concedidas sus peticiones.

Durante su permanencia en Carora, el Comandante Díaz probablemente adquirió la propiedad agrícola que declara en su testamento:

" ...una Hacienda de Caña situada en el pueblo de Curarigua de Leal con cuatro almudes de Caña de primer corte, su trapiche nuevo una parrilla con tres fondos una casa de habitación pajisa cubierta de lo mismo con una gran extensión; y linda por el naciente con el Río de la parroquia; por el poniente con aguas abajo desde la piedra Colorada; por el norte con la Hacienda de Altagracia, y por el Sur con la posesión de la viuda Juliana; cercada con empalizada embutida con su puerta de golpe al Río, la cual está dividida por el medio con otra puerta de golpe para entrar a la Hacienda, otra para entrar al patio de la Casa, y otra para salir para el Campo Alegre”.

Cuando en 1835 el General Florencio Jiménez se revela contra el gobierno central como jefe en occidente de la llamada Revolución de las Reformas, Antonio Díaz se le une y fracasada la insurrección es detenido, sometido a juicio, condenado a muerte y fusilado el 28 de diciembre de 1835 en el sitio que hoy ocupa la plaza Altagracia, carrera 19, entre calles 20 y 21 de Barquisimeto.

Lo dejo en el caballo, en esa hora
Crepuscular en que buscó la muerte
Que de todas las horas de su suerte
Esta perdure, amarga y vencedora.

(J.L. Borges. “Alusión a la muerte del Coronel Francisco Borges").
Este Antonio Díaz, para cuyo final trágico aún no se encuentra justificación, no es el Antonio Díaz nacido en Curarigua el 11 de agosto de 1787.

No es.

Léase la partida de Bautismo de este último la cual se encuentra en el libro de Bautismos de la parroquia de Curarigua No. 2, 1780-1803, folio 53 vuelto y que a la letra dice:

"En diez y nueve de Agosto de ochenta y siete (1787) años, yo el infrascrito Cura de Barbacoas e interino desde Valle de Curarigua con licencia del Sr. Vicario Bauticé subcondicioné puse el santo óleo y crisma y di Bendiciones según el R.R. a Juan Antonio que nació día Once de dicho mes y años. Hijo legítimo de don José Díaz y de Isabel Escalona parda libre vecinos deste valle le havía echado agua José Eugenio Rojas también deste valle lo tuvo entonces Francisca Antonia Escalona fue padrino Juan Bernardo Bega mestizo deste valle vive en Ira a quien advertí el parentesco y obligaciones que certifico y firmo Fho. Vt., supra

Jossef Antonio Pérez

Al margen dice: Jun. Anto. Pardo libre.

También puede leerse esta partida en el primer tomo de la Enciclopedia Larense, 3a. ed., de 1981, de R.D. Silva Uzcátegui pero, posiblemente quien primero hizo mención del Comandante Antonio Díaz Hernández pero confundiéndolo con el curarigüeño Antonio Díaz Escalona y publicando la partida de Bautismo de este, fue el Br. Miguel Gil Gutiérrez en su pequeño folleto Próceres Larenses; después en 1927 José Ma. Zubillaga Perera, con igual confusión lo incluye en su Procerato Caroreño. De ellos toma la información que incluye en su Enciclopedia el historiador Silva Uzcátegui.

Según esta partida, este Antonio Díaz era hijo de José Díaz y de Isabel Escalona, pardos libres, vecinos del valle de Curarigua, y según el testamento de 27 de diciembre de 1835, certificado por José Antonio Escorcha y los testigos Francisco Alvarado, Alejandro Castejón, Toribio Martínez, Concepción Parra y José Jesús Palacios, Antonio Díaz, el prócer, era "hijo legítimo del legítimo matrimonio de los señores Pedro Paulino Díaz, difunto, y María Celedonia Hernández, vecinos y naturales de la ciudad de Caracas”.

Así también consta en el acta de Matrimonio antes citada.

Son dos Antonio Díaz diferentes hijos de padres diferentes.
El curarigüeño sería Antonio Díaz Escalona. El prócer, caraqueño, sería Antonio Díaz Hernández.

R.D. Silva Uzcátegui sólo menciona a Carmelo como hermano de Antonio Díaz Escalona pero tuvo otros hermanos: María Josefa, la mayor; Maria Jacinta, la segunda, Maria de la concepción la tercera; Juan José, el cuarto. Antonio fue el quinto de los hermanos. Maria Simona, la sexta.

Hecho curioso. El Comandante Díaz conoció bien a Carmelo, José del Carmen o José Carmelo nacido el 18 de julio de 1791, puesto que lo menciona en la 11a. cláusula de su testamento declarando que "en casa de Carmelo Díaz en Curarigua tiene un sable de latón plateado”. Se ha dicho que este Carmelo luchó en la Independencia. Murió en su pueblo natal el 8 de diciembre de 1869.

¿Qué pasará ahora?

¿La parroquia Antonio Díaz se seguirá llamando así, en homenaje al curarigüeño o por el Comandante Antonio Díaz Hernández quien por algunos años actuó como uno de los hacendados de aquella hermosa tierra en la región de Campo Alegre?

Como sea, lo importante es que cuando se hable de Antonio Díaz, no se confundan, en una sola, las personas que llevaron este nombre.

Por cierto, hubo otro Antonio Díaz, margariteño, quien durante el proceso de nuestra independencia sirvió a las armas libertadoras en la sección de la Marina de Guerra, bajo el mando del Almirante Brión. En el Estado Delta Amacuro existe un municipio Antonio Díaz, cuya capital es Curiapo.

¿Y qué irá a opinar el Centro de Historia Larense sobre este nuevo problema de historia local que ahora ponemos al descubierto?




















































































NOMINA DE JEFES CIVILES, JEFES POLITICOS, PREFECTOS Y ALCALDES DE LA PARROQUIA ANTONIO DIAZ DESDE 1873 HASTA EL 2000.

I

La actual parroquia Antonio Díaz del Municipio Torres del Estado Lara, ha sido en su división territorial: parroquia Curarigua, Municipio Curarigua (hasta 1936), Municipio Antonio Díaz y Municipio Foráneo Antonio Díaz como lo denominó la Asamblea Legislativa del Estado Lara en sus sesiones ordinarias de 1987.

Sus autoridades, es decir, la representación del poder Ejecutivo a nivel local han sido conocidas con los nombres de Jefes Civiles, Jefes políticos, prefectos y Alcaldes.


Desde el 7 de noviembre de 1945 y por decreto No. 36 del Ejecutivo del Estado Lara, quedaron abolidos la denominación de Jefes civiles de Distrito y de Municipio, llamándoseles Gobernador y prefectos respectivamente.

Pero cuando todavía no estábamos acostumbrados a unas denominaciones que venían a sustituir las tradicionalmente conocidas de Jefes Civiles, un nuevo cambio vino a aumentar la confusión.

A mediados del mes de Agosto de 1947, el presidente del Estado fue llamado Gobernador y como esta era la denominación oficial de las primeras autoridades de los Distritos, se les dio entonces la de prefecto, pasando en consecuencia a ser Alcaldes los funcionarios correspondientes de los Municipios.

Hoy nos encontramos con una nueva denominación, como es la de Jefe Civil a la primera autoridad de la parroquia Antonio Díaz, denominación que tiene vigencia a partir de 1990, seguramente para no traer confusiones con la denominación de Alcalde de los Municipios.

II

La vigencia de un registro moderno de los hechos vitales en Venezuela se inicia el 1 de enero de 1873, cuando el presidente Antonio Guzmán Blanco decretó la Ley sobre Registro del Estado Civil, la cual dispuso que: “… los nacimientos, matrimonios y defunciones se harán constar en un registro especialmente destinado a este objeto…” En el caso de            Curarigua le correspondió el honor de abrir este registro al Sr. Filadelfo Oropeza, en 1873.  A continuación la lista respec­tiva:


1.       FILADELFO OROPEZA. Desde la apertura del primer libro en 1873. Luego desde el 1ro. de enero de 1878 hasta el 28 de agosto de 1878.
2.       JUAN L. VEGAS. 1874.
3.       FRANCISCO GUTIÉRREZ. Desde el 7 de enero de 1875 hasta el 15 de junio de 1875. Luego desde el 21 de agosto hasta el 13 de diciembre de 1875. seguidamente desde el 8 de febrero de 1876 hasta el 31 de mayo de 1876. Después desde el 9 de octubre de 1876 hasta el 23 de diciembre de 1876. Luego desde el 29 de junio de 1882 hasta el 13 de mayo de de 1883. seguidamente desde el 27 de junio de 1883 hasta el 31 de diciembre de 1883. Luego desde el 9 de enero de 1888 hasta el 31 de diciembre de 1888. y por último estu­vo desde el 14 de octubre de 1893 hasta el 23 de diciembre de 1893.
4.       AGUSTÍN SILVA. Desde el 15 de junio de 1875 hasta el 11 de agosto de 1875. Luego desde el 24 de diciembre de 1875 has el 28 de enero de 1876. posteriormente desde el 19 de mayo de 1883 hasta el 22 de junio de 1883. Después desde el 22 de diciembre de 1892 hasta el 18 de agosto de 1893 y por último estuvo desde el 1º de agosto de 1897 hasta el 1º de febrero de 1898.
5.       ANDRÉS ANTONIO ALVAREZ. Desde el 8 de junio de 1876 hasta el 4 de octubre de 1876.
6.       GUDELIO ALVAREZ. Desde el 31 de agosto de 1878 hasta el 29 de octubre de 1878. Luego desde el 8 de diciembre de 1880 hasta el 7 de septiembre de 1881. Después desde el 13 de diciembre de 1881 hasta el 31 de diciembre de 1881.
7.       ANDRÉS PINEDA. Desde el 10 de noviembre de 1878 hasta el 29 de diciembre de 1878.
8.       LUIS FELIPE GIL. Desde el 30 de octubre de 1879 hasta el 5 de diciembre de 1880.
9.       NICANOR OROPEZA. Desde el 11 de septiembre de 1881 hasta el 7 de diciembre de 1881.
10.   PASTOR OROPEZA. Desde el 4 de enero de 1884 hasta el 25 de de diciembre de 1884. Después desde el 6 de enero de 1889 hasta el 22 de diciembre de 1889. Luego desde el 5 de ene­ro de 1895 hasta el 13 de noviembre de 1895. Luego, estuvo desde el 3 de octubre de 1906 hasta el 21 de diciembre de 1906. por último desde el 5 de enero de 1907 hasta el 7 de abril de 1907.
11.   NICANOR SILVA. Desde el 17 de enero de 1885 hasta el 27 de diciembre de 1885.
12.   ALBERTO YÉPEZ. Desde el 26 de febrero de 1886 hasta el 29 de diciembre de 1886.
13.   TRINIDAD CRESPO. Desde el 2 de enero de 1887 hasta el 18 de diciembre de 1887.
14.   CRUZ MARÍA SIGALA. Desde el 8 de enero de 1892 hasta el 14 de agosto de 1892.
15.   RAFAEL SILVA RIERA. Desde el 7 de diciembre de 1895 hasta el 19 de junio de 1897.
16.   RAFAEL D. PANSY (italiano). Desde el 5 de febrero de 1898 hasta el 14 de noviembre de 1898.
17.   LUIS F. YÉPEZ. Desde el 21 de noviembre de 1898 hasta el 13 de agosto de 1899.
18.   SIMÓN PIÑA. Desde el 2 de enero de 1900 hasta el 31 de diciembre de 1900.
19.   JUAN AGUSTÍN SILVA. Desde el 26 de enero de 1901 hasta el 26 de diciembre de 1901.
20.   IGNACIO ALVAREZ. Desde enero de 1902 hasta el 3 de agosto de 1904.
21.   FELIPE UZCÁTEGUI. Desde el 5 de agosto de 1904 hasta el 30 de diciembre de 1904.
22.   MIGUEL GIL. Desde el 8 de enero de 1905 hasta el 24 de mayo de 1905.
23.   FRANCISCO M. ALVAREZ. Desde el 26 de mayo de 1905 hasta el 19 de mayo de 1906.
24.   VICTOR YÉPEZ. Desde el 13 de abril de 1907 hasta el 31 de diciembre de 1908.
25.   RAMÓN PERERA. Desde el 4 de febrero de 1909 hasta el 3 de septiembre de 1909.
26.   VIRGILIO TORREALBA. Desde el 4 de septiembre de 1909 hasta el 19 de mayo de 1910.
27.   PABLO J. ALVAREZ. Desde el 23 de mayo de 1906 hasta el 21 de julio de 1906.
28.   JOSÉ RAFAEL GIL. Desde el 26 de julio de 1906 hasta el 26 de septiembre de 1906.
29.   ELISEO PERERA. Desde el 4 de enero de 1911 hasta el 18 de marzo de 1911.
30.   JUAN BAUTISTA CARRASQUERO. Desde el 24 de marzo de 1911 hasta el 1 de julio de 1911.
31.   URBANO VILLEGAS. Desde el 15 de julio de 1911 hasta el 16 de septiembre de 19118
32.   DEMETRIO SEGUNDO YÉPEZ. Desde el 16 de septiembre de 1911 hasta el 23 de diciembre de 1911.
33.   RAMÓN SILVA A. Desde el 1º de enero de 1912 hasta el 18 de abril de 1912.
34.   JOSÉ FÉLIX MARTÍNEZ. Desde el 20 de abril de 1912 hasta el 8 de julio de 1913.
35.   CORONEL DOMINGO PÉREZ Q. Jefe Civil desde el 22 de julio de 1913 hasta el 9 de septiembre del mismo año.
36.   TOMÁS SUÁREZ. primer encargado designado desde el 11 de septiembre de 1913 hasta el 24 de diciembre de 1914. Luego Jefe Civil titular desde el 18 de enero de 1915 hasta el 1º de julio de 1929.
37.   JUAN ANTONIO FIGUEROA. Jefe Civil desde el 4 de julio de de 1929 hasta el 3 de agosto de 1931.
38.   CIRILO DUARTE P. Jefe Civil desde el 3 de agosto de 1931 hasta el 25 de junio de 1934.
39.   VICENTE CRISTANCHO RODRÍGUEZ. Jefe Civil desde el 1º de julio de 1934 hasta el 14 de diciembre de 1935.
40.   GILBERTO TORRES. Jefe Civil desde el 7 de enero de 1936 hasta el 30 de mayo de 1936. Luego estuvo otra vez desde el 3 de noviembre de 1938 hasta el 18 de noviembre de 1939.
41.   JUAN AGUSTÍN SILVA. Jefe Civil desde el 2 de junio de 1936 hasta el 17 de agosto de 1937.
42.   0CTAVIANO GIL. Jefe Civil desde el 21 de agosto de 1937 hasta el 2 de octubre de 1937. Luego estuvo otra vez desde el 21 de noviembre de 1939 hasta el 7 de junio de 1940.
43.   PEDRO JESÚS GIMÉNEZ. Jefe Civil desde el 1 de enero de 1938 hasta el 29 de octubre de 1938. Luego desde el 1 de enero de 1943 hasta el 28 de diciembre del mismo año.
44.   JOSÉ SILVA ALVAREZ (POCHE). Jefe Civil desde el 8 de junio de 1940 hasta diciembre de 1942. Después estuvo otra vez desde el 28 de enero de 1958 hasta el 24 de febrero de 1964.
45.    JESÚS MARÍA VARGAS. Jefe Civil desde el 1 de enero de 1944 hasta octubre de 1945.
46.   JOSÉ CONCEPCION SILVA. (Primer) prefecto desde el 19 de octubre de 1945 hasta el 7 de enero de 1946.
47.   ANTONIO JOSÉ ESPINOZA. prefecto desde el 14 de enero de 1946 hasta el 17 de julio de 1946.
48.   JOSÉ RAFAEL RODRÍGUEZ. prefecto desde el 26 de julio de 1946 hasta el 30 de enero de 1948.
49.   ANTONIO MENDOZA. Jefe prefecto desde el 3 de febrero de 1948 hasta el 14 de noviembre de 1948.
50.   ANTONIO PEREZ. Alcalde desde el 26 de noviembre de 1948 hasta el 23 de enero de 1950.
51.   ISOLINO MUJICA. Alcalde desde el 24 de enero de 1950 hasta el 30 de abril de 1952.
52.   ENRIQUE COLL ARVELO. Alcalde desde el 1 de mayo de 1952 hasta el 27 de agosto del mismo año.
53.   SERVIO ISAAC PERNALETE. primera autoridad Civil desde el 30 de agosto de 1952 hasta el 31 de diciembre del mismo año
54.   PABLO GIMENEZ. primera autoridad Civil desde el 12 de e­nero de 1953 hasta el 21 de enero de 1958.
55.   TEODORO SILVA E. Primera autoridad Civil desde el 28 de febrero de 1964 hasta el 17 de julio de 1964.
56.   CLODOMIRO MUÑOZ. Primera autoridad Civil desde el 20 de julio de 1964 hasta el 22 de septiembre del mismo año.
57.   RAFAEL ANTONIO ROLDAN. primera autoridad Civil desde el 7 de octubre de 1964 hasta el 3 de junio de 1965.
58.   ALFONSO PEREZ. primera autoridad Civil desde el 7 de junio de 1965 hasta el 31 de enero de 1966.
59.   JUAN BETANCOURT. Alcalde desde el 3 de febrero de 1966 hasta el 13 de marzo de 1969.
60.   CANDELARIO SILVA. Alcalde desde el 18 de marzo de 1969 hasta el 29 de enero de 1973.
61.   LUIS JOSE PERDOMO. Alcalde desde el 2 de febrero de 1973 hasta el 14 de marzo de 1974.
62.   JUAN RAMON ALDAZORO. Alcalde desde el 18 de marzo de 1974 hasta el 29 de agosto de 1975. Luego desde el 15 de febrero de 1984 hasta el 31 de marzo de 1886.
63.   FIDEL HONORIO CARUCÍ. Alcalde desde el 2 de septiembre de 1975 hasta el 29 de septiembre de 1977. Luego desde el 25 de marzo de 1987 hasta el 1º de diciembre de 1995, fecha en que fue jubilado.
64.   GUILLERMO PEREIRA. Alcalde desde el 4 de octubre de 1977 hasta el 9 de junio de 1978.
65.   SABINO ESCALONA. Alcalde desde el 19 de junio de 1978 hasta el 13 de diciembre de 1978.
66.   PASTOR RODRÍGUEZ. Alcalde desde el 21 de diciembre de 1978 hasta el 8 de marzo de 1979.
67.   FRANCISCO GERMÁN OROPEZA. Alcalde desde el 16 de marzo de de 1979 hasta el 30 de enero de 1980.
68.   GIL MONTES DE OCA. Alcalde desde el 4 de febrero de 1980 hasta el 5 de febrero del mismo año.
69.   RAUL DARÍO FIGUEROA. Alcalde desde el 6 de febrero de 1980 hasta el 2 de octubre de 1980.
70.   GABRIEL VARGAS. Alcalde desde el 15 de octubre de 1980 hasta el 31 de mayo de 1982.
71.   ANTONIO RAMÓN CRESPO SANTANA. Alcalde desde el 9 de junio de 1982 hasta el 6 de febrero de 1984.
72.   TELMO FIGUEROA. Alcalde desde el 2 de abril de 1986 hasta el 23 de diciembre de 1986.
73.   APOLONIA SILVA DE ALVAREZ. Desde febrero de 1996 hasta el 6 de agosto de 1997, fecha en que fue destituida por el Gobernador del Estado Lara, Sr. Orlando Fernández Medina.
74.   CRUZ MARIO TORREALBA. Desde el 6 de agosto de 1997 hasta el 10 de abril del 2000.
75.   MIGUEL RAMOS. Desde el 10 de abril del 2000 hasta julio del 2005.
76.   RAMÓN SANTANA. Desde julio de 2005 y en julio del 2007 todavía ejercía el cargo.
















BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES CONSULTADAS

1.        Diccionario de historia de Venezuela. Caracas: Fundación Polar, 1997.
2.        Río Tocuyo (Aspectos de su pasada y su presente). Pedro N. Pereira. (PEDRO N.) Edición conmemorativa del IV centenario de la ciudad de Barquisimeto. Editorial Ávila Grá­fica. 1951.
3.        Libros de Registro Civil de la Parroquia Antonio Díaz des­de 1873 hasta el 2000.
4.        Gaceta Oficial Extraordinaria del Estado Lara Nº 262 de fecha 2 de enero de 1997.


Límites de la Parroquia Antonio Díaz, según la Ley de División Político-territorial del Estado Lara de 1987.

Estos límites corresponden a los mismos del antiguo Mu­nicipio Curarigua de finales del siglo XIX y es la misma delimitación con la cual la Parroquia Curarigua fue ane­xada al Cantón Carora en 1856, en esta última oportunidad se varió un poco la demarcación con la cual fue creada la Parroquia de Curarigua en 1781 por cuanto la zona de Mara­ca quedó excluida de la jurisdicción curarigüeña siendo que en la delimitación inicial quedaba dentro de ella.

En la demarcación actual de la Parroquia los límites están bien definidos técnicamente, pero en líneas generales son los mismos de la delimitación inicial de 1781, salvo en lo referente a Maraca que quedó dentro de la jurisdicción tocuyana.

Límites de la Parroquia Antonio Díaz

NORTE: limita con las Parroquias Espinoza de los Monteros y Castañeda por una poligonal abierta de 4 puntos, determinados así:

Cerro Ventarrón...       Norte: 1.117.500 - Este: 393.400 m.
Cerro El Lindero…     Norte: 1.113.550 - Este: 402.550 m.
Cerro El Bejuco...       Norte: 1.108.750 – Este: 403.700 m.
Cerro Caramero…      Norte: 1.107.400 - Este: 412.100 m.

ESTE Y SUR: Limita con el Municipio Morán, por el lindero Norte de dicho Municipio, desde el Cerro Caramero, en línea recta al Suroeste al Hito Cerro Negro (Norte: 1.104.200 - Este: 410.100 m) continua en línea recta al Suspiral (Norte: 1.101.100 - Este: 408.600 m), si­gue en línea recta al Hito de La Loma (Norte: 1.098.750 - Este: 407.100 m), donde virando la recta al Nor­oeste llega al Hito de El Tigre (Norte: 1.099.100 - ­Este: 402.800 m), para tomar por la Quebrada El Salvaje, aguas abajo, a su desembocadura en la Que­brada de La Muñoza (Norte: 1.092.550 - Este: 398.600m), sigue por la Quebrada La Muñoza, aguas abajo, hasta llegar al pie de la Fila de Cerro Vano, continuando por este Fila a la cabecera de la Quebrada Los Araguatos, en el cerro de Las Nalgas, continua por la quebrada, aguas abajo a su desembocadura en el río Curarigua y por este río, aguas arriba, hasta el pun­to donde desemboca la Quebrada La Gruta (Norte: 1.094.800 - Este: 388.600 m), continuando por la Quebrada, aguas arriba, hasta la boca de la Que­brada de San Rafael (Norte: 1.094.500 - Este: 387.000 m).

Nota: estos son los límites correspondientes con las Parroquias Bolívar y Morán del Municipio Autónomo Morán.


OESTE: Limita con la Parroquia Lara, por la Quebrada de San Rafael, desde su desembocadura en la Quebrada La Gruta, aguas arriba, a su cabecera en el Cerro Mancha-Ropa (Norte: 1.097.750 - Este: 385.600 m), donde nace también la Quebrada Siguao, por donde sigue, aguas abajo, a su desembocadura en la Que­brada de Los Arangues (Norte: 1.101.800 - Este: 389.000 m), continuando por esta última Quebrada hasta la desembocadura de la Quebrada Ojo de Agua (Norte: 1.105.700 - Este: 386.600 m), de donde parte en línea recta al Noreste, al Cerro La Leona (Norte: 1.108.750 - Este: 389.250 m), de aquí otra línea con el mismo rumbo al Cerro Ventarrón, punto de partida.

Nota: Estos son los límites correspondientes con las Parroquias Lara y Trinidad Samuel del Munici­pio Autónomo Torres.










































































FUENTES CONSULTADAS

Bibliográficas


CORTÉS RIERA, Luis Eduardo. Del Colegio La Esperanza al Colegio Federal Carora (1890-1937). Fondo Editorial de la Alcaldía del Municipio Torres. Carora, 1997.

FUNDACIÓN POLAR. Diccionario de Historia de Venezuela. Segunda Edición. 1997. 4 volúmenes.

GARCÍA PONCE, Antonio. Crisis, Oligarquía y Latifundio. Carora (1929-1935). Colección Claridad. Fondo Editorial Buría. Barquisimeto, 1986.

PEREIRA, Carmen Yolanda. Una Aproximación a la Vida y Obra de Rafael Domingo Silva Uzcátegui (1887-1980). Publicación del Centro de Historia Larense.

PEREIRA, PEDRO N. Río Tocuyo. Aspectos de su pasado y su presente. Editorial Ávila Gráfica. 1951.

SILVA TORREALBA, Manuel. Pelota Criolla, origen y destino. Imprenta Oficial del Estado Lara. Barquisimeto, 1997.

SILVA UZCÁTEGUI, R.D. Enciclopedia Larense. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1981. Volumen I.

SUÁREZ TORRES, Francisco José. Geografía Médico-sanitaria del Valle de Curarigua, 1952. Inédito, 1er Premio Pineda, 1954.

TORREALBA SILVA, Virgilio. Curarigua “  Su Historia y su Gente”, Consejo de Profesores de la Universidad Central de Venezuela. Caracas.

YÉPEZ, Bernardo. LX Años de la Escuela Luis Herize Ponte (1946-2006). Oficina del Cronista Parroquial.









TESTIMONIOS ORALES


Beatriz Piña Maldonado
Carlos Ferrer
Edgar Ramos
Egleé Chávez
Eleuterio (Tello) Meléndez Dorantes
Frank González Majano
Gonzalo Rivero
Jesús Dorantes
Jesús Dudamel
José Oropeza Maldonado
Luis Mora Santana
Manuel González
Pastor Navas
Rafael Torres
Ramón Segundo Ramos
Tomás Silva Torres
Vicente Escalona







ÍNDICE
                                                                                                                                 Pág.
PRESENTACIÓN

Fundación de Acarigua……………………………………………………………………………………………         7
Tenencia de la Tierra……………………………………………………………………………………………..          8
Actividad Económica………………………………………………………………………………………………        9
Artesanos ………………………………………………………………………………………………………………. 11
Corrales de Ordeño en la Curarigua de ayer……………………………………………………          12
Presencia Aborigen…………………………………………………………………………………………………       13
Primeros Ocupantes Blancos………………………………………………………………………………..     14
Población…………………………………………………………………………………………………………………..            19
Caminos Reales o Caminos Vecinales…………………………………………………………………..          21
Primera Carretera………………………………………………………………………………………………….         23
El Primer Automóvil que llega a Curarigua, 1920….…………………………………………            31
Primeros Carros de Pasajeros y de Carga en Curarigua…………………………………        31
Transporte Curarigua “50 Aniversario”…………………………………………………………….     34
Asociaciones Civiles……………………………………………………………………………………………….        36           
Bibliotecas………………………………………………………………………………………………………………. 37           
Hidrografía……………………………………………………………………………………………………………..   39           
Distribución de las Agua del Río Curarigua……………………………………………………..         40
Testimonios. A Propósito del Juez de Agua, 1977-1979………………………………          42       
Nostalgias. Canto y Poesía al Río Curarigua…………………………………………………….         43       
Acueducto de Curarigua………………………………………………………………………………………   44       
Puesto de Socorro………………………………………………………………………………………………..           45           
Los Pioneros de la Luz………………………………………………………………………………………….            46           
Los Cines del Pueblo……………………………………………………………………………………………..          47           
Personajes Populares…………………………………………………………………………………………… 49       
Plazas
Plaza Bolívar…………………………………………………………………………………………………………..    51           
Plaza San Antonio………………………………………………………………………………………………….        52           
Plaza Rafael Antonio Gil………………………………………………………………………………………. 52       
Plaza San Isidro Labrador…………………………………………………………………………………..      52       
Plaza Don Pío Alvarado………………………………………………………………………………………….          53           
Educación
La Educación desde la Colonia hasta el siglo XIX……………………………………………            54
Escuela Luis Herize Ponte……………………………………………………………………………………    55       
Liceo Manuel Torrealba Ramos……………………………………………………………………………       56       
Curarigua Musical………………………………………………………………………………………………….        57           
Bendición del Nuevo Templo Santo Domingo de Guzmán………………………………      59       
El Tesoro de la Virgen de Altagracia………………………………………………………………      61       
Visita del Obispo Mariano Martí al Valle de Curarigua de Leal a su paso
para Barbacoas, 1776………………………………………………………………………………………….  62       
Expresiones Culturales
Música y Poesía Popular………………………………………………………………………………………   63       
Leyendas………………………………………………………………………………………………………………..  64           
Aguinaldos……………………………………………………………………………………………………………..   69           
Música Profano-Religiosa……………………………………………………………………………………    70       
Golpes……………………………………………………………………………………………………………………..            70
Décima a lo Humano…………………………………………………………………………………………….           71           
La Bamba……………………………………………………………………………………………………………….  71           
La Zaragoza…………………………………………………………………………………………………………..     72           
Salve……………………………………………………………………………………………………………………….            73       
Velorio…………………………………………………………………………………………………………………….            73       
Tono…………………………………………………………………………………………………………………………            74       
Décima…………………………………………………………………………………………………………………….            75       
Rondamiante………………………………………………………………………………………………………….     76           
Música Profana……………………………………………………………………………………………………..       76           
Deportes
La Pelota Criolla…………………………………………………………………………………………………….       77           
El Bolo……………………………………………………………………………………………………………………...            82       
Peleas de Gallo……………………………………………………………………………………………………….     83           
El Rosario de Ánimas. Expresión de Culto a los Muertos……………………………..          84       
Toros Coleados en Curarigua………………………………………………………………………………       85       
Calendario de Fiestas Patronales de la Parroquia Antonio Díaz………………….     87       
El Tamunangue……………………………………………………………………………………………………….     89
Aporte de los Curarigüeños a la Bibliografía Nacional…………………………………         93       
Servicio de Teléfonos…………………………………………………………………………………………   98       
Telégrafo……………………………………………………………………………………………………………….   99           
Servicio de Correo……………………………………………………………………………………………….           99           
Asalto Guerrillero en Curarigua……………………………………………………………………….. 99       
Gastronomía y Alimentación……………………………………………………………………………….      101     
Visita del Ejecutivo del Estado Lara a Curarigua y Otros Pueblos del
Estado Lara, 27 de junio de 1887…………………………………………………………………….. 103     
Aclaratoria sobre el Nacimiento de Antonio Díaz…………………………………………     106     
Nómina de Jefes Civiles……………………………………………………………………………………...    115     
Límites de la Parroquia Antonio Díaz………………………………………………………………..   120
FUENTES CONSULTADAS………………………………………………………………………………..     123
TESTIMONIOS ORALES…………………………………………………………………………………...    


[1] SILVA UZCÁTEGUI, Rafael Domingo. “Curarigua”. En El Curarigüeño. Curarigua, Marzo 1990. p. 7. Año IV Nº 14.
[2] Fuente consultada. REGISTRO PRINCIPAL EDO. LARA. Reg. de Escri­banías de Carora. 1791, folio 165.

[3] PERFILES MUNICIPALES. La Escofina, Año II. Mes XI No. 67, Carora 25 de abril de 1891.
[4] SILVA UZCATEGUI, R.D. Enciclopedia Larense. TOMO I, pag. 193.
[5] REGISTRO PRINCIPAL EDO. LARA. Prt. Carora; 1869, marzo 1º. Serie 12.

[6] Revista Museo Antropológico de Quíbor Francisco Tamayo.
[7] QUERALES, Ramón. Diez informaciones sobre Curarigua. El Curarigüeño, Año VI, N° 28, Curarigua, abril-mayo 1993.

[8] REGISTRO PUBLICO DISTRITO TORRES, Segundo Trimestre, Año 1924, No. 15. Serie 10, Folios 1 al 8. Carora.
* Artículo tomado de El Curarigüeño. Año V Nº 21 de fecha diciembre de 1991.
[9] SUÁREZ TORRES, F.J. Geografía Médico-sanitaria del valle de Curarigua, 1952. Inédito, 1er Premio Pineda, 1954.

[10] TROCONIS DE VERACOECHEA, Ermila: Historia de El Tocu­yo Colonial. 2da Ed. Caracas: Universidad Central de Venezuela. Ediciones de la Biblioteca, 1948.

[11]  SILVA UZCATEGUI, R.D. El Diario de Carora, 1º de Septiembre de 1972.
[12] TORREALBA SILVA, Virgilio. Curarigua, "Su Historia y su Gente", Consejo de  Profesores de la Universidad Central de Venezuela. Caracas 1986. pág. 19.
[13] MARTIN ALONSO. Enciclopedia del Idioma. Aguilar, Madrid, 1958
[14] ENCICLOPEDIA BRITANICA. Vol 21. pág. 851. William Brother. Publishers, 1967.  
[15] VON HAGEN, Víctor Wolfgang. Explorador Maya. Librería Hachette. Ed. Buenos Aires, 1957. pág. 281.  
[16]  CERAN, C.W. En Busca del Pasado. Editorial Labor S.A. Barcelona, 1959. Pág. 283.
[17] TOSCANO, Salvador. Arte Precolombino de México y la América Central. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Estéticas, México, 1970.
[18]  DE BENAVENTE, Fray Toribio o Motolinia: Memoriales o Libro de Las Casas de la Nueva España y de los Naturales de Ella. Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Investigaciones Estéticas, México, 1970.
[19]  IVANOFF, Piere. En el País de los Mayas. Plaza & .Tames, S.A. Editores. Barcelona, 1970. Pág. 88.
[20] GILLI, Felipe Salvador. Ensayo de Historia Americana. Tomo II, Segunda Edición. Fuentes para la His
[21] La Virgen de Altagracia es la original Patrona de Curarigua. Sus Fiestas Patronales han sido relegadas a un segundo plano.
[22] El Poeta Popular José (Che) Rosendo Álvarez redacta y le da lectura al Testamento de Judas, cuya costumbre forma parte de las celebraciones populares de Semana Santa. Antes lo hacía el poeta popular Teodoro Santana, luego Aurelio Maldonado.
[23]  La tradición: Procesión de Ánimas, la realizan en Curarigua Melitón Pineda y Raúl Rodríguez, acompañados de numerosos vecinos.  
[24] Informe publicado en el Semanario "La Reintegración Liberal", Nº 12. Barquisimeto, 27-7-1887.
En la transcripción se ha conservado la ortografía original.

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